WITTGENSTEIN
Introducción
El pensamiento filosófico de Wittgenstein suele dividirse
en dos períodos: el primer período gira en torno a su primer trabajo
importante, publicado en 1923: el Tractatus logico-philosophicus.
Luego de su publicación, Wittgenstein dejó la filosofía, creyendo haber
resuelto todos los problemas filosóficos. Varios años después, tras algunos
traspiés, Wittgenstein volvió enseñar y filosofar, pero con un espíritu muy distinto
al que guió su trabajo anterior. El resultado de su trabajo en este segundo
período fueron las Investigaciones filosóficas, publicadas de manera póstuma en 1953. Estos dos trabajos
son tan diferentes, que a veces se habla de un "primer Wittegenstein"
o "Wittgenstein del Tractatus", y de un "segundo
Wittgenstein" o "Wittgenstein de las Investigaciones".
Teoría del
conocimiento
El Tractatus logico-philosophicus fue el primer
libro escrito por Wittgenstein, el único que él vio publicado en vida, y
expresa su pensamiento del llamado "primer período".
El Tractatus en una primera lectura, se presenta
como un libro que pretende explicar el funcionamiento de la lógica
(desarrollada previamente por Gottlob Frege y por Russell, entre otros),
tratando de mostrar al mismo tiempo que la lógica es el andamiaje o la
estructura sobre la cual se levanta nuestro lenguaje descriptivo (nuestra ciencia)
y nuestro mundo (que es aquello que nuestro lenguaje o nuestra ciencia
describe). La tesis fundamental del Tractatus es esta estrecha
vinculación estructural o formal entre lenguaje y mundo, hasta tal punto que:
«los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo». En efecto, aquello
que comparten el mundo, el lenguaje y el pensamiento es la forma lógica,
gracias a la cual podemos hacer figuras del mundo para describirlo.
Identidad o relación isomórfica
entre el mundo (su estructura lógica) y las proposiciones que los representan o
figuran.
En el Tractatus, el mundo, es la totalidad de los
hechos, es decir, de lo que es el caso, de lo que ocurre. Los hechos son
"estados de cosas", o sea, objetos en cierta relación. Por ejemplo,
un hecho es que el libro está sobre la mesa, lo cual se revela como una
relación entre "el libro" (que podemos llamar objeto "a") y
"la mesa" (que podemos llamar objeto "b"). Según
Wittgenstein, los hechos poseen una estructura lógica que permite la
construcción de proposiciones que representen o figuren ese estado de cosas.
"El libro está sobre la mesa", trascrito a lenguaje lógico, se
expresa: "aRb". Al igual que un hecho es una relación entre objetos,
una proposición será una concatenación de nombres (los cuales, obviamente,
tendrán como referencia los objetos). Para Wittgenstein el lenguaje descriptivo
funciona igual que una maqueta, en la cual representamos los hechos colocando
piezas que hacen las veces de los objetos representados. En el Tractatus,
el lenguaje está formado fundamentalmente por nombres (hablamos, naturalmente,
del lenguaje una vez que es analizado lógicamente).
De esta idea tan fundamental extrae Wittgenstein toda su
teoría de la figuración o de la significación y de la verdad. Una proposición
será significativa, o tendrá sentido, en la medida en que represente un estado
de cosas lógicamente posible. Otra cosa distinta es que la proposición sea
verdadera o falsa. Una proposición con sentido figura o representa un estado de
cosas posible. Para que la proposición sea verdadera, el hecho que describe
debe darse efectivamente (debe ser el caso). Si el hecho descrito no se da,
entonces la proposición es falsa. Pero en este caso, sea falsa o sea verdadera,
la proposición tiene sentido, porque describe un estado de cosas posible. «El
mundo es todo lo que sea el caso»; la realidad será la totalidad de los hechos
posibles, los que se dan y los que no se dan.
Identidad o relación isomórfica
entre lenguaje significativo y el pensamiento.
Otra tesis fundamental del Tractatus es la identidad
entre el lenguaje significativo y el pensamiento, dando a entender que nuestros
pensamientos (las representaciones mentales que hacemos de la realidad) se
rigen igualmente por la lógica de las proposiciones, pues: «La figura lógica de
los hechos es el pensamiento» o «El pensamiento es la proposición con sentido».
De este modo, si algo es pensable, ha de ser también posible, es decir, ha de
poder recogerse en una proposición con sentido (sea ésta verdadera o falsa). El
pensamiento es una representación de la realidad. La realidad es aquello que se
puede describir con el lenguaje (por eso los límites de mi lenguaje son
los límites de mi mundo).
Este es el modo en que Wittgenstein determina de qué
podemos hablar con sentido y de qué no podemos hablar. Podemos hablar, o sea,
decir verdades o falsedades, siempre y cuando utilicemos el lenguaje para
figurar o estados de cosas o hechos posibles del mundo. Sólo es posible hablar
con sentido de la realidad. Este es el punto en que el Tractatus es interpretado
como abogado del empirismo o como una apología de la ciencia, ya que sólo la
ciencia es capaz de decir algo con sentido; y «De lo que no se puede hablar,
hay que callar».
Decir y mostrar.
Si, como dice el Tractatus sólo es posible hablar
con sentido de los hechos del mundo: ¿qué ocurre con los textos de filosofía y,
en particular, con las proposiciones del propio Tractatus? En efecto, el
Tractatus no describe hechos posibles ni hechos del mundo, sino que
habla del lenguaje y de la lógica que rige nuestro pensamiento y nuestro mundo,
etc.
Entra así en juego la polémica pero fundamental distinción
entre decir y mostrar que el propio Wittgenstein consideraba el
núcleo de la filosofía. La forma lógica y la lógica en general no puede
expresarse, quiere decir, no se puede crear una proposición con sentido en que
se describa la lógica, porque la lógica se muestra en las proposiciones
con sentido (que expresan el darse o no darse de un estado de cosas). La lógica
está presente en todas las proposiciones, pero no es dicha por ninguna
de ellas. En este sentido: «La lógica es trascendental».
Ética y teología
La lógica
establece cuál es el límite del lenguaje, del pensamiento y del mundo, y de ese
modo se muestra el propio
límite que, obviamente, ya no pertenece al mundo, quedando fuera de ese ámbito
de lo pensable y expresable. Es por ello que, como indica Wittgenstein: «Hay,
ciertamente, lo inexpresable. Se muestra,
es lo místico». La tarea de la filosofía es, entonces, precisamente, llegar
hasta los casos límites del lenguaje, donde ya no hablamos del mundo pero, sin
embargo, sí queda mostrado lo
inexpresable. Este es el caso de las tautologías, las contradicciones, y, en
general, las proposiciones propias de la lógica.
Análogamente, tal
y como se apunta hacia el final del Tractatus,
la ética (o sea, aquello que trata de hablar sobre lo que sea bueno o malo, lo
valioso, el sentido de la vida, etc.) es también inexpresable y trascendental.
La ética, lo que
sea bueno o valioso, no cambia nada los hechos del mundo; el valor debe residir
fuera del mundo, en el ámbito
de lo místico. De lo místico no se puede hablar, pero una y otra vez se muestra en cada uno de los hechos
que experimentamos.
Segundo
Wittgenstein: las Investigaciones filosóficas
Pragmática y usos del lenguaje.
Las Investigaciones filosóficas es el principal
texto en que se recoge el pensamiento del llamado segundo Wittgenstein.
El rasgo más importante de esta segunda época está en un cambio de perspectiva
en su estudio filosófico del lenguaje. Si en el Tractatus adoptaba un
punto de vista lógico para el escrutinio del lenguaje, este segundo
Wittgenstein llega al convencimiento de que el punto de vista adecuado es de
carácter pragmatista: no se trata de buscar las estructuras lógicas del
lenguaje, sino de estudiar cómo se comportan los usuarios de un lenguaje, cómo
aprendemos a hablar y para qué nos sirve.
En las Investigaciones, Wittgenstein sostiene que el
significado de las palabras y el sentido de las proposiciones está en su
función, su uso en el lenguaje, vale decir, que preguntar por el significado de
una palabra o por el sentido de una proposición equivale a preguntar cómo se
usa. Por otra parte, puesto que dichos usos son muchos y multiformes, el
criterio para determinar el uso correcto de una palabra o de una proposición
estará determinado por el contexto al cual pertenezca, que siempre será un
reflejo de la forma de vida de los hablantes. Dicho contexto recibe el nombre
de juego de lenguaje. Estos juegos de lenguaje no comparten una esencia común
sino que mantienen un parecido de familia. De esto se sigue que lo absurdo de
una proposición radicará en usarla fuera del juego de lenguaje que le es
propio.
Imposibilidad de un lenguaje
privado.
Una tesis fundamental de las Investigaciones es la
imposibilidad de un lenguaje privado. Para Wittgenstein, un lenguaje es
un conglomerado de juegos, los cuales estarán regidos cada uno por sus propias
reglas. El asunto está en comprender que estas reglas no pueden ser privadas,
es decir, que no podemos seguir privadamente una regla. La razón está en que el
único criterio para saber que seguimos correctamente la regla está en el uso
habitual de una comunidad: si me pierdo en una isla desierta, y establezco un
juego para entretenerme, al día siguiente no puedo estar seguro de si cumplo
las mismas reglas que el día anterior, pues bien podría fallarme la memoria o
haber enloquecido. Lo mismo ocurre con los juegos de lenguaje: pertenecen a una
colectividad y nunca a un individuo sólo. Esto tendrá importantes consecuencias
para filosofía de la mente posterior, pues ¿qué sucede con esos términos que
refieren a nuestras experiencias privadas, los llamados términos mentales,
como "dolor"? El significado de la palabra "dolor" es
conocido por todos, sin embargo, yo no puedo saber si llamas "dolor"
a lo mismo que yo, ya que yo no puedo experimentar tu dolor, sino solamente el
mío. Esto lleva a Wittgenstein a comprender que el uso de la palabra
"dolor" viene asociado a otra serie de actitudes y comportamientos
(quejas, gestos o caras de dolor, etc.) y que sólo en base a ello terminamos
por asociar la palabra "dolor" a eso que sentimos privadamente.
Por otro lado, desde esta misma perspectiva, los llamados
"problemas filosóficos" no son en realidad problemas, sino
perplejidades. Cuando hacemos filosofía, nos enredamos en un juego de lenguaje
cuyas reglas no están determinadas, ya que es la propia filosofía la que
pretende establecer esas reglas; es una suerte de círculo vicioso. De ahí que
la misión de la filosofía sea, para Wittgenstein, "luchar contra el
embrujo de nuestro entendimiento por medio del lenguaje".
Diferencias
entre el primer y el segundo Wittgenstein
Mientras que para el primer Wittgenstein había un sólo
lenguaje, a saber: el lenguaje ideal compuesto por la totalidad de las
proposiciones significativas (lenguaje descriptivo), para el segundo
Wittgenstein el lenguaje se expresa en una pluralidad de distintos "juegos
de lenguaje" (del que el descriptivo es sólo un caso). Por otra parte, el
primer Wittgenstein definía lo absurdo o insensato de una proposición en tanto
que ésta rebasaba los límites del lenguaje significativo, mientras que el
segundo Wittgenstein entiende que una proposición resulta absurda en la medida
en que ésta intenta ser usada dentro de un juego de lenguaje al cual no
pertenece. De ahí que, para el primer Wittgenstein, el significado estaba
determinado por la referencia, lo que equivale a decir que si una palabra no
nombra ninguna cosa o en una proposición no figura ningún hecho, carece de significado
en tanto que resulta imposible asignarle un determinado valor de verdad. Pero
el segundo Wittgenstein reconoce que en el lenguaje ordinario la función
descriptiva es una de las tantas funciones del lenguaje y que, por ende, el
dominio del significado es mucho más vasto que el de la referencia. Así, para
el segundo Wittgenstein, el sentido de una proposición o el significado de una
palabra es su función, o sea, que está determinado por el uso que se haga de la
misma. En síntesis: el criterio referencial del significado es reemplazado por
el criterio pragmático del significado.
En cuanto a la noción de verdad, el primer Wittgenstein
adopta sin más el criterio correspondentista, puesto que, en virtud de la
relación isomórfica entre lenguaje y mundo, la verdad se constituye como la
correspondencia entre el sentido de (lo representado en) una proposición y un
hecho. Pero dado que el segundo Wittgenstein postula distintos usos posibles
del lenguaje más allá del descriptivo, la aplicación del criterio semántico de
verdad parece quedar restringida al ámbito del lenguaje meramente descriptivo.
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