jueves, 27 de marzo de 2014

VOCABULARIO KANTIANO

A POSTERIORI: Aquello que tiene como fundamento la experiencia o que se obtiene de ella.

A PRIORI: Los elementos, principios, estructuras o conocimientos que no tienen un origen empírico pues descansan en la naturaleza de la propia razón.

ALMA: El principio inmaterial, simple y espiritual fundamento de nuestra vida psíquica. Según Kant no es posible su conocimiento, aunque podemos postular su existencia como consecuencia de la reflexión relativa a la experiencia moral.

AUTONOMÍA DE LA LEY MORAL: Rasgo de la ley moral que se fundamenta o determina exclusivamente por la razón y que es independiente de todo elemento, motivo o circunstancia ajena a la razón misma.

AUTONOMÍA DE LA VOLUNTAD: Llamamos autónomo a un sujeto cuando se da a sí mismo sus propias leyes y es capaz de cumplirlas. La autonomía de la voluntad describe la circunstancia de que cuando un sujeto se comporta moralmente él mismo se da las leyes a las que se somete, pues dichas leyes tienen su origen en la naturaleza de su propia razón.

DEBER: Kant define el deber como “la necesidad de una acción por respeto a la ley”.

DEDUCCIÓN METAFÍSICA DE LAS CATEGORÍAS: Parte de la "analítica trascendental" que investiga cuántas y cuales son las categorías (los conceptos puros del entendimiento).

ESTÉTICA TRASCENDENTAL: Parte de la "critica de la razón pura" que estudia la sensibilidad para averiguar el modo en que esta facultad colabora en el conocimiento a priori.

ANALÍTICA TRASCENDENTAL: Parte de la "crítica de la razón pura" en la que Kant estudia el entendimiento para averiguar el modo en que esta facultad cognoscitiva participa en el conocimiento sintético a priori. Trata de los elementos del conocimiento puro del entendimiento y de los principios sin los cuales ningún objeto puede ser pensado.

DIALÉCTICA TRASCENDENTAL: Parte de la "critica de la razón pura" que estudia la razón para compreder su funcionamiento y estructura. Recibe el nombre de “dialéctica” porque trata también los argumentos dialécticos generados por el uso puro de la razón en su afán por captar lo incondicionado, uso hiperfísico dice Kant.

ENTENDIMIENTO: Facultad de los conceptos y los juicios.

ÉTICA FORMAL: La ética Kantiana afirma que es posible decidir la bondad o maldad de una máxima a partir de un rasgo meramente formal como es su posibilidad de ser universalizada.

ÉTICAS MATERIALES: Éticas para las cuales el mandato moral tiene su fundamento en algo ajeno a él mismo como es el hecho de su utilidad para realizar lo considerado como bien supremo. Estas éticas son heterónomas y dan lugar a mandatos meramente hipotéticos.

FACTUM MORAL (O FACTUM DE LA MORALIDAD O HECHO MORAL): Existencia de la conciencia moral como conciencia de estar obligado de forma incondicionada o absoluta al cumplimiento de los mandatos morales.

FENÓMENOS: Los fenómenos constituyen el objeto de nuestro conocimiento; no son las cosas en sí mismas sino sólo tal y como a nosotros se nos presentan, las cosas ya sometidas a la estructura de nuestras facultades cognoscitivas: al tiempo y el espacio como formas a priori de la sensibilidad y a las categorías del entendimiento.

FILOSOFÍA CRÍTICA: Kant llama "filosofía crítica" al conjunto de investigaciones filosóficas que tienen como principal preocupación establecer los fundamentos y límites del ejercicio de la razón.

FORMAS A PRIORI DE LA SENSIBILIDAD O INTUICIONES PURAS: Estructuras aprióricas dependientes de la sensibilidad impuestas por el sujeto a todo aquello que pueda ser experimentado. el espacio y el tiempo.

HETERONOMÍA DE LA LEY MORAL: Rasgo de la ley moral que encuentra su fundamento en algo ajeno a la propia razón (dios, el estado, bienes físicos o psicológicos...).

IDEALISMO TRASCENDENTAL O CRÍTICO: Título con el que se caracteriza la filosofía Kantiana.

IDEAS: Conceptos de la razón referidos a objetos que nunca pueden ser percibidos. los propone la naturaleza misma de la razón y son trascendentes porque superan los límites de toda experiencia. son alma, mundo y Dios.

IMPERATIVO CATEGÓRICO O IMPERATIVO APODÍCTICO: Mandato con carácter universal y necesario: prescribe una acción como buena de forma incondicionada, manda algo por la propia bondad de la acción, independientemente de lo que con ella se pueda conseguir. Declara la acción objetivamente necesaria en sí, sin referencia a ningún propósito extrínseco. para Kant sólo este tipo de imperativo es propiamente un imperativo de la moralidad.

IMPERATIVOS HIPOTÉTICOS: Son los imperativos que prescriben una acción como buena porque dicha acción es necesaria para conseguir algún propósito.

INTUICIÓN: Experiencia inmediata de conocimiento. Kant sólo admite la intuición sensible o percepción.

JUICIOS A PRIORI: Juicios o proposiciones que tienen su origen en el ejercicio de la razón pura y no en la experiencia. Son universales y necesarios.

JUICIOS SINTÉTICOS A PRIORI: Juicios extensivos e informativos que no descansan en la experiencia sino en la pura razón. la física racional y la matemática constan de estos juicios. son el conocimiento más excelente que nos cabe poseer.

NOÚMENOS (O COSA EN SÍ): Las cosas en sí mismas, fuera de su relación con nuestro modo de intuirlas o percibirlas; no son objeto de nuestros sentidos, ni por lo tanto de nuestro conocimiento.

POSTULADOS DE LA RAZÓN PRÁCTICA: Los postulados de la razón práctica son proposiciones que no pueden ser demostradas desde la razón teórica pero que han de ser admitidas si se quiere entender el "factum moral".

RAZÓN: En un sentido general, la razón es la facultad formuladora de principios. se divide en razón teórica y razón práctica.

RAZÓN PURA: La razón pura es la razón no mezclada con elementos empíricos.

SENSIBILIDAD: Facultad cognoscitiva gracias a la cual tenemos sensaciones. se divide en sensibilidad interna y sensibilidad externa.

SUMO BIEN (O SUPREMO BIEN): Síntesis entre la virtud y la felicidad. su realización última es la condición de posibilidad de la moralidad.

TRASCENDENTAL: En kant esta palabra se refiere generalmente a alguna de estas dos cuestiones: o a toda condición no empírica de la posibilidad de los objetos, o a todo conocimiento que muestra cómo es posible el conocimiento sintético a priori.

VOLUNTAD: Facultad gracias a la cual podemos determinarnos (podemos determinar nuestra conducta) en virtud de principios. es el “motor de la acción”.

BUENA VOLUNTAD: La voluntad que es buena en sí misma, que es buena no porque gracias a su actuación el sujeto pueda alcanzar un determinado fin sino porque actúa exclusivamente por deber.

YO EMPÍRICO: O SUJETO EMPÍRICO: El yo tal y como se ofrece en la experiencia; el yo como realidad fenoménica constituido por cuerpo y vida psíquica y sometido al tiempo y el espacio.


YO PURO O SUJETO TRASCENDENTAL: El yo en la medida en que es condición de posibilidad última de todas las síntesis de conocimiento. el yo que se muestra en la experiencia moral. de él no cabe un conocimiento científico, y Kant defiende su existencia como consecuencia de la reflexión relativa a la posibilidad del conocimiento.

viernes, 14 de marzo de 2014


KANT, CRÍTICA DE LA RAZÓN PURA


CUESTIONES
PARTE DE LA CRÍTICA A LA RAZÓN PURA

FACULTAD

ACTO

FIN

ELEMENTOS APRIORÍTICOS

¿Cómo son posibles los juicios sintéticos 
a priori en la  Matemática 
(Aritmética  y Geometría)?
E
S
T
É
T
I
C
A

T.



ESTÉTICA TRASCENDENTAL






SENSIBILIDAD
Hace posible la intuición sensible o sensación.






SENTIR
Intuición sensible




SENSACIÓN
Fenómeno sensible,.

ESPACIO
(Justifica la Geometría)

TIEMPO
(Justifica la Aritmética)


¿Cómo son posibles los juicios sintéticos a priori en la Física?


L
Ó
G
I
C
A

T
R
A
S
C
E
N
D
E
N
T
A
L



ANALÍTICA TRASCENDENTAL



ENTENDIMENTO
Hace posible el juzgar (decir algo sobre algo), mediante conceptos




JUZGAR



REPRESENTACIÓN CONCEPTUAL
(de un objeto dado en la intuición empírica)



CATEGORÍAS
(Kant las deduce a partir de la tabla de los juicios posibles de Aristóteles)



¿Son posibles los juicios sintéticos a priori en la Metafísica?



DIALÉCTICA TRASCENDENTAL



RAZÓN
Hace posible las inferencias mediatas o dialécticas (razonamiento).



RAZONAR O INFERIR
(Inferencias mediatas e inmediatas)





LAS IDEAS TRASCENDENTALES
O CONCEPTOS DE LA RAZÓN
(Alma o yo, Mundo y Dios)



CATEGORÍAS
(Pero haciendo un uso indebido de ellas aplicándolas más allá de lo sensible)

sábado, 8 de marzo de 2014

KANT, SÍNTESIS DE LA ILUSTRACIÓN

Introducción

Emmanuel Kant (1724-1804) llena todo el siglo XVIII, tanto desde el punto de vista cronológico como ideológico. Su filosofía intenta recoger en una síntesis genial los elementos sueltos que construyeron la Ilustración: el racionalismo, el empirismo, la ciencia moderna, la teoría ética y política. Y ello hasta el punto de que sucede con él algo parecido a lo que pasó con Sócrates: su pensamiento divide en dos la historia de la Filosofía de su época, en un período pre-kantiano y otro post-kantiano.
Y sin embargo, no fue en su tiempo un personaje famoso sino más bien un oscuro profesor en una ciudad perdida de la Prusia oriental (Königsberg, ahora parte de Rusia) de la que casi no salió en su vida, dedicada en su totalidad a leer, escribir y dictar clases. Desde allí, Kant revoluciona el pensamiento ilustrado, en una época en que las comunicaciones eran extremadamente difíciles. Hombre metódico hasta la exageración, creyente convencido, cordial y amable con los demás y exigente consigo mismo, soltero empedernido. Se cuenta que las amas de casa de Königsberg ponían el reloj en hora guiándose por la hora en que veían pasar a Kant para dar su paseo de la tarde. Siguiendo un estricto régimen de vida logró vivir ochenta años en un clima inhóspito y continuar escribiendo casi hasta el final de su vida.

Teoría del conocimiento
Kant comenzó adhiriéndose a las tesis del racionalismo escolar de la mano de Wolff (un racionalista) hasta que la lectura de Hume le hizo darse cuenta del dogmatismo de esta corriente. Los planteamientos racionalistas resultan dogmáticos porque mantienen una confianza ciega en la razón, sin someter antes a un análisis sus capacidades y límites.
Pero tampoco se limitará Kant a seguir a Hume. Es más, el empirismo radical de Hume también había conducido a la razón a un callejón sin salida.
Para evitar tanto el dogmatismo racionalista como el escepticismo humeano Kant lleva a cabo un análisis de la razón, de sus capacidades y sus límites y le llama “Crítica”, por eso se llama a su filosofía criticismo.
Kant intenta contestar a tres preguntas: ¿Qué puedo conocer?, ¿Qué debo hacer? ¿Qué me cabe esperar? Respondiendo a ellas contestaríamos a otra más general: ¿Qué es el hombre?

A Kant le preocupaba un problema que sigue preocupando hoy a quienes se aventuran por la historia de la Filosofía: ¿por qué las ciencias progresan según pasa el tiempo y sin embargo la Filosofía vuelve a empezar continuamente, sin llegar a ningún acuerdo en los problemas fundamentales?

Para responder analizará los juicios en los que la ciencia se ha expresado:

Según la relación del sujeto y el predicado:
·         Juicios analíticos: son aquellos en los que el predicado está incluido en el sujeto. Son siempre verdaderos porque se rigen por la ley de la no-contradicción. Ej. “Todo madre tiene hijos”,  “Todo cuerpo es extenso”
·         Juicios sintéticos: son aquellos en los que el predicado no está incluido en el sujeto. Su contrario es posible. Ej, “La pared es blanca”.
Según su relación con la experiencia:
·         Juicios a priori: son aquellos que se obtienen al margen de la experiencia. Son siempre verdaderos, es decir, son universales y necesarios.
·         Juicios a posteriori: son aquellos que se obtienen después de la experiencia. No pueden ser universales y necesarios.
Si traducimos a Hume al lenguaje kantiano nos daría lo siguiente:
Las relaciones de ideas                      serían              Juicios analíticos a priori
Las cuestiones de hecho                    serían              Juicios sintéticos a posteriori
Con ninguna de estas combinaciones de juicios es posible la ciencia. La ciencia se expresa con juicios sintéticos a priori. Al tener elementos a priori nos dan conocimiento universal y necesario y por ser sintéticos nos dan conocimiento de la experiencia, ya que sintetizan (=enlazan) un concepto con un objeto.
Adelantemos la respuesta de Kant, dejando para después su explicación: eso sucede porque la ciencia trata de conocer aquello que puede conocer, es decir, aquellos temas adecuados a la capacidad de nuestra razón porque tenemos datos para pensar en ellos. La Filosofía, en cambio, está empeñada en conocer problemas metafísicos, aquellos a los que no alcanzan  nuestros sentidos, como la existencia de Dios o la inmortalidad del alma. Y las modestas fuerzas de nuestra mente no son capaces de enfrentarse a estas cuestiones. Aunque quizás pueda encontrarse en la experiencia humana algún otro camino que nos permita acercarnos a ellos. Pero vayamos por partes.
Para abreviar, llamamos razón teórica a ese uso de nuestra razón que se dirige a conocer, a saber cómo son las cosas, cómo funciona la naturaleza. Es la razón que empleamos cotidianamente cuando nos preguntamos ¿qué es esto? y también la que el científico utiliza para establecer las leyes naturales. A Kant le interesa realizar una crítica de la razón que llama “pura”, es decir, averiguar hasta dónde llega y hasta dónde no llega la capacidad de la razón por sí misma, antes de cualquier experiencia.
Para que este uso teórico de la razón tenga éxito son necesarias dos cosas. Por una parte, los datos de los sentidos: los colores, formas, sonidos, olores, es decir, los materiales que nos proporciona la experiencia. Sin ellos, el conocimiento trabaja en el vacío. Pero con esto no basta: si sólo contáramos con estos datos empíricos nuestra mente sería un caos, un montón confuso y ciego de estímulos desordenados.  
”No hay duda alguna de que todo nuestro conocimiento comienza con la experiencia”, nos dice Kant en el primer párrafo de la introducción de la Crítica de la razón pura“, y añade, en el segundo párrafo: “pero, aunque todo nuestro conocimiento empiece con la experiencia, no por eso procede todo él de la experiencia”. A diferencia de lo que habían afirmado los racionalistas y los empiristas, para quienes había sólo una fuente del conocimiento, la razón para unos, y la experiencia para los otros, para Kant habrá dos fuentes del conocimiento: una, la sensibilidad, que suministrará la materia del conocimiento procedente de la experiencia, y otra, el entendimiento, que suministrará la forma del conocimiento, y que será independiente de la experiencia.
La experiencia no basta: es necesario un elemento a priori, puro, es decir, independiente de la experiencia, que ordene, clasifique y otorgue sentido a ese aluvión de sensaciones. Estos elementos los ponemos nosotros, los aporta el mismo sujeto. Veamos algunos.
Los primeros y más elementales son el espacio y el tiempo. A pesar de lo que pueda parecer a primera vista, el espacio y el tiempo no nos los dan los sentidos, los ponemos nosotros. Son esquemas mentales que nos sirven para ordenar los datos de la experiencia. Por ejemplo: supongamos que alguien nos informa que ha explotado una bomba. Lo primero que preguntaríamos sería ¿dónde? y ¿cuándo?, es decir, trataríamos de situar los datos empíricos (la visión de la explosión, el ruido, el olor) en nuestras coordenadas de espacio y tiempo. La explosión misma, las sensaciones que produce en nuestros órganos sensoriales, no nos informan de ello; necesitamos esquemas a priori, como el espacio y el tiempo.
Pero el espacio y el tiempo no son las únicas condiciones a priori que utilizamos en nuestro conocimiento, aunque sean las primeras que ordenan las percepciones de nuestros sentidos. Para organizar la información a posteriori que nos da la experiencia empírica utilizamos también las categorías, que funcionan de manera similar: son condiciones que nuestros esquemas mentales imponen a los datos que recibimos de los sentidos, gracias a las cuales nuestra inteligencia es capaz de formular juicios, es decir, afirmaciones (o negaciones) acerca de la realidad. Así como el espacio y el tiempo eran condiciones que nosotros imponíamos a los objetos para que pudieran ser percibidos por los sentidos, las categorías son condiciones para que podamos pensarlos. Kant sostiene que estas categorías son exactamente doce. Para llegar a estas doce categorías hace lo que él llama “la deducción trascendental de las categorías” desde lo doce tipos de juicios formulables (se basa para ello en la lógica aristotélica). Estos son los juicios de los que parte y la categoría correspondiente que permite formularlo:

[NO ES NECESARIO APRENDERSE TODO EL CUADRO, SI SERÍA CONVENIENTE SABERSE POR EJEMPLO LOS DE CANTIDAD Y RECOGER EL EJEMPLO QUE VIENE A CONTINUACIÓN]


DEDUCCIÓN TRASCENDENTAL DE LAS CATEGORÍAS DESDE LOS JUICIOS POSIBLES


TABLA DE LOS JUICIOS

TABLA DE LAS CATEGORÍAS
(Que los hacen posibles)


Según la cantidad
Universales
Unidad
Particulares

Pluralidad
Singulares

Totalidad


Según la cualidad
Afirmativos

Realidad
Negativos

Negación
Infinitivos

Limitación


Según la relación
Categóricos
Inherencia-subsistencia (sustancia-accidentes)
Hipotéticos

Causalidad
(causa-efecto)
Disyuntivos

Comunidad
(acción recípoca agente-paciente)


Según la modalidad
Problemáticos
Posibilidad-imposibilidad
Asertóricos

Existencia-no existencia
Apodícticos

Necesidad-contingencia

Un ejemplo de juicio hipotético: “Si acerco fuego a mi dedo, se produce una quemadura” la categoría que es condición (=trascendental) para poder formular ese juicio es la de causalidad (el fuego es “causa” de que se produzca una quemadura).
¿Cómo podemos afirmar que el fuego causa la quemadura?
Gracias a la forma del tiempo percibimos que dos datos son sucesivos: uno viene después que otro. Pero esto no basta para hablar de causalidad, que no es un mero hábito, como pensaba Hume. Para que podamos hablar de causa es necesario que esa sucesión esté sometida a una regla, que esa sucesión sea necesaria, de modo que el segundo término dependa del primero (la quemadura de la llama). Y esta regla la pone el entendimiento humano, no la recibimos de la realidad exterior. Lo mismo sucede con las otras categorías, como la de unidad, totalidad, posibilidad, necesidad y así hasta doce.
Las categorías se usan de un modo adecuado cuando las aplicamos a los objetos que se dan a la experiencia pero no cuando con ellas intentamos pensar objetos que estén más allá de la experiencia, para pensar objetos trascendentes; así por ejemplo, el concepto de unidad tiene un valor objetivo si lo usamos para pensar el objeto  que tengo delante como una mesa, pero no para pensar en Dios como siendo una realidad; o la categoría de causa–efecto tiene valor objetivo cuando la aplico a la relación existente entre fenómenos (como el fenómeno de calentar el agua a 100 grados y el fenómeno de hervir el agua), pero no es válida cuando la utilizo para pensar en un ser trascendente como Dios  y decir de él que es causa del mundo.
Cuando las uso para hablar de seres trascendentes (más allá de la experiencia) como Alma, Mundo y Dios hago un uso ilegítimo de las categorías y dan lugar a:
·  Paralogismos: Error se produce al aplicar las categorías del entendimiento al “Yo pienso” o Alma con la que la Razón agrupa toda experiencia interna. El Yo es siempre sujeto, irreductible a objeto.
·  Antinomias: Afirmaciones contradictorias entre sí que la razón lleva a cabo con respecto al Mundo con la que la Razón agrupa toda experiencia externa (ya que como totalidad el Mundo está más allá de la experiencia)
·  1ª Antinomia: El mundo es finito — el mundo es infinito.
·  2ª Antinomia: Toda sustancia compuesta consta de partes simples — no existe nada simple.
·  3ª Antinomia: En el mundo existe la libertad — en el mundo no existe la libertad, impera sólo la causalidad.
·  4ª Antinomia: Existe una causa primera del mundo (Dios) — no existe una causa primera del mundo.
·  El ideal de la Razón Pura: La idea de Dios es surge del intento de agrupar a toda la experiencia posible. Si rechaza usar las categorías más allá de la experiencia, y Dios lo está, rechaza la validez de las “pruebas” de la existencia de Dios, que reduce a:

·  Prueba ontológica: Partiendo de la noción de Dios se concluye que existe.
·  Prueba cosmológica: Partiendo de la experiencia de que existen cosas en general, concluye que Dios existe.
·  Prueba físico-teleológica: Partiendo de que hay un orden inteligible en el mundo concluye en la necesidad de una inteligencia ordenadora.


El uso teórico de la razón es el uso científico, Kant lo estudia en la “Crítica de Razón Pura”. La razón opera a tres niveles:
- La sensibilidad  pone el espacio y el tiempo son intuiciones puras o formas a priori de la sensibilidad que sirven para organizar impresiones o materia de la experiencia. Los juicios de la geometría y la aritmética son sintéticos a priori. Son a priori, porque espacio y tiempo no se obtienen de la experiencia. Son sintéticos porque espacio y tiempo constituyen la experiencia (la hacen posible).
- El entendimiento  pone las doce categorías para organizar objetos bajo concepto formando los juicios de física que son sintéticos a priori. Son a priori, porque las categorías no se obtienen de la experiencia. Son sintéticos porque las categorías constituyen la experiencia (la hacen posible).
-La razón enlaza unos juicios con otros a la búsqueda de un fundamento último, se salta la experiencia y genera las ideas de: Mundo (síntesis de toda experiencia externa), Alma (síntesis de toda experiencia interna) y Dios (síntesis de toda experiencia posible). Al estudiar estas ideas: Alma, Mundo y Dios se hace un uso ilegítimo de las categorías más allá de la experiencia, y así surgen: antinomias (razonamientos sobre la idea de Mundo), paralogismos (razonamientos sobre la idea de Alma)  y los intentos incorrectos de demostrar que Dios existe.  Por lo que la metafísica no puede ser una ciencia

Esta es la razón por la cual la ciencia progresa. Porque los científicos aplican las formas de espacio y tiempo a los datos que reciben de los sentidos (de aquí surge la matemática) y los ordenan en construcciones teóricas según sus propias categorías (de aquí surgen las ciencias naturales). Y de esta manera la ciencia puede formular leyes universales (que valen para todos los casos) y necesarias (que son así y no pueden ser de otra manera).

 La ciencia, e incluso el conocimiento vulgar que ejercitamos todos los días, funciona correctamente porque se ocupa de lo que Kant llama fenómenos, es decir, de las cosas tal como aparecen, de los datos que recibimos de los sentidos interpretados según el modo de funcionar de nuestro conocimiento. Y no pretende, por lo tanto, saber cómo son las cosas mismas, independientemente de nosotros, aquello de lo que no tenemos experiencia, lo que Kant llama noúmenos.
Pero hay quienes se empeñan en conocer realidades de las cuales los sentidos no nos dicen nada, como la existencia de Dios o la inmortalidad del alma. Son los filósofos, los metafísicos, que quieren construir una ciencia que no se conforme con los modestos fenómenos sino que se asome al mundo de los noúmenos, de la realidad tal como es. Se entusiasman con los éxitos del conocimiento humano y quieren encontrar afirmaciones cada vez más generales, explicaciones que abarquen cada vez más, como la explicación del universo mismo, aunque tengan que ir más allá de la experiencia. Pero el límite lo fija la experiencia, los modestos datos de los sentidos: más allá de ella la ciencia no puede pasar.
Para demostrar esto, Kant, quizás con cierto sentido del humor, se dedica a probar que el universo tiene un comienzo en el tiempo y es limitado en el espacio para demostrar en seguida todo lo contrario. Es evidente que si se pueden demostrar dos afirmaciones contradictorias sobre un tema del cual carecemos de datos, eso significa que sobre estos temas no se puede demostrar nada. La Metafísica no es una ciencia ni puede serlo.

Ética
Pero nosotros no usamos la razón solamente para saber cómo son las cosas ni para hacer ciencia. También la utilizamos para saber qué tenemos que hacer, para dirigir nuestra conducta. Cuando, ante una decisión difícil, nos preguntamos ¿qué debo hacer?, nuestra razón tiene mucho que ver en la búsqueda de la respuesta: buscamos razones a favor o en contra, las comparamos, justificamos con ellas nuestra decisión o nos sentimos culpables por haber actuado por razones equivocadas. Este es el llamado uso práctico de la razón, o razón práctica.
Y aquí aparece una diferencia muy importante con la razón teórica, que es su dimensión moral. La razón práctica en las decisiones morales no puede basarse en los datos de los sentidos, en la experiencia. Por una razón muy clara: cuando la razón pregunta ¿qué debo hacer? no se está refiriendo a lo que existe sino a lo que debe existir, no pregunta por lo que es sino por lo que debe ser. Y es evidente que lo que debe ser (y por lo tanto todavía no es) no podemos verlo, oírlo o tocarlo. En este sentido la razón práctica es siempre pura, en el sentido que le daba Kant: sin contenido empírico. El deber ser no puede justificarse en la observación de la naturaleza: aunque veamos que alguien asesina a otro (dato empírico) la razón sigue afirmando que no se debe matar: veremos en qué se basa pero lo que está claro es que no se basa en la observación de los hechos.  Tal vez si examinamos este uso de la razón podamos aproximarnos a esos noúmenos que la ciencia no podía conocer precisamente por su falta de datos empíricos.
Mientras que la razón teórica formula afirmaciones o juicios (“el calor dilata los cuerpos”), la razón práctica formula mandamientos o imperativos (“no se debe matar”). Pero existen dos tipos de imperativos: el primero, que Kant llama hipotético, es aquel en el cual la obligación se basa en motivos de tipo empírico, o, dicho de otra forma, en un premio que se pretende conseguir o un castigo que se pretende evitar. Por ejemplo: “si quieres conservar bien la dentadura, lávate los dientes”, “si no quieres que te suspendan, estudia filosofía”. Es evidente entonces que si no nos importan las consecuencias, el imperativo deja de ser obligatorio. Este tipo de imperativo no es el que nos interesa, precisamente porque se basa en motivos que implican datos de los sentidos, con lo cual volveríamos a encontrar los mismos límites que encontrábamos en el conocimiento científico. Y hay que advertir que Kant considera empíricos también los sentimientos, como el placer, el dolor y los afectos en general, de modo que si obramos porque la acción nos produce placer o por pura compasión también estaríamos ante un imperativo hipotético.
¿Es que acaso hay otro tipo de imperativos que no sean estos? ¿Actuamos alguna vez sin buscar un premio, aunque sea afectivo, o sin la amenaza de un castigo? Kant no lo duda: existen imperativos categóricos, es decir aquellos en los cuales la obligación se basa únicamente en el deber: haz esto porque debes. Y punto. Por lo tanto no dependen de ninguna condición, de ningún premio ni castigo, ni siquiera afectivo, ni siquiera, para los creyentes, de la esperanza de la salvación eterna ni del temor al infierno. Por ejemplo: supongamos que tengo un amigo rico que está casado con la mujer que yo quiero. Estamos solos al borde de un precipicio, no hay nadie en varios kilómetros a la redonda. Me bastaría un suave empujón en su espalda para quedarme con su dinero y su mujer, sin ningún riesgo de castigo. ¿Por qué no lo hago? Desde el punto vista hipotético y empírico todo son ventajas; sin embargo, está claro que no debo hacerlo. Pero también es cierto que podrían existir otras razones ocultas, como el miedo a los remordimientos o el temor a la vida futura, lo cual nos volvería a llevar al terreno empírico de los premios y los castigos.
El deber moral no se puede demostrar con teorías: es un hecho, y como todo hecho se impone sin necesidad de pruebas. Si alguien le discutiera a Kant la existencia del deber moral, argumentando que siempre obramos por nuestras conveniencias empíricas, Kant le contestaría que no puede seguir la discusión. Se trataría de un caso similar al de una persona que escuchara una sinfonía de Mozart y opinara que desde el punto de vista estético no se diferencia del ruido de una moto: es imposible demostrarle lo contrario. Todo lo que sigue parte del hecho de que existe el deber moral, aun cuando siempre podamos discutir acerca de su contenido concreto, su fundamento, su origen. Y aun cuando no podamos demostrarlo, hay que reconocer que la experiencia cotidiana de cualquier persona normal es capaz de distinguir cuándo está obrando por interés propio y cuando se enfrenta a una obligación moral, aun cuando existan situaciones confusas.
¿En qué consiste ese imperativo categórico? Sabemos, por ejemplo, en qué consisten los mandamientos judeo-cristianos: amar a Dios, no matar, honrar padre y madre, etc. El imperativo categórico no se ocupa de estos contenidos; no indica qué debemos o no debemos hacer sino cómo debemos hacerlo. Por eso es un imperativo formal: se refiere a la forma, a la manera  en que actuamos, y no pretende proponer una lista de acciones buenas o malas. Porque una misma acción puede ser moral o no serlo según su forma: podemos, por ejemplo, ayudar a un amigo por deber o esperando una recompensa por su parte. Y por eso también el imperativo es autónomo: para que la acción tenga valor moral debe provenir de mi propia voluntad, de tal modo que la mera obediencia a una norma que viene de fuera no basta para que la consideremos valiosa moralmente.
Kant propone varias fórmulas del imperativo categórico. Dice una de ellas: “Obra de manera que trates a la humanidad, tanto en tu persona como en la persona de los demás, siempre como un fin y no sólo como un medio”. Un fin vale por sí mismo, un medio vale en la medida en que nos conduce al fin. Siempre que utilizo a una persona para conseguir mis fines la estoy tratando como medio, lo cual no significa que esté actuando mal: sólo indica que a mi acción no la guían motivos morales sino la utilidad. Cuando un peluquero me corta el pelo ambos nos tratamos como medios: yo para mejorar mi aspecto, él para ganarse la vida, de modo que sería absurdo creer que acudir a la peluquería me convierte en una buena persona. Pero imaginemos que en plena tarea el peluquero tiene un infarto y yo olvido mi prisa y me dedico a auxiliarle: en ese momento ha dejado de ser un medio y lo estoy tratando como fin, es decir, como un valor en sí mismo, ya que como peluquero ha dejado de serme útil.  Sólo allí comienza la moralidad de la acción. 
Obsérvese que Kant no censura que nos tratemos como medios: todas las relaciones sociales están organizadas así, desde los peluqueros a los profesores, pasando por los médicos y los fontaneros. Dice que la moral empieza cuando, además de tratarnos como medios, nos tratamos como fines, es decir, como personas cuyo valor no está determinado por su utilidad sino por el mero hecho de existir como seres humanos. La humanidad es, por lo tanto, el único fin que vale por sí mismo y por lo tanto el  único contenido de la moral kantiana. Y hay que advertir que esta humanidad no es sólo la de los demás sino también la nuestra: según Kant, tampoco debemos tratarnos a nosotros mismos como si fuéramos sólo medios, lo cual implica que tenemos el deber de respetarnos y a exigir para nosotros el mismo respeto con que debemos tratar a los demás.
Esta es la norma fundamental de la razón práctica, y por lo tanto es una norma universal, como todo lo que procede de la razón. Cuando voy a tomar una decisión moral, dice Kant, debo preguntarme si lo que voy a hacer puede convertirse en una norma universal, que valga para todos los hombres. Si es así, puedo estar seguro de que me estoy guiando por un criterio racional y no por mis intereses particulares y egoístas. Interpretando esta afirmación desde el momento actual, la universalidad del imperativo se opone a toda forma de discriminación como el racismo, la xenofobia o el machismo, que seleccionan a los seres humanos según cualidades empíricas.

Antropología y Teología (Libertad, Dios e inmortalidad del alma).
Habíamos anunciado que por este camino de la moral, que no depende de los datos empíricos, quizás podríamos asomarnos a ese mundo de las cosas en sí al que no llegaba el conocimiento y la ciencia. Kant lo hace, pero advierte que lo que establecerá en adelante no serán demostraciones sino algo más modesto: serán postulados. Un postulado es algo que la razón humana exige pero no es capaz de demostrar, es una condición que da sentido a la experiencia moral pero que no se puede probar teóricamente.
Por ejemplo, la libertad. No podemos probar científicamente que somos libres, pero podemos postular la existencia de la libertad, ya que sin ella la existencia de la moral sería imposible. Y recordemos que la moral es un hecho. La acción humana no tendría valor moral si estuviéramos determinados a hacer una cosa u otra sin que pudiéramos decidirlo. Pero, puesto que tiene ese valor, somos libres.
Kant era un ilustrado y como hemos dicho antes, en todo ilustrado late una confianza en la razón que se parece mucho a la fe de otros tiempos. Él constata que la razón exige que la virtud moral y la felicidad vayan juntas. El hombre racional reclama que el bueno sea feliz, y se rebela contra las desgracias que sufren los justos y los premios que reciben los canallas. Sin embargo, vemos todos los días que felicidad y virtud no siempre son compañeras de viaje, y que muchas veces el sufrimiento es el resultado de la virtud. Por lo tanto, la razón tiene derecho a postular una vida futura en la cual la felicidad, que es empírica, y la bondad, que es moral, se reconcilien para siempre. Es decir, a postular la inmortalidad del alma.
Y ello supone la existencia de un Dios que asegure esa reconciliación entre el mundo empírico de las cosas naturales y el mundo moral de la libertad. Dios constituye la aspiración última de una razón que apuesta porque el mundo está bien hecho y tiene un sentido. Aun quienes no seguimos a Kant hasta tan lejos estaríamos encantados de que tuviera razón y la racionalidad triunfara en la historia. Aunque lo que hemos visto hasta ahora no avala tanto optimismo.

Política (Sociedad, historia, derecho, religión).
Es imposible resumir todas las consecuencias que saca Kant de esta visión del hombre y de la ética. Su pensamiento incursiona en la filosofía de la historia, de la sociedad y del derecho, así como de la religión y de la experiencia estética, temas que no podemos desarrollar aquí. Comprende que no es el individuo quien está llamado a realizar los fines de la humanidad sino la especie humana, aunque para hacerlo siga caminos aparentemente desviados. Y que esa realización la debe hacer en sociedad, superando la contradicción que él caracteriza como “la insociable sociabilidad del hombre”: el derecho, el imperio de le ley, debe guiar esta tarea dentro del Estado, aspirando a una sociedad universal de naciones que asegure una paz perpetua entre los hombres bajo el imperio de le ley. Todo ello tiende a realizar en la tierra lo que él llama “el reino de los fines en sí”, es decir, una comunidad de seres racionales que organicen la sociedad según el imperativo moral. A Kant no se le oculta el carácter utópico de este sueño, pero no renuncia al derecho que tenemos de aspirar a él.


Como dijimos al principio, la filosofía de Kant constituye la síntesis más acabada de los diversos caminos que siguió la Ilustración, con sus aciertos y sus errores, sus logros y sus límites. El pensamiento posterior, aun el más anti-kantiano como el de Nietzsche, tiene necesariamente que contar con él.