Argumento Ontológico de Anselmo de Carterbury
Prueba para la demostración de la existencia de Dios. Cree posible
demostrar su existencia a partir de la comprensión de la idea de Dios, ya
que ésta implica su existencia.
El rasgo peculiar de este argumento está en que considera posible
demostrar la existencia de Dios a partir de la mera comprensión
intelectual del concepto de Dios (o de su esencia, según algunas
versiones) y sin utilizar ningún dato del mundo, ninguna experiencia de la
realidad. Se suele indicar que por ello este argumento es típicamente
racionalista pues va de la mente o razón al mundo y no de la experiencia
del mundo a Dios, de ahí que sea un argumento particularmente apreciado
por los racionalistas (desde Descartes hasta Hegel) pero rechazado por
todos aquellos filósofos que valoran más la experiencia sensible (desde
Santo Tomás hasta Kant, quien precisamente dio este título a esta forma de
argumentar).
El argumento, tal y como lo defiende San Anselmo (1035-1109) en su obra “Proslogion”,
se puede resumir del siguiente modo:
a) comienza definiendo a Dios como “el ser mayor que el cual nada puede
pensarse” (con ello quiere indicar que pensamos a Dios como el ser más
perfecto);
b) el insensato –así llama este filósofo al que no cree en Dios– tiene en
su espíritu la idea de Dios como el ser mayor que el cual nada puede
pensarse, pues:
-
al oír el enunciado lo comprende,
-
todo lo que se comprende está en el
espíritu;
c) si ese objeto –Dios– existiese sólo en la inteligencia o espíritu, tal
como afirma el insensato, no sería el ser mayor que el cual nada puede
pensarse pues:
-
la existencia hace a algo mayor (premisa implícita),
-
el ser que existiese realmente, además de en
el pensamiento, sería mayor que el ser meramente pensado;
d) si el insensato dice que Dios no existe, estaría diciendo que Dios –ser
mayor que el cual nada puede pensarse– no es Dios, ya que aún podríamos
pensar en otro ser que además de existir en la inteligencia existiese en
la realidad, y ese sería mayor que el ser meramente pensado, y sería
propiamente Dios. El ateo que niega la existencia de Dios piensa que el
ser mayor que el cual nada puede pensarse no es el ser mayor que el cual
nada puede pensarse, con lo cual cae en contradicción;
e) conclusión: luego Dios existe.
A este argumento el monje Gaunilón objetó que de la misma forma deberían
existir las islas Afortunadas, título con el que nos referimos a las
tierras más hermosas y perfectas que se puede pensar; pues no serían las
más hermosas y perfectas si no existieran, luego deben existir en la
realidad además de en nuestra mente. San Anselmo respondió que esa
definición sólo puede aplicarse a Dios porque sólo en Él se identifican
esencia y existencia.
Fuente: http://www.e-torredebabel.com/Historia-de-la-filosofia/Filosofiamedievalymoderna/SantoTomas/ArgumentoOntologico.htm
TOMÁS DE AQUINO
Introducción
La obra de Tomás de Aquino es el
resultado de la síntesis de la filosofía aristotélica con la tradición
filosófica y teológica del cristianismo y, en cuanto tal, representa el momento
cumbre de la Escolástica cristiana.
La filosofía escolástica abarca un gran
periodo de tiempo que comienza aproximadamente en el siglo IX y llega, incluso,
a nuestros días. Los temas más importantes de la filosofía escolástica antes
del siglo XII son los siguientes: Relaciones fe-razón, naturaleza de los
universales, diferencias entre esencia y existencia y las relaciones entre el
creador y las criaturas. A partir del siglo XII se produce un cambio en la
filosofía escolástica-medieval debido al redescubrimiento de la filosofía
aristotélica. Que origina la construcción de un gran sistema filosófico de
corte aristotélico que supondrá la gran madurez de la filosofía escolástica
medieval: la filosofía de Tomás de Aquino.
Sus fuentes fundamentales son:
I.- De S. Agustín y de los neoplatónicos
tomará el concepto de causalidad ejemplar y acudirá al concepto de
participación para explicar la relación entre el Creador y las criaturas.
II.- De Aristóteles retomará una gran
cantidad de ideas.
• Psicología: Acepta la concepción
aristotélica del alma como forma y acto puro del cuerpo y las facultades que
Aristóteles atribuía al alma.
• Física y ontología: Asume el
movimiento como el paso del ser en potencia al ser en acto , así como la
distinción de los diferentes tipos de movimiento; la teoría hilemórfica y la
distinción entre substancia y accidentes; las cuatro causas del movimiento a
las que unirá la causa ejemplar; finalmente , la concepción analógica del ser.
• Teología: Tomará la demostración de la
existencia de Dios basándose en el movimiento así como la concepción de Dios
como acto puro.
• Ética: El fin del hombre es la
felicidad y las normas morales se basan en la naturaleza humana.
• Política: El hombre es un ser social
por naturaleza, sin embargo, Tomás de Aquino ya no concibe a la Poliscomo
forma social por excelencia sino que piensa en los estados nacionales que
empiezan a configurarse en esa época.
III.- De Avicena y de los pensadores
musulmanes tomará la idea de la contingencia del mundo y la segunda vía para la
demostración de la existencia de Dios a partir del nuevo concepto de causalidad
eficiente.
IV.- También encontramos influencias de
mucho otros prensadores entre los que citamos los siguientes: Séneca, Platón,
Averroes, Ibn Salomón, Ibn Gabirol, Maimónides, S. Juan Damasceno, S. Isidoro
de Sevilla, S. Hilario de Poitiers, Boecio, Pseudo-Dionisio, Pedro Lombardo, S.
Buenaventura y S. Alberto Magno.
Teoría del conocimiento
A lo largo del siglo trece, el
desarrollo de la averroísmo latino había insistido, entre otras, en la teoría
de la “doble verdad”, según la cual habría una verdad para la teología y una
verdad para la filosofía, independientes una de otra, y cada una con su propio
ámbito de aplicación y de conocimiento. La verdad de la razón puede coincidir
con la verdad de la fe, o no. En todo caso, siendo independientes, no debe
interferir una en el terreno de la otra. Tomás de Aquino rechazará esta teoría,
insistiendo en la existencia de una única verdad, que puede ser conocida desde
la razón y desde la fe.
Sin embargo, reconoce la particularidad
y la independencia de esos dos campos, por lo que cada una de ellas tendrá su
objeto y método propio de conocimiento. La filosofía se ocupará del
conocimiento de las verdades naturales, que pueden ser alcanzadas por la luz
natural de la razón; y la teología se ocupará del conocimiento de las verdades
reveladas, de las verdades que sólo puede ser conocidas mediante la luz de la revelación
divina.
Uno de los aspectos fundamentales de su
filosofía son las relaciones fe-razón: Hay una clara distinción entre fe y
razón: Se distinguen: 1. Por algunos de sus contenidos. 2. Por el método: la
razón se vale de la abstracción, mientras que la fe se vale de la revelación.
Aunque hay cosas que se pueden conocer simultáneamente a través de la razón y
de la fe.
No hay contradicción entre ambas: Dios
es el autor de la misma fe y de la misma razón. No tendría sentido que a través
de un órgano de conocimiento llegásemos al conocimiento de un tipo de verdades
y a través del otro a otras verdades contrarias y contradictorias a las
anteriores.
Se admite un tercer tipo de verdades a
las que puede accederse desde los dos ámbitos: preámbulos de la fe (la existencia
y unidad de Dios, por ejemplo)
La confluencia entre fe y razón se
produce porque Dios ha revelado verdades que la razón podía haber conocido por
si sola. Esto se ha producido así porque hay un determinado tipo de verdades
que son necesarias para la salvación. Tales verdades pueden ser descubiertas
por la razón pero el proceso es complejo y no todos los hombres están
preparados para conseguirlo.
Ni la razón -cuando la usamos
correctamente- ni la revelación -puesto que tiene su origen en Dios pueden engañarnos.
De aquí resulta que, siempre que una conclusión filosófica contradice al dogma,
nos hallamos ante un signo cierto de que tal conclusión es falsa. La razón,
debidamente advertida, tiene que criticarse en seguida a sí misma y encontrar
el punto en que se ha producido el error. Puesto que el desacuerdo en cuestión
es un indicio de error, y ya que el error no puede encontrarse en la revelación
divina, es necesario que se encuentre en la filosofía. Por tanto, o bien de
mostraremos que esas filosofías se equivocan, o mostraremos que han querido
probar en una materia en que la prueba racional es imposible, y donde, por
consiguiente, la decisión debe pertenecer a la fe.
Para Tomás de Aquino, como para
Aristóteles, el conocimiento es ante todo conocimiento de lo universal y de lo
necesario y producido por las facultades del alma. Diferenciará entre
conocimiento sensible y conocimiento inteligible y admitirá una doble función
del entendimiento humano, agente y paciente. Junto a esto no se puede olvidar
que el objetivo central de la teoría del conocimiento es explicar el paso del
conocimiento sensible al conocimiento intelectual, su conexión y colaboración
para acceder a la realidad.
En el proceso de conocimiento que expone
Tomás de Aquino podemos observar, resumidamente, los siguientes pasos:
• Las cosas reales son captadas por
nuestros sentidos, los cuales quedan impresionados. Dicho encuentro entre la
cosa y los sentidos origina lo que Tomás de Aquino llama especie sensible
impresa, sensación.
• La especie sensible impresa
(sensación) se almacena en la memoria en forma de imagen. La imagen tiene un
carácter particular. Las sensaciones quedan grabadas en la imaginación y la
memoria.
• Sobre esta imagen actúa el
entendimiento agente, o entendimiento en su función activa, quedándose con la
esencia y prescindiendo de los accidentes mediante el proceso de abstracción.
De esta forma la imagen se convierte en concepto, que tiene un carácter
universal.
• El entendimiento paciente o pasivo, es
pura potencia para conocer lo inteligible, se hace acto al conocer el concepto.
• El entendimiento paciente o pasivo
aplica los conceptos a las imágenes sensibles elaborando juicios (Todo juicio
es un enlace entre Sujeto y Predicado por el cual el predicado se dice del
sujeto).
Teología
La “Suma Teológica” se considera la obra
cumbre de Tomás de Aquino, quien comienza en ella su discurso planteando el
problema teológico de la existencia de Dios, pasando a continuación al
tratamiento de otras cuestiones de carácter teológico y, posteriormente, al
estudio del ser creado. Y para este estudio es necesaria una “ciencia” sobre la
realidad creada: la Metafísica. La mayor parte de la metafísica
tomista procede de Aristóteles, aunque también hay elementos procedentes del
platonismo agustiniano y de la filosofía árabe.
Para Tomás de Aquino (como para
Aristóteles) la metafísica es la ciencia de las primeras causas y principios
del ser. Aceptará de la filosofía aristotélica la teoría de las cuatro causas,
la teoría de la sustancia y la teoría del acto y la potencia. Pero la necesidad
de conciliar el aristotelismo con el cristianismo le llevará a introducir
teorías platónicas como la de la participación, entre otras. Así como una nueva
estructura metafísica, utilizada ya por Avicena: la de la distinción entre
esencia y existencia.
La metafísica aristotélica conduce a una
interpretación del mundo difícilmente conciliable con el cristianismo: el mundo
es eterno, no ha sido creado, Dios es parte de ese universo. ¿Cómo conciliar la
eternidad del mundo con la creación cristiana? ¿Cómo conciliar ese esquema
filosófico con la creencia de que hay una sustancia suprema, y radicalmente
distinta de todas las demás? La distinción que ya había establecido Avicena
entre la esencia y la existencia será la respuesta que buscará Tomás de Aquino:
habrá que distinguir en cada sustancia la esencia de la existencia. Lo que una
cosa es, su esencia, puede ser comprendido independientemente de que esa cosa
exista o no; e independientemente de su existencia o no, la esencia se mantiene
inalterable siendo lo que es.
La esencia sería, pues, una cierta forma
de ser en potencia: para existir tendría que ser actualizada por otra entidad
que le diese la existencia, ya que nada puede ser causa de su propia
existencia. Por lo tanto, todas las cosas que existen son un compuesto de
esencia y existencia. En ese sentido son contingentes, es decir no tienen en sí
mismas la necesidad de existir, pueden existir o no existir. ¿De dónde les
viene, pues, la existencia? Ha de proceder de otra sustancia que exista
eminentemente, es decir, de una sustancia cuya esencia consista en existir y
sea, por lo tanto, un ser necesario: Dios. Se establece así una distinción o
jerarquía entre los seres: los contingentes, los que reciben su existencia; y el
ser necesario, aquel en que la esencia y la existencia se identifican.
Se establece pues una separación radical
entre Dios y el mundo, haciendo del mundo una realidad contingente, es decir,
no necesaria, y que debe su existencia a Dios, único ser necesario.
La proposición “Dios existe” es una
verdad evidente en sí misma sólo para Dios. Pero no lo es para la inteligencia
humana, es necesario demostrarla. ¿Pero qué tipo de demostración? Tomás de
Aquino rechazará el procedimiento de S. Anselmo, no podemos partir de la idea
de Dios, ya que eso es precisamente lo que se trata de demostrar, lo que se
trata de conocer. Optará por una demostración a posteriori, es decir, partiendo
de sus efectos. Partiendo de los seres que conocemos, tomados como efectos, y
remontarnos, a través de ellos, a su causa, es decir, argumentando “a
posteriori”. Esta es la estructura argumentativa de las “cinco vías para la
demostración racional de la existencia de Dios
Tomás de Aquino propone cinco argumentos
para demostrar la existencia de Dios
• 1ª Vía del movimiento: El punto de
partida es el hecho de experiencia del cambio o movimiento en el mundo
sensible. “Todo lo que se mueve, es movido por otro”. El movimiento es un
tránsito de la potencia al acto. Pero ese tránsito de la potencia al acto no
puede realizarlo el móvil por sí mismo. Porque tendría que ser a la vez móvil y
motor, dándose a sí mismo una perfección de la que carece. Por tanto, la razón
del movimiento no se encuentra dentro del móvil, sino que hay que buscarla
fuera de él, en un motor extrínseco. Ahora bien, respecto a ese motor se
plantea la misma pregunta: ¿es móvil o inmóvil?. Si es móvil podíamos seguir la
serie ascendente y concatenada de motores y de móviles, pero no indefinidamente
ya que no podemos llegar hasta el infinito. Finalmente hay que llegar a un
término el cual no puede ser otro que un Motor Inmóvil que mueva sin ser
movido. Y este es Dios.
• 2ª Vía de la causalidad eficiente: El
punto de partida es que vemos por experiencia que en el mundo se dan series de
causas eficientes, esencialmente subordinadas unas a otras Ahora bien, una cosa
no puede ser causa de sí misma. Porque, en cuanto causa, tendría que ser
anterior a sí misma en cuanto efecto. Y esto no es posible. Así, ninguna cosa
puede darse a sí misma el ser. Por consiguiente, unas causas son causadas por
otras. Pero en esta serie subordinada de causas eficientes no puede darse un
proceso hasta el infinito. Porque prolongar indefinidamente la serie no es dar
una explicación suficiente, luego, es necesario llegar a un término, que es una
Causa eficiente incausada y primera, de la cual dependen todas las demás. Y
esta causa primera es Dios.
• 3ª Vía de la contingencia: Ser
necesario es el que tiene en sí mismo su razón de existir, porque su esencia se
identifica con su existencia. Seres contingentes son aquellos que existen
después de no haber existido. Es decir, todo el conjunto de seres generales y
corruptibles pueden llegar a ser y dejar de ser. En ellos su esencia no se
identifica con la existencia, sino que su existencia es precedida y seguida por
la no-existencia, lo cual quiere decir que tienen la existencia no de manera
necesaria sino de manera contingente. Si en el mundo todas las cosas fueran
contingentes no podría existir nada. Por tanto, es preciso que exista un ser
necesario. Sobre este ser se plantea la pregunta de si su existencia es propia
o contingente, como no se puede alargar la cadena hasta el infinito debemos
afirmar la existencia de un ser necesario, que existe por sí mismo y que no recibido
su existencia de ningún otro. Y este ser necesario es Dios.
• 4ª Vía de los grados de perfección en
los seres: El punto de partida afirma que por experiencia hay perfecciones en
las cosas – bondad, belleza, verdad – realizadas en distintos grados. Ahora
bien, el más o el menos de esas perfecciones no tienen un sentido puramente
relativo. Las cosas son más o menos perfectas comparadas con un principio
absoluto según este criterio: Es decir, que poseen esa perfección en cuanto que
participan de un principio que es a la vez causa de esa perfección y que la
posee por esencia. Si los seres poseyeran esas perfecciones por esencia, las
poseerían íntegramente y en su grado más alto. Por tanto, si hay grados de
perfección en los seres, esto quiere decir que no tienen esas perfecciones
intrínsecamente y por esencia, sino extrínsecamente y por participación, es
decir, como causadas por otro ser que el principio de la perfección. Ese ser
que posee una perfección en toda su plenitud, no puede menos de ser uno y único
y poseerla toda ya que la tiene por esencia. Por consiguiente, si existen
diversos grados de perfección, es porque en el extremo de cada línea existe un
ser que posee en grado máximo esas perfecciones. Y esas líneas convergen y se
unifican en un solo ser perfectísimo: Dios.
• 5ª Vía teleológica: Su punto de
partida es el hecho de la experiencia de que existen seres que carecen de
conocimiento, y, sin embargo, obran por un fin. Es decir, que no obrar al azar,
sino de una manera fija y constante, cada uno en conformidad con su propia
naturaleza. Ahora bien, esa manera fija y constante de obrar en seres
desprovistos de conocimiento, y que, sin embargo tienden constantemente a un
fin, no se puede explicar por ellos mismos. Ordenar los medios a un fin
requiere conocimiento del fin. Por lo tanto, si esos seres no conocen el fin,
es preciso que sean orientados y dirigidos por otro ser inteligente. Es decir,
que en el universo debe existir una inteligencia directora y ordenadora de
todos los seres, la cual los dirige y orienta hacia sus fines particulares y
hacia el fin general del universo. No obstante, se puede preguntar si esa
inteligencia ordenadora se ordena a sí misma o es ordenada por otra. Podemos ir
ascendiendo en la escala de inteligencias ordenadoras, pero no hasta el
infinito. Por tanto es necesario llegar a una inteligencia ordenadora necesaria
y absoluta que ordene todas las cosas. Y esta inteligencia ordenadora suprema
es Dios.
A modo de conclusión decir que las cinco
vías, partiendo de principios distintos, llegan a la misma conclusión Dios y la
necesidad de su existencia.
Todas las vías siguen una estructura
lógica semejante. El punto de partida es un dato real de
experiencia, fijándose en distintos aspectos de la realidad del mundo físico;
en un segundo momento, introducen un principio metafísico (nada puede ser causa
de sí mismo, lo perfecto no puede tener su origen en algo menos perfecto…); en
el tercer momento coinciden en la afirmación de que en una serie causal concatenada
no se puede proceder indefinidamente sino que es necesario detenerse en un
término; y concluyen en la necesidad de la existencia de un ser supremo
trascendente, el cual es Dios.
Demostrada la existencia de Dios, Tomás
de Aquino dice que podemos acercarnos a su esencia a través de tres vías:
1. Vía de la negación: es la ya clásica
de la teología negativa desarrollada por los neoplatónicos, el Pseudo-Dionisio,
etc. En tanto Dios no es nada determinado se llega a Él diciendo de Él que no
es X, ni Y, ni Z, etc. Es la vía a que recurre frecuentemente la mística.
2. Vía de la eminencia: en tanto
cualquier cualidad positiva Dios la posee en grado sumo, se puede decir de Él
que es "infinitamente bueno", "infinitamente sabio",
"infinitamente poderoso”, etc.
3. Vía de la afirmación: se puede decir
positivamente de Dios que Él es lo que propiamente es, ya que a Él le
corresponde en mayor medida el ser (siguiendo las palabras del Éxodo: "Yo
soy el que soy").
Antropología
Mantiene la concepción hilemórfica,
según la cual el hombre es un compuesto de cuerpo y alma (el alma es la forma
sustancial del cuerpo). Pero, a diferencia de Aristóteles, Tomás de Aquino
considera que el alma es inmortal y creada por Dios. El alma tiene tres tipos
de capacidades: vegetativa, sensitiva e intelectual.
El alma es la forma sustancial única del
cuerpo. Esta es una de las tesis que más vigorosamente defiende Tomás de Aquino
frente a algunas corrientes de su tiempo, rechazando el pluralismo de formas.
Siendo el alma la forma sustancial del
cuerpo, se une a él directamente, sin necesidad de intermedio alguno. Tomás de
Aquino rechaza la opinión de que el alma se una al cuerpo mediante cualquier
tipo de intermediario. De esta afirmación podemos sacar varias consecuencias:
el alma está toda en todo cuerpo y toda en cada parte de él, en cuanto que,
como forma, está dando su determinación esencial a todo el compuesto.
El hombre, en el concepto tomista, es un
ser de naturaleza muy especial, situado en los confines de los dos mundos, el
material y el espiritual. Se compone de cuerpo material y de alma espiritual.
Por razón de su cuerpo coincide con los seres materiales y pertenece al mundo
sensible. Pero se distingue de todos ellos por su alma, que es una forma de
categoría superior, por la cual pertenece al mundo del espíritu.
El hombre es un microcosmos. En su
naturaleza se sintetizan todas las perfecciones de los seres inferiores, y a la
vez participa de las de los superiores, tendiendo a una semejanza más perfecta
con Dios, lo cual lo coloca en un lugar privilegiado en el orden de la
creación. El alma humana es perfectísima respecto de todos los seres
inferiores, pero a la vez ocupa el ínfimo lugar en la escala de las sustancias
intelectuales, teniendo que suplir con el conocimiento sensitivo las
deficiencias del intelectivo.
Según Tomás de Aquino el alma humana
solamente puede ser creada por Dios en cada caso particular. La creación es una
producción total de la sustancia de una cosa, sacándola de la nada sin ningún
sujeto preexistente. Solamente preexiste la causa eficiente: Dios.
Ética
La ética de Tomás de Aquino también
sufre la influencia aristotélica. Así, acepta el principio de que el hombre
tiene una naturaleza orientada a fines, y que el fin último al que están
orientadas las acciones humanas es la felicidad. Pero para Tomás la
felicidad plena sólo puede darse en el conocimiento de Dios. La felicidad se
identifica así con la salvación.
El orden natural se expresa a través de la
Ley Natural que es un conjunto de reglas que rigen la realidad natural. En
los seres irracionales la ley natural inscrita en su naturaleza determina su
comportamiento de manera pasiva y necesaria (por ejemplo, los instintos que
empujan a la supervivencia y reproducción de la especie). Para el hombre el
contenido básico de la Ley Natural el siguiente:
1.- La autoconservación de la vida. 2.- La
Propagación de la especie. 3.- Tendencia a la verdad absoluta. La verdad
absoluta es Dios. 3.- Tendencia a vivir en sociedad.
Sin embargo el ser humano es un ser con
libertad de elección y, por ello, puede optar por alejarse del bien y hacer el
mal. No obstante, el ser humano es también un ser racional, de modo que puede
llegar a conocer cual es el primer principio de la ley natural, inscrito en
todos los seres: “se ha de hacer el bien y evitar el mal” (Este principio
tiene, en el ámbito de la razón práctica, el mismo valor que los primeros
principios del conocimiento -identidad, no contradicción- en el ámbito de la
teórica). De este modo puede convertirlo en el criterio general de sus
decisiones morales: bueno es aquello acorde con mi naturaleza, es decir, con lo
dispuesto por Dios; haciendo el bien me acerco a Él (fin último del alma humana
para el cristiano), mientras que optando por el mal (contradiciendo a la
naturaleza) me alejo.
Si el hombre busca la felicidad que
reside en la salvación, es porque el hombre es un ser caído, está en el mal.
Tomás de Aquino concibe el mal como privación, al modo como se venía haciendo
desde los neoplatónicos y Agustín. Eso significa que el mal no es nada
sustancial, no le corresponde ninguno de los atributos -categorías- del ser
(porque de lo contrario, es decir, de tener el mal algún tipo de ser, y en tanto
todo ser procede de Dios, habría que suponer que Dios es el creador del mal).
El mal, por lo tanto, no es más que la falta de algo, de un bien. Tomás de
Aquino distingue entre el mal físico y el mal moral.
El mal físico, que es el dolor, es una
consecuencia de que Dios haya querido crear una naturaleza sensitiva. La
creación de tal naturaleza es algo positivo, pero ello implica necesariamente
la posibilidad del dolor.
En cuanto al mal moral, es debido al
libre albedrío del hombre. El orden moral es el orden de la libertad. La
libertad hace al hombre más perfecto, más parecido a Dios de lo que lo sería
sin ella, pero ello implica dotar al hombre de la posibilidad de elegir,
incluso de que elija el mal. Y en esto consiste el pecado y la caída, en una
elección del mal por parte del hombre.
Frente al pecado y la caída está la
virtud. La virtud consiste en un hábito de la razón, en una disposición
permanente para actuar de determinada manera que se forma mediante la
repetición de actos buenos. Y, al igual que para Aristóteles, la virtud
consiste en un término medio, de conformidad con la razón. Por su propia
naturaleza el hombre está en posesión de determinadas virtudes, que Tomás,
siguiendo a Aristóteles, divide en intelectuales y morales. Las virtudes intelectuales
se identifican con la práctica de las ciencias (por lo que Tomás de Aquino
vuelve a recuperar una vieja concepción griega que identificaba virtud con
saber). Las virtudes morales son numerosas, pero Tomás distingue entre ellas un
grupo, origen de todas las demás, a las que llama virtudes cardinales, que son:
la prudencia, la justicia, la fortaleza y la templanza.
Pero dado que para Tomás de Aquino el
hombre no es sólo un ser natural, sino también sobrenatural, necesita otro tipo
de virtudes que le permitan remontar su situación de caída, hacia la salvación.
A estas otras virtudes, que ya no provienen de su propia naturaleza sino que le
son dadas por la gracia, es decir, como un don gratuito de Dios, las llama
virtudes teologales, y son: la fe, la esperanza y la caridad.
Política
Como en la ética, parte de concepciones
aristotélicas: del análisis de la naturaleza humana y de que la actividad
humana está orientada a fines. Pero, al igual que en la ética, se aleja de la
concepción aristotélica en tanto considera que el hombre no se agota en su ser
natural, sino que está orientado a un fin sobrenatural (por lo que en el Estado
no se encuentra la autosuficiencia).
Para entender la teoría política de
Tomás de Aquino es necesario atender a su visión del ordenamiento de la
realidad. Tomás de Aquino distingue tres clases de leyes: la natural, la
positiva y la eterna. La ley natural dirige y ordena los actos de los seres
naturales para la adecuada realización de los bienes que les son propios.
Como ser racional que es, el hombre
puede descubrir por sí mismo las reglas que le permitan desarrollarse de
acuerdo con su naturaleza y con la naturaleza en general. Al conjunto de reglas
que regulan la naturaleza le llama Tomás la ley natural. Su contenido se deduce
del repertorio de las tendencias naturales del hombre. Básicamente son las
siguientes:
1. Como sustancia, el ser humano tiene
una tendencia natural a conservar su propia existencia.
2- Como animal tiene una tendencia
natural a propagar su especie.
3- Como ser racional, tiene una
tendencia natural a buscar la verdad (especialmente aquel tipo de verdades que
constituyen su fin último: Dios).
4- El hombre tiende, además, de modo
natural, a vivir en sociedad. Pero dado que es un ser racional puede organizar
esta convivencia en base a leyes igualmente racionales.
La ley natural nos empuja, pues, a vivir
en sociedad. Pero ésta sólo es posible si existen unas normas legales que
regulen la convivencia. Normas que son establecidas por los propios hombres. A
este conjunto de normas establecidas socialmente le llama ley positiva. Actúa
como una prolongación de la ley natural y nunca puede ir contra ella.
A su vez, ley positiva y ley natural se
hallan sometidas a la ley eterna, que es el ordenamiento a que ha sometido Dios
al universo. Esta ley somete a los seres físicos a un orden distinto que a los
hombres, ya que éstos se hallan regidos por una ley moral que respeta su
libertad.
Dentro de la sociedad o del Estado caben
varias formas de ordenación política en orden a la mejor consecución de su fin,
que es el bien común, al cual deben tender tanto gobernados como gobernantes.
Hay varias formas posibles de organización política de un Estado. Son buenos y
legítimos todos aquellos que son aptos por sí mismos para procurar el bien
común y conseguir el fin propio del Estado. Y malos son los que contribuyen a
lo contrario. Ninguno de ellos en un fin en sí misma. En abstracto y como
ideal, Tomás de Aquino, considera como mejor forma de gobierno la monarquía, en
el cual gobierna uno solo, a la manera de Dios (su opuesto es la tiranía). No
obstante también es legítima la aristocracia, la cual tiene la ventaja de que
unos pocos hombres, selectos pueden ver las cosas mejor que uno solo, pero
corre el peligro de caer en la oligarquía. También es legítima la democracia
que tiene la ventaja de que en ella se da una mayor libertad e igualdad de los
ciudadanos, pero corre el peligro de convertirse en anarquía. Para Tomás de
Aquino, en realidad, la mejor forma de gobierno es un sistema mixto donde se
reúnen las ventajas de las tres formas anteriores: unidad, selección de los
mejores y libertad e igualdad, respectivamente.
Tomás de Aquino considera, por tanto,
que lo ideal sería una monarquía si el monarca fuese el más perfecto de los
hombres, pero como no es fácil que eso suceda, considera que el Estado más
perfecto será, entonces, una combinación mixta de monarquía, aristocracia y
democracia, de modo que los diversos poderes hallen cierto equilibrio. La
monarquía funciona como fundamento de la unidad, la aristocracia gobierna la
administración, y en virtud de la democracia el pueblo elegirá a los
magistrados que representen sus intereses.
En tanto el fin de la Iglesia es
un fin sobrenatural, la Iglesia es una sociedad superior al Estado y
éste debe subordinarse a aquélla en lo concerniente a los asuntos de la vida
sobrenatural.
Argumento Ontológico de Anselmo de Carterbury
Prueba para la demostración de la existencia de Dios. Cree posible
demostrar su existencia a partir de la comprensión de la idea de Dios, ya
que ésta implica su existencia.
El rasgo peculiar de este argumento está en que considera posible
demostrar la existencia de Dios a partir de la mera comprensión
intelectual del concepto de Dios (o de su esencia, según algunas
versiones) y sin utilizar ningún dato del mundo, ninguna experiencia de la
realidad. Se suele indicar que por ello este argumento es típicamente
racionalista pues va de la mente o razón al mundo y no de la experiencia
del mundo a Dios, de ahí que sea un argumento particularmente apreciado
por los racionalistas (desde Descartes hasta Hegel) pero rechazado por
todos aquellos filósofos que valoran más la experiencia sensible (desde
Santo Tomás hasta Kant, quien precisamente dio este título a esta forma de
argumentar).El argumento, tal y como lo defiende San Anselmo (1035-1109) en su obra “Proslogion”, se puede resumir del siguiente modo:
a) comienza definiendo a Dios como “el ser mayor que el cual nada puede pensarse” (con ello quiere indicar que pensamos a Dios como el ser más perfecto);A este argumento el monje Gaunilón objetó que de la misma forma deberían existir las islas Afortunadas, título con el que nos referimos a las tierras más hermosas y perfectas que se puede pensar; pues no serían las más hermosas y perfectas si no existieran, luego deben existir en la realidad además de en nuestra mente. San Anselmo respondió que esa definición sólo puede aplicarse a Dios porque sólo en Él se identifican esencia y existencia.
b) el insensato –así llama este filósofo al que no cree en Dios– tiene en su espíritu la idea de Dios como el ser mayor que el cual nada puede pensarse, pues:c) si ese objeto –Dios– existiese sólo en la inteligencia o espíritu, tal como afirma el insensato, no sería el ser mayor que el cual nada puede pensarse pues:
al oír el enunciado lo comprende, todo lo que se comprende está en el espíritu;d) si el insensato dice que Dios no existe, estaría diciendo que Dios –ser mayor que el cual nada puede pensarse– no es Dios, ya que aún podríamos pensar en otro ser que además de existir en la inteligencia existiese en la realidad, y ese sería mayor que el ser meramente pensado, y sería propiamente Dios. El ateo que niega la existencia de Dios piensa que el ser mayor que el cual nada puede pensarse no es el ser mayor que el cual nada puede pensarse, con lo cual cae en contradicción;
- la existencia hace a algo mayor (premisa implícita),
- el ser que existiese realmente, además de en el pensamiento, sería mayor que el ser meramente pensado;
e) conclusión: luego Dios existe.
Fuente: http://www.e-torredebabel.com/Historia-de-la-filosofia/Filosofiamedievalymoderna/SantoTomas/ArgumentoOntologico.htm
TOMÁS DE AQUINO
Introducción
La obra de Tomás de Aquino es el
resultado de la síntesis de la filosofía aristotélica con la tradición
filosófica y teológica del cristianismo y, en cuanto tal, representa el momento
cumbre de la Escolástica cristiana.
La filosofía escolástica abarca un gran
periodo de tiempo que comienza aproximadamente en el siglo IX y llega, incluso,
a nuestros días. Los temas más importantes de la filosofía escolástica antes
del siglo XII son los siguientes: Relaciones fe-razón, naturaleza de los
universales, diferencias entre esencia y existencia y las relaciones entre el
creador y las criaturas. A partir del siglo XII se produce un cambio en la
filosofía escolástica-medieval debido al redescubrimiento de la filosofía
aristotélica. Que origina la construcción de un gran sistema filosófico de
corte aristotélico que supondrá la gran madurez de la filosofía escolástica
medieval: la filosofía de Tomás de Aquino.
Sus fuentes fundamentales son:
I.- De S. Agustín y de los neoplatónicos
tomará el concepto de causalidad ejemplar y acudirá al concepto de
participación para explicar la relación entre el Creador y las criaturas.
II.- De Aristóteles retomará una gran
cantidad de ideas.
• Psicología: Acepta la concepción
aristotélica del alma como forma y acto puro del cuerpo y las facultades que
Aristóteles atribuía al alma.
• Física y ontología: Asume el
movimiento como el paso del ser en potencia al ser en acto , así como la
distinción de los diferentes tipos de movimiento; la teoría hilemórfica y la
distinción entre substancia y accidentes; las cuatro causas del movimiento a
las que unirá la causa ejemplar; finalmente , la concepción analógica del ser.
• Teología: Tomará la demostración de la
existencia de Dios basándose en el movimiento así como la concepción de Dios
como acto puro.
• Ética: El fin del hombre es la
felicidad y las normas morales se basan en la naturaleza humana.
• Política: El hombre es un ser social
por naturaleza, sin embargo, Tomás de Aquino ya no concibe a la Poliscomo
forma social por excelencia sino que piensa en los estados nacionales que
empiezan a configurarse en esa época.
III.- De Avicena y de los pensadores
musulmanes tomará la idea de la contingencia del mundo y la segunda vía para la
demostración de la existencia de Dios a partir del nuevo concepto de causalidad
eficiente.
IV.- También encontramos influencias de
mucho otros prensadores entre los que citamos los siguientes: Séneca, Platón,
Averroes, Ibn Salomón, Ibn Gabirol, Maimónides, S. Juan Damasceno, S. Isidoro
de Sevilla, S. Hilario de Poitiers, Boecio, Pseudo-Dionisio, Pedro Lombardo, S.
Buenaventura y S. Alberto Magno.
Teoría del conocimiento
A lo largo del siglo trece, el
desarrollo de la averroísmo latino había insistido, entre otras, en la teoría
de la “doble verdad”, según la cual habría una verdad para la teología y una
verdad para la filosofía, independientes una de otra, y cada una con su propio
ámbito de aplicación y de conocimiento. La verdad de la razón puede coincidir
con la verdad de la fe, o no. En todo caso, siendo independientes, no debe
interferir una en el terreno de la otra. Tomás de Aquino rechazará esta teoría,
insistiendo en la existencia de una única verdad, que puede ser conocida desde
la razón y desde la fe.
Sin embargo, reconoce la particularidad
y la independencia de esos dos campos, por lo que cada una de ellas tendrá su
objeto y método propio de conocimiento. La filosofía se ocupará del
conocimiento de las verdades naturales, que pueden ser alcanzadas por la luz
natural de la razón; y la teología se ocupará del conocimiento de las verdades
reveladas, de las verdades que sólo puede ser conocidas mediante la luz de la revelación
divina.
Uno de los aspectos fundamentales de su
filosofía son las relaciones fe-razón: Hay una clara distinción entre fe y
razón: Se distinguen: 1. Por algunos de sus contenidos. 2. Por el método: la
razón se vale de la abstracción, mientras que la fe se vale de la revelación.
Aunque hay cosas que se pueden conocer simultáneamente a través de la razón y
de la fe.
No hay contradicción entre ambas: Dios
es el autor de la misma fe y de la misma razón. No tendría sentido que a través
de un órgano de conocimiento llegásemos al conocimiento de un tipo de verdades
y a través del otro a otras verdades contrarias y contradictorias a las
anteriores.
Se admite un tercer tipo de verdades a
las que puede accederse desde los dos ámbitos: preámbulos de la fe (la existencia
y unidad de Dios, por ejemplo)
La confluencia entre fe y razón se
produce porque Dios ha revelado verdades que la razón podía haber conocido por
si sola. Esto se ha producido así porque hay un determinado tipo de verdades
que son necesarias para la salvación. Tales verdades pueden ser descubiertas
por la razón pero el proceso es complejo y no todos los hombres están
preparados para conseguirlo.
Ni la razón -cuando la usamos
correctamente- ni la revelación -puesto que tiene su origen en Dios pueden engañarnos.
De aquí resulta que, siempre que una conclusión filosófica contradice al dogma,
nos hallamos ante un signo cierto de que tal conclusión es falsa. La razón,
debidamente advertida, tiene que criticarse en seguida a sí misma y encontrar
el punto en que se ha producido el error. Puesto que el desacuerdo en cuestión
es un indicio de error, y ya que el error no puede encontrarse en la revelación
divina, es necesario que se encuentre en la filosofía. Por tanto, o bien de
mostraremos que esas filosofías se equivocan, o mostraremos que han querido
probar en una materia en que la prueba racional es imposible, y donde, por
consiguiente, la decisión debe pertenecer a la fe.
Para Tomás de Aquino, como para
Aristóteles, el conocimiento es ante todo conocimiento de lo universal y de lo
necesario y producido por las facultades del alma. Diferenciará entre
conocimiento sensible y conocimiento inteligible y admitirá una doble función
del entendimiento humano, agente y paciente. Junto a esto no se puede olvidar
que el objetivo central de la teoría del conocimiento es explicar el paso del
conocimiento sensible al conocimiento intelectual, su conexión y colaboración
para acceder a la realidad.
En el proceso de conocimiento que expone
Tomás de Aquino podemos observar, resumidamente, los siguientes pasos:
• Las cosas reales son captadas por
nuestros sentidos, los cuales quedan impresionados. Dicho encuentro entre la
cosa y los sentidos origina lo que Tomás de Aquino llama especie sensible
impresa, sensación.
• La especie sensible impresa
(sensación) se almacena en la memoria en forma de imagen. La imagen tiene un
carácter particular. Las sensaciones quedan grabadas en la imaginación y la
memoria.
• Sobre esta imagen actúa el
entendimiento agente, o entendimiento en su función activa, quedándose con la
esencia y prescindiendo de los accidentes mediante el proceso de abstracción.
De esta forma la imagen se convierte en concepto, que tiene un carácter
universal.
• El entendimiento paciente o pasivo, es
pura potencia para conocer lo inteligible, se hace acto al conocer el concepto.
• El entendimiento paciente o pasivo
aplica los conceptos a las imágenes sensibles elaborando juicios (Todo juicio
es un enlace entre Sujeto y Predicado por el cual el predicado se dice del
sujeto).
Teología
La “Suma Teológica” se considera la obra
cumbre de Tomás de Aquino, quien comienza en ella su discurso planteando el
problema teológico de la existencia de Dios, pasando a continuación al
tratamiento de otras cuestiones de carácter teológico y, posteriormente, al
estudio del ser creado. Y para este estudio es necesaria una “ciencia” sobre la
realidad creada: la Metafísica. La mayor parte de la metafísica
tomista procede de Aristóteles, aunque también hay elementos procedentes del
platonismo agustiniano y de la filosofía árabe.
Para Tomás de Aquino (como para
Aristóteles) la metafísica es la ciencia de las primeras causas y principios
del ser. Aceptará de la filosofía aristotélica la teoría de las cuatro causas,
la teoría de la sustancia y la teoría del acto y la potencia. Pero la necesidad
de conciliar el aristotelismo con el cristianismo le llevará a introducir
teorías platónicas como la de la participación, entre otras. Así como una nueva
estructura metafísica, utilizada ya por Avicena: la de la distinción entre
esencia y existencia.
La metafísica aristotélica conduce a una
interpretación del mundo difícilmente conciliable con el cristianismo: el mundo
es eterno, no ha sido creado, Dios es parte de ese universo. ¿Cómo conciliar la
eternidad del mundo con la creación cristiana? ¿Cómo conciliar ese esquema
filosófico con la creencia de que hay una sustancia suprema, y radicalmente
distinta de todas las demás? La distinción que ya había establecido Avicena
entre la esencia y la existencia será la respuesta que buscará Tomás de Aquino:
habrá que distinguir en cada sustancia la esencia de la existencia. Lo que una
cosa es, su esencia, puede ser comprendido independientemente de que esa cosa
exista o no; e independientemente de su existencia o no, la esencia se mantiene
inalterable siendo lo que es.
La esencia sería, pues, una cierta forma
de ser en potencia: para existir tendría que ser actualizada por otra entidad
que le diese la existencia, ya que nada puede ser causa de su propia
existencia. Por lo tanto, todas las cosas que existen son un compuesto de
esencia y existencia. En ese sentido son contingentes, es decir no tienen en sí
mismas la necesidad de existir, pueden existir o no existir. ¿De dónde les
viene, pues, la existencia? Ha de proceder de otra sustancia que exista
eminentemente, es decir, de una sustancia cuya esencia consista en existir y
sea, por lo tanto, un ser necesario: Dios. Se establece así una distinción o
jerarquía entre los seres: los contingentes, los que reciben su existencia; y el
ser necesario, aquel en que la esencia y la existencia se identifican.
Se establece pues una separación radical
entre Dios y el mundo, haciendo del mundo una realidad contingente, es decir,
no necesaria, y que debe su existencia a Dios, único ser necesario.
La proposición “Dios existe” es una
verdad evidente en sí misma sólo para Dios. Pero no lo es para la inteligencia
humana, es necesario demostrarla. ¿Pero qué tipo de demostración? Tomás de
Aquino rechazará el procedimiento de S. Anselmo, no podemos partir de la idea
de Dios, ya que eso es precisamente lo que se trata de demostrar, lo que se
trata de conocer. Optará por una demostración a posteriori, es decir, partiendo
de sus efectos. Partiendo de los seres que conocemos, tomados como efectos, y
remontarnos, a través de ellos, a su causa, es decir, argumentando “a
posteriori”. Esta es la estructura argumentativa de las “cinco vías para la
demostración racional de la existencia de Dios
Tomás de Aquino propone cinco argumentos
para demostrar la existencia de Dios
• 1ª Vía del movimiento: El punto de
partida es el hecho de experiencia del cambio o movimiento en el mundo
sensible. “Todo lo que se mueve, es movido por otro”. El movimiento es un
tránsito de la potencia al acto. Pero ese tránsito de la potencia al acto no
puede realizarlo el móvil por sí mismo. Porque tendría que ser a la vez móvil y
motor, dándose a sí mismo una perfección de la que carece. Por tanto, la razón
del movimiento no se encuentra dentro del móvil, sino que hay que buscarla
fuera de él, en un motor extrínseco. Ahora bien, respecto a ese motor se
plantea la misma pregunta: ¿es móvil o inmóvil?. Si es móvil podíamos seguir la
serie ascendente y concatenada de motores y de móviles, pero no indefinidamente
ya que no podemos llegar hasta el infinito. Finalmente hay que llegar a un
término el cual no puede ser otro que un Motor Inmóvil que mueva sin ser
movido. Y este es Dios.
• 2ª Vía de la causalidad eficiente: El
punto de partida es que vemos por experiencia que en el mundo se dan series de
causas eficientes, esencialmente subordinadas unas a otras Ahora bien, una cosa
no puede ser causa de sí misma. Porque, en cuanto causa, tendría que ser
anterior a sí misma en cuanto efecto. Y esto no es posible. Así, ninguna cosa
puede darse a sí misma el ser. Por consiguiente, unas causas son causadas por
otras. Pero en esta serie subordinada de causas eficientes no puede darse un
proceso hasta el infinito. Porque prolongar indefinidamente la serie no es dar
una explicación suficiente, luego, es necesario llegar a un término, que es una
Causa eficiente incausada y primera, de la cual dependen todas las demás. Y
esta causa primera es Dios.
• 3ª Vía de la contingencia: Ser
necesario es el que tiene en sí mismo su razón de existir, porque su esencia se
identifica con su existencia. Seres contingentes son aquellos que existen
después de no haber existido. Es decir, todo el conjunto de seres generales y
corruptibles pueden llegar a ser y dejar de ser. En ellos su esencia no se
identifica con la existencia, sino que su existencia es precedida y seguida por
la no-existencia, lo cual quiere decir que tienen la existencia no de manera
necesaria sino de manera contingente. Si en el mundo todas las cosas fueran
contingentes no podría existir nada. Por tanto, es preciso que exista un ser
necesario. Sobre este ser se plantea la pregunta de si su existencia es propia
o contingente, como no se puede alargar la cadena hasta el infinito debemos
afirmar la existencia de un ser necesario, que existe por sí mismo y que no recibido
su existencia de ningún otro. Y este ser necesario es Dios.
• 4ª Vía de los grados de perfección en
los seres: El punto de partida afirma que por experiencia hay perfecciones en
las cosas – bondad, belleza, verdad – realizadas en distintos grados. Ahora
bien, el más o el menos de esas perfecciones no tienen un sentido puramente
relativo. Las cosas son más o menos perfectas comparadas con un principio
absoluto según este criterio: Es decir, que poseen esa perfección en cuanto que
participan de un principio que es a la vez causa de esa perfección y que la
posee por esencia. Si los seres poseyeran esas perfecciones por esencia, las
poseerían íntegramente y en su grado más alto. Por tanto, si hay grados de
perfección en los seres, esto quiere decir que no tienen esas perfecciones
intrínsecamente y por esencia, sino extrínsecamente y por participación, es
decir, como causadas por otro ser que el principio de la perfección. Ese ser
que posee una perfección en toda su plenitud, no puede menos de ser uno y único
y poseerla toda ya que la tiene por esencia. Por consiguiente, si existen
diversos grados de perfección, es porque en el extremo de cada línea existe un
ser que posee en grado máximo esas perfecciones. Y esas líneas convergen y se
unifican en un solo ser perfectísimo: Dios.
• 5ª Vía teleológica: Su punto de
partida es el hecho de la experiencia de que existen seres que carecen de
conocimiento, y, sin embargo, obran por un fin. Es decir, que no obrar al azar,
sino de una manera fija y constante, cada uno en conformidad con su propia
naturaleza. Ahora bien, esa manera fija y constante de obrar en seres
desprovistos de conocimiento, y que, sin embargo tienden constantemente a un
fin, no se puede explicar por ellos mismos. Ordenar los medios a un fin
requiere conocimiento del fin. Por lo tanto, si esos seres no conocen el fin,
es preciso que sean orientados y dirigidos por otro ser inteligente. Es decir,
que en el universo debe existir una inteligencia directora y ordenadora de
todos los seres, la cual los dirige y orienta hacia sus fines particulares y
hacia el fin general del universo. No obstante, se puede preguntar si esa
inteligencia ordenadora se ordena a sí misma o es ordenada por otra. Podemos ir
ascendiendo en la escala de inteligencias ordenadoras, pero no hasta el
infinito. Por tanto es necesario llegar a una inteligencia ordenadora necesaria
y absoluta que ordene todas las cosas. Y esta inteligencia ordenadora suprema
es Dios.
A modo de conclusión decir que las cinco
vías, partiendo de principios distintos, llegan a la misma conclusión Dios y la
necesidad de su existencia.
Todas las vías siguen una estructura
lógica semejante. El punto de partida es un dato real de
experiencia, fijándose en distintos aspectos de la realidad del mundo físico;
en un segundo momento, introducen un principio metafísico (nada puede ser causa
de sí mismo, lo perfecto no puede tener su origen en algo menos perfecto…); en
el tercer momento coinciden en la afirmación de que en una serie causal concatenada
no se puede proceder indefinidamente sino que es necesario detenerse en un
término; y concluyen en la necesidad de la existencia de un ser supremo
trascendente, el cual es Dios.
Demostrada la existencia de Dios, Tomás
de Aquino dice que podemos acercarnos a su esencia a través de tres vías:
1. Vía de la negación: es la ya clásica
de la teología negativa desarrollada por los neoplatónicos, el Pseudo-Dionisio,
etc. En tanto Dios no es nada determinado se llega a Él diciendo de Él que no
es X, ni Y, ni Z, etc. Es la vía a que recurre frecuentemente la mística.
2. Vía de la eminencia: en tanto
cualquier cualidad positiva Dios la posee en grado sumo, se puede decir de Él
que es "infinitamente bueno", "infinitamente sabio",
"infinitamente poderoso”, etc.
3. Vía de la afirmación: se puede decir
positivamente de Dios que Él es lo que propiamente es, ya que a Él le
corresponde en mayor medida el ser (siguiendo las palabras del Éxodo: "Yo
soy el que soy").
Antropología
Mantiene la concepción hilemórfica,
según la cual el hombre es un compuesto de cuerpo y alma (el alma es la forma
sustancial del cuerpo). Pero, a diferencia de Aristóteles, Tomás de Aquino
considera que el alma es inmortal y creada por Dios. El alma tiene tres tipos
de capacidades: vegetativa, sensitiva e intelectual.
El alma es la forma sustancial única del
cuerpo. Esta es una de las tesis que más vigorosamente defiende Tomás de Aquino
frente a algunas corrientes de su tiempo, rechazando el pluralismo de formas.
Siendo el alma la forma sustancial del
cuerpo, se une a él directamente, sin necesidad de intermedio alguno. Tomás de
Aquino rechaza la opinión de que el alma se una al cuerpo mediante cualquier
tipo de intermediario. De esta afirmación podemos sacar varias consecuencias:
el alma está toda en todo cuerpo y toda en cada parte de él, en cuanto que,
como forma, está dando su determinación esencial a todo el compuesto.
El hombre, en el concepto tomista, es un
ser de naturaleza muy especial, situado en los confines de los dos mundos, el
material y el espiritual. Se compone de cuerpo material y de alma espiritual.
Por razón de su cuerpo coincide con los seres materiales y pertenece al mundo
sensible. Pero se distingue de todos ellos por su alma, que es una forma de
categoría superior, por la cual pertenece al mundo del espíritu.
El hombre es un microcosmos. En su
naturaleza se sintetizan todas las perfecciones de los seres inferiores, y a la
vez participa de las de los superiores, tendiendo a una semejanza más perfecta
con Dios, lo cual lo coloca en un lugar privilegiado en el orden de la
creación. El alma humana es perfectísima respecto de todos los seres
inferiores, pero a la vez ocupa el ínfimo lugar en la escala de las sustancias
intelectuales, teniendo que suplir con el conocimiento sensitivo las
deficiencias del intelectivo.
Según Tomás de Aquino el alma humana
solamente puede ser creada por Dios en cada caso particular. La creación es una
producción total de la sustancia de una cosa, sacándola de la nada sin ningún
sujeto preexistente. Solamente preexiste la causa eficiente: Dios.
Ética
La ética de Tomás de Aquino también
sufre la influencia aristotélica. Así, acepta el principio de que el hombre
tiene una naturaleza orientada a fines, y que el fin último al que están
orientadas las acciones humanas es la felicidad. Pero para Tomás la
felicidad plena sólo puede darse en el conocimiento de Dios. La felicidad se
identifica así con la salvación.
El orden natural se expresa a través de la
Ley Natural que es un conjunto de reglas que rigen la realidad natural. En
los seres irracionales la ley natural inscrita en su naturaleza determina su
comportamiento de manera pasiva y necesaria (por ejemplo, los instintos que
empujan a la supervivencia y reproducción de la especie). Para el hombre el
contenido básico de la Ley Natural el siguiente:
1.- La autoconservación de la vida. 2.- La
Propagación de la especie. 3.- Tendencia a la verdad absoluta. La verdad
absoluta es Dios. 3.- Tendencia a vivir en sociedad.
Sin embargo el ser humano es un ser con
libertad de elección y, por ello, puede optar por alejarse del bien y hacer el
mal. No obstante, el ser humano es también un ser racional, de modo que puede
llegar a conocer cual es el primer principio de la ley natural, inscrito en
todos los seres: “se ha de hacer el bien y evitar el mal” (Este principio
tiene, en el ámbito de la razón práctica, el mismo valor que los primeros
principios del conocimiento -identidad, no contradicción- en el ámbito de la
teórica). De este modo puede convertirlo en el criterio general de sus
decisiones morales: bueno es aquello acorde con mi naturaleza, es decir, con lo
dispuesto por Dios; haciendo el bien me acerco a Él (fin último del alma humana
para el cristiano), mientras que optando por el mal (contradiciendo a la
naturaleza) me alejo.
Si el hombre busca la felicidad que
reside en la salvación, es porque el hombre es un ser caído, está en el mal.
Tomás de Aquino concibe el mal como privación, al modo como se venía haciendo
desde los neoplatónicos y Agustín. Eso significa que el mal no es nada
sustancial, no le corresponde ninguno de los atributos -categorías- del ser
(porque de lo contrario, es decir, de tener el mal algún tipo de ser, y en tanto
todo ser procede de Dios, habría que suponer que Dios es el creador del mal).
El mal, por lo tanto, no es más que la falta de algo, de un bien. Tomás de
Aquino distingue entre el mal físico y el mal moral.
El mal físico, que es el dolor, es una
consecuencia de que Dios haya querido crear una naturaleza sensitiva. La
creación de tal naturaleza es algo positivo, pero ello implica necesariamente
la posibilidad del dolor.
En cuanto al mal moral, es debido al
libre albedrío del hombre. El orden moral es el orden de la libertad. La
libertad hace al hombre más perfecto, más parecido a Dios de lo que lo sería
sin ella, pero ello implica dotar al hombre de la posibilidad de elegir,
incluso de que elija el mal. Y en esto consiste el pecado y la caída, en una
elección del mal por parte del hombre.
Frente al pecado y la caída está la
virtud. La virtud consiste en un hábito de la razón, en una disposición
permanente para actuar de determinada manera que se forma mediante la
repetición de actos buenos. Y, al igual que para Aristóteles, la virtud
consiste en un término medio, de conformidad con la razón. Por su propia
naturaleza el hombre está en posesión de determinadas virtudes, que Tomás,
siguiendo a Aristóteles, divide en intelectuales y morales. Las virtudes intelectuales
se identifican con la práctica de las ciencias (por lo que Tomás de Aquino
vuelve a recuperar una vieja concepción griega que identificaba virtud con
saber). Las virtudes morales son numerosas, pero Tomás distingue entre ellas un
grupo, origen de todas las demás, a las que llama virtudes cardinales, que son:
la prudencia, la justicia, la fortaleza y la templanza.
Pero dado que para Tomás de Aquino el
hombre no es sólo un ser natural, sino también sobrenatural, necesita otro tipo
de virtudes que le permitan remontar su situación de caída, hacia la salvación.
A estas otras virtudes, que ya no provienen de su propia naturaleza sino que le
son dadas por la gracia, es decir, como un don gratuito de Dios, las llama
virtudes teologales, y son: la fe, la esperanza y la caridad.
Política
Como en la ética, parte de concepciones
aristotélicas: del análisis de la naturaleza humana y de que la actividad
humana está orientada a fines. Pero, al igual que en la ética, se aleja de la
concepción aristotélica en tanto considera que el hombre no se agota en su ser
natural, sino que está orientado a un fin sobrenatural (por lo que en el Estado
no se encuentra la autosuficiencia).
Para entender la teoría política de
Tomás de Aquino es necesario atender a su visión del ordenamiento de la
realidad. Tomás de Aquino distingue tres clases de leyes: la natural, la
positiva y la eterna. La ley natural dirige y ordena los actos de los seres
naturales para la adecuada realización de los bienes que les son propios.
Como ser racional que es, el hombre
puede descubrir por sí mismo las reglas que le permitan desarrollarse de
acuerdo con su naturaleza y con la naturaleza en general. Al conjunto de reglas
que regulan la naturaleza le llama Tomás la ley natural. Su contenido se deduce
del repertorio de las tendencias naturales del hombre. Básicamente son las
siguientes:
1. Como sustancia, el ser humano tiene
una tendencia natural a conservar su propia existencia.
2- Como animal tiene una tendencia
natural a propagar su especie.
3- Como ser racional, tiene una
tendencia natural a buscar la verdad (especialmente aquel tipo de verdades que
constituyen su fin último: Dios).
4- El hombre tiende, además, de modo
natural, a vivir en sociedad. Pero dado que es un ser racional puede organizar
esta convivencia en base a leyes igualmente racionales.
La ley natural nos empuja, pues, a vivir
en sociedad. Pero ésta sólo es posible si existen unas normas legales que
regulen la convivencia. Normas que son establecidas por los propios hombres. A
este conjunto de normas establecidas socialmente le llama ley positiva. Actúa
como una prolongación de la ley natural y nunca puede ir contra ella.
A su vez, ley positiva y ley natural se
hallan sometidas a la ley eterna, que es el ordenamiento a que ha sometido Dios
al universo. Esta ley somete a los seres físicos a un orden distinto que a los
hombres, ya que éstos se hallan regidos por una ley moral que respeta su
libertad.
Dentro de la sociedad o del Estado caben
varias formas de ordenación política en orden a la mejor consecución de su fin,
que es el bien común, al cual deben tender tanto gobernados como gobernantes.
Hay varias formas posibles de organización política de un Estado. Son buenos y
legítimos todos aquellos que son aptos por sí mismos para procurar el bien
común y conseguir el fin propio del Estado. Y malos son los que contribuyen a
lo contrario. Ninguno de ellos en un fin en sí misma. En abstracto y como
ideal, Tomás de Aquino, considera como mejor forma de gobierno la monarquía, en
el cual gobierna uno solo, a la manera de Dios (su opuesto es la tiranía). No
obstante también es legítima la aristocracia, la cual tiene la ventaja de que
unos pocos hombres, selectos pueden ver las cosas mejor que uno solo, pero
corre el peligro de caer en la oligarquía. También es legítima la democracia
que tiene la ventaja de que en ella se da una mayor libertad e igualdad de los
ciudadanos, pero corre el peligro de convertirse en anarquía. Para Tomás de
Aquino, en realidad, la mejor forma de gobierno es un sistema mixto donde se
reúnen las ventajas de las tres formas anteriores: unidad, selección de los
mejores y libertad e igualdad, respectivamente.
Tomás de Aquino considera, por tanto,
que lo ideal sería una monarquía si el monarca fuese el más perfecto de los
hombres, pero como no es fácil que eso suceda, considera que el Estado más
perfecto será, entonces, una combinación mixta de monarquía, aristocracia y
democracia, de modo que los diversos poderes hallen cierto equilibrio. La
monarquía funciona como fundamento de la unidad, la aristocracia gobierna la
administración, y en virtud de la democracia el pueblo elegirá a los
magistrados que representen sus intereses.
En tanto el fin de la Iglesia es
un fin sobrenatural, la Iglesia es una sociedad superior al Estado y
éste debe subordinarse a aquélla en lo concerniente a los asuntos de la vida
sobrenatural.