PLATÓN
Introducción a la filosofía platónica.
Platón
de Atenas, sin discusión uno de los grandes maestros de occidente, y
probablemente el verdadero fundador de la filosofía. Sus ideas
encontraron eco en sus discípulos, sobre todo Aristóteles, que pese a
haber formado una nueva escuela, y haber externado algún juicio crítico.
La influencia de Platón se siente a lo largo de la Edad Media y de la Modernidad, y aún la Filosofía Contemporánea. Y
no es que toda la filosofía post-platónica constituya notas a pie (“La
caracterización general más segura de la tradición filosófica europea es
que consiste en una serie de notas al pie a Platón” WHITEHEAD, Alfred
North. Process and reality, 1929), con relación a la obra de
pensamiento elaborado por el filósofo ateniense, sino que no se puede
realizar ninguna reflexión filosófica seria, en torno a temas como el
ser, la verdad, el Estado, el poder, la educación, el mundo de las ideas
y el lenguaje, sin visitar a Platón, ya sea para compartir su propuesta
filosófica, ya sea para confrontarla.
Platón nació en Atenas en el 427 a. C. y murió hacia el 347 a.
C. Vivió 81 años, llevando por calificativo o apodo el sobrenombre de
Platón (el de las espaldas anchas), pero su nombre originario fue
Aristocles. Como miembro de una familia aristocrática, en la que su
madre habría sido una discípula pitagórica, conjugó todas las
condiciones para llegar a realizar una gran obra: inteligencia, larga
vida y un propicio ambiente intelectual.
En la Carta VII,
confiesa haber tenido la intención de dedicarse a la política, pero la
muerte de Sócrates después de un proceso injusto, lo lanzó a la arena
filosófica.
Como
filósofo fue gran conocedor del pensamiento de su época, y por ello,
fueron muchas las influencias recibidas por él. Diógenes Laercio dice
que tres fueron las influencias recibidas por Platón, y que hizo una
especie de miscelánea filosófica de las opiniones de Heráclito, de los
pitagóricos y de Sócrates. Aristóteles, discípulo de Platón, coincide
con el testimonio de Diógenes. Podemos agregar la influencia del
eleatismo (Parménides y Zenón de Elea), en lo relativo a las ideas del
ser único, inmóvil y eterno, que Platón traslada a teoría de las ideas.
Veamos las influencias siguientes:
a- La influencia socrática.
Sócrates
no sólo influye sobre Platón con sus magníficas ideas filosóficas, sino
que su vida ejemplar y la valentía con que afrontó la muerte.
Si
es cierta la tesis aristotélica de que Sócrates fue el creador del
método inductivo y que fue el primero en dar definiciones, como parte
del esfuerzo por alcanzar lo universal, entonces la presencia de ambos
elementos en el pensamiento de Platón constituye una herencia socrática.
El gran helenista David Ross, en su obra, Teoría de las ideas de Platón dice claramente lo siguiente:
“Parece
que fueron las investigaciones socráticas sobre “qué es la virtud” “qué
es el valor”, etc., las que influyeron para que Platón admitiera la
existencia de universales, que constituían una clase especial de
entidades, a las que denominó Eidos o Ideas”
b- Heráclito
Desde
su juventud – dice Aristóteles – Platón se había familiarizado con
Crátilo, su primer maestro, y con las opiniones de Heráclito, según las
cuales,” todas las cosas sensibles, están sometidas a un flujo perpetuo,
y no pueden ser objeto de una ciencia”.
La
filosofía de Platón es un esfuerzo por huir de lo mutable e inmediato,
es un amor pasional por la ciencia, es una búsqueda de los caminos que
conducen a la “esencia inmutable, inaccesible a las vicisitudes de la
generación y la corrupción”
c-El pitagorismo
No
hay dudas de la influencia de Pitágoras y su escuela en la
configuración de muchas de las ideas metafísicas de Platón, así como del
papel conferido en su pedagogía a las matemáticas: “no entre aquí quien
no sepa geometría”, rezaba en el frontispicio de la Academia platónica.
Recuérdese aquí que la geometría era parte esencial del programa
educativo de la academia, en tanto ingrediente preparatorio para el
verdadero espíritu filosófico. “Por consiguiente viejo amigo, la
geometría atrae el alma hacia la verdad, forma en ella el espíritu
filosófico, obligándolo a dirigir a lo alto sus miradas, en lugar de
abatirlas, como suele hacerse sobre las cosas de este mundo”
La amistad y las relaciones intelectuales de Platón con los pitagóricos estuvo acompañada de la
asimilación
de muchos elementos doctrinales como son: la inmortalidad del alma y su
trasmigración, la práctica del ascetismo y el cultivo de las virtudes,
como medio para lograr la pureza del espíritu, y la función catártica de
la filosofía y su concepto, en tanto medio que nos ayuda a prepararnos
para la muerte.
d- La influencia de Parménides
Parménides,
figura central del eleatismo es el creador de una forma distinta de
entender el ser, que lo llevó a la tesis de la contradicción entre lo
percibido y lo pensado, a la separación entre el mundo de las ideas y el
de las cosas. Sus ideas en torno al ser son como siguen:
a) El ser es uno (negación de la multiplicidad)
b) El ser es eterno (increado)
c) El ser es inmóvil (contra el movimiento)
Pues
bien estas características del ser parmenídeo, Platón las traslada al
mundo de las ideas. De esta manera la realidad estable y permanente será
el mundo inteligible, del cual el sensible, como ya se ha dicho, es
simplemente sombra. Esta respuesta busca superar el movilismo de
Heráclito y rescatar el lado firme del ser de Parménides.
La teoría del conocimiento en Platón.
En
su libro República nos ofrecerá una explicación, la dialéctica, al
final del libro VI, basada en la teoría de las Ideas. En ella se
establecerá una correspondencia estricta entre los distintos niveles y
grados de realidad y los distintos niveles de conocimiento.
Fundamentalmente distinguirá Platón dos modos de conocimiento: la
“doxa” (“opinión” o conocimiento sensible) y la “episteme” (“ciencia” o
conocimiento inteligible). A cada uno de ellos le corresponderá un tipo
de realidad, la sensible y la inteligible, respectivamente. La “doxa”
presenta dos niveles: “pistis” (conjetura), cuando percibimos sólo el
reflejo o las sombras de las cosas; y “eikasia” (creencia), la
percepción directa de los objetos sensibles. La “episteme” (ciencia) se
subdivide en: “dianoia” (razón discursiva), conocimiento de los objetos
matemáticos (no sensibles); y “noesis” (intuición), la captación directa
que el alma racional hace de las ideas, es decir, de la verdad. El
verdadero conocimiento viene representado por la “episteme” (ciencia),
dado que es el único conocimiento que versa sobre lo universal. Este es
el saber propio del sabio, que habrá de entrenar su alma racional para
alcanzarlo: la dialéctica es para Platón ese entrenamiento, el paso
desde los conocimientos más imperfectos hasta el más perfecto, el de las
Ideas, dialéctica ascendente. Veamos el ejemplo del amor de El banquete:
En El Banquete pone
Platón en boca de Sócrates las distintas fases de esta “dialéctica del
amor": debemos iniciarnos en la aspiración absoluta de la Belleza empezando
por el anhelo por la belleza sensible, la belleza que se encuentra en
los cuerpos, para pasar a la comprensión de la belleza de las almas, la
belleza de las buenas acciones y de las leyes justas, la belleza de las
ciencias, la belleza de la filosofía y, finalmente la comprensión de la
existencia de una belleza absoluta o Idea de Belleza.
Pues
la dialéctica tiene dos direcciones. La dialéctica ascendente es la que
va del mundo sensible al inteligible, conociendo todas las ideas hasta
llegar a la idea suprema de bien. La dialéctica descendente es aquella
que, desde el mundo inteligible, desciende al mundo sensible para
aplicar en él el conocimiento de las ideas adquirido anteriormente.
Pero
ese conocimiento no parece fácil de lograr, es necesaria una vida
dedicada al saber. Aún así, siendo las ideas tan especiales y al parecer
tan alejadas del mundo que habita el hombre ¿puede el alma racional
llegar realmente a conocerlas? Esta dificultad es parcialmente salvada
por Platón gracias a la teoría de la reminiscencia (“anámnesis”) que
nos ofrece en sus diálogos Menón oFedón. Según ella el
alma, siendo inmortal, al abandonar el cuerpo es posible pensar que
entre en contacto con aquellos objetos de su misma naturaleza
(esenciales, inmateriales, eternos…), es decir, con las ideas. Ese alma,
al reencarnarse en otro cuerpo olvida lo aprendido, pero al entrar en
contacto con los objetos sensibles que son copia de las ideas, puede
“recordarlas” (incluso el hombre más indocto comprende que llamamos
bellas a cosas diferentes –una acción, una estatua, un amanecer…-porque
todas ellas coinciden en algo así como “la belleza”, aunque en principio
no sepa definirla). Aprender es, por lo tanto, recordar, de algún modo
el alma racional está “preparada” para la verdad (se halla en “nuestro
interior” como diría Sócrates, sólo hay que preparar nuestra razón para
sacarla a la luz).
ONTOLOGÍA (Teoría de la realidad)
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GNOSEOLOGÍA (Teoría del conocimiento)
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MUNDO INTELIGIBLE
CAUSA FORMAL
CAUSA EJEMPLAR
CAUSA FINAL
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IDEAS
-Son: SIMPLES, INMUTABLES, INMATERIALES, ETERNAS, UNIVERSALES.
-Estructura: I DE BIEN, I. DE BELLEZA, I. DE JUSTICIA, I. DE SER, I. DE UNO.
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INTUICIÓN INTELECTUAL
(“NOESIS”)
(“NOESIS” DIALÉCTICA: ASCENDENTE Y DESCENDENTE)
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CONOCIMIENTO INTELECTUAL, CTO. INTELIGIBLE O CIENCIA
(“EPISTEME”)
Conocer es conocer lo UNIVERSAL, CIENCIA.
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ENTIDADES MATEMÁTICAS.
|
RAZÓN DISCURSIVA:
(“DIANOIA”)
CTO. DE ENTIDADES MATEMÁTICAS
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MUNDO SENSIBLE
Génesis. Intervienen:
IDEAS: Como modelos.
DEMIURGO: Como hacedor.
MATERIA.
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COSAS SENSIBLES
O ENTES
PERECEDERAS, CAMBIANTES COMPUESTAS DE PARTES, PARTICULARES
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CREENCIA
(“EIKASIA”)
CTO. DIRECTO DEL MUNDO SENSIBLE.
.
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CONOCIMIENTO
SENSIBLE
(“DOXA”)
(OPINIÓN , NO CIENCIA)
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IMÁGENES O SOMBRAS DE LAS COSAS
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CONJETURA
(“PISTIS”)
CTO. INDIRECTO DEL MUNDO SENSIBLE
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La teología platónica.
La teología platónica había sido ya anticipada en la República,
pero de un modo muy esquemático y, además, ambiguo. En efecto, Platón
había insistido en tal diálogo en la idea suprema del Bien, la cual es
respecto al mundo inteligible como el Sol respecto al mundo sensible, de
tal modo que el Bien ilumina a aquel mundo por entero y es de tal
manera elevado que, como dice Platón en una ocasión, se halla "más allá
del ser", pudiendo con ello constituir el fundamento del ser y, con él
—en virtud de la característica identificación platónica de ser y
valor—, la belleza, la inteligencia y la bondad. Es posible considerar
que esta idea del Bien es equiparable a Dios. Pero es posible asimismo
negarlo. En cambio, las cuestiones teológicas se manifiestan de un modo
decisivo en el Timeo, el diálogo que ejerció tan constante influencia al final de la Antigüedad y durante toda la Edad Media. Se
trata, en rigor, como apuntamos, de una teología y de una cosmología — y
cosmogonía. En efecto, Platón presenta en el mismo al cosmos como algo
engendrado por una combinación de necesidad e inteligencia. Esta
combinación debe entenderse del siguiente modo: la inteligencia controla
a la necesidad y la persuade a que lleve siempre hacia el mejor
resultado posible la mayor parte de las cosas que llegan a ser. El orden
implica para el filósofo un plan determinado, es decir, una finalidad
determinada. La inteligencia es, pues, la que persuade a la necesidad
para la producción ordenada de las cosas. Ahora bien, esta inteligencia
es aquella norma sobre la cual se va a basar el demiurgo. El demiurgo
es, ciertamente, un Dios, pero un Dios que trabaja, como ha indicado
Victor Brochard, con los ojos fijos en los modelos de las ideas. (Su
actividad lo lleva a producir el alma del mundo por la mezcla de lo
Mismo y de lo Otro, el tiempo como medida ‘ordenada’ del universo y como
imagen móvil de la eternidad, el alma humana y la realidad física).
Puede decirse, pues, que el mundo ha sido hecho por el demiurgo de
acuerdo con las ideas mediante una combinación de lo determinado y lo
indeterminado a fin de sacar de esta combinación el mejor partido
posible. En la República (507 C, 530 A) Platón había hablado de un obrero o artífice de los sentidos y de uno de los cielos. EnSofistas. (265 C)
se calificaba al artífice de divino. Sin embargo, la teoría platónica
del obrero o artífice del mundo se encuentra expuesta con cierto detalle
solamente en el Timeo (especialmente 28 A - 31 A)
cuando el filósofo habla de un obrero, (traducido por artífice,
fabricador), que plasma el mundo teniendo sin cesar los ojos fijos sobre
el modelo de lo eterno y, por consiguiente, de lo bello. Este demiurgo
que ha contemplado el modelo eterno, que es la más perfecta de las
causas; ha producido el mundo en virtud de su bondad y carencia de
envidia, deseando que todas las cosas fuesen semejantes a él. Resultado
de su actividad ha sido el mundo como un ser viviente, provisto de alma y
de intelecto. El hecho de que el demiurgo no haya creado él mismo ni el
receptáculo del devenir ni los modelos del devenir no significa que sea
meramente el símbolo del orden del universo, no quiere decir que su
idea no represente algo que efectivamente "ha ocurrido".
Antropología: La concepción dual del hombre.
En
cuanto a la concepción de la naturaleza del hombre, Platón está
fuertemente influido por los pitagóricos y el orfismo. Al igual que
ellos lo considera un compuesto de:
Cuerpo:
es terrenal, y por tanto generable y corruptible. Es un obstáculo para
alcanzar el perfecto conocimiento de las Ideas; por lo que, por sí mismo
a lo más que puede aspirar es a ese conocimiento de segundo orden, que
Platón, siguiendo a Parménides, llama “doxa" (parecer, opinión).
Alma: después de su primer viaje a la Magna Grecia Platón
comienza a introducir en sus Diálogos la concepción de un alma inmortal
(idea procedente de los pitagóricos que la habían tomado, a su vez, del
orfismo. Según Platón el alma tiene su origen en el mundo de las Ideas.
Esta alma tiene tres partes con una facultad, o función, cada una: la
concupiscible o apetitiva, que es la facultad por la cual deseamos los
placeres; la irascible o volitiva, que es la facultad de la ira y de la
voluntad; sometidas ambas a la parte racional o “nous” (a veces ésta
aparece en los escritos platónicos como la única parte del alma que es
eterna), en la que reside la facultad del conocimiento. Cuando las
pasiones dominan y desobedecen al gobierno de la razón caen de ese mundo
inteligible y tienen que encarnarse en un cuerpo como castigo (Fedro).
De este modo, mítico otra vez, explica Platón cómo pasan las almas del
mundo inteligible, al que pertenecen, al mundo sensible. En el alma
reside, pues, el “nous”, la capacidad de conocimiento intelectual.
En el Fedro explica
Platón la naturaleza del alma a través de un mito, el del carro alado:
el alma habita originalmente la región supraceleste donde tiene la
posibilidad de contemplar las Ideas. Ahora bien, el alma es como un
tronco de caballos y un auriga (conductor). Uno de los caballos es dócil
y sigue las instrucciones del auriga, pero el otro, arrastrado por los
deseos, se muestra díscolo y finalmente, hace caer al carro. (En este
mito aparece desarrollada en forma simbólica la concepción platónica de
la naturaleza tripartita del alma -que aparecerá expuesta de modo claro
en diálogos posteriores- El caballo dócil simboliza la parte irascible o
volitiva del alma donde radica el valor y la voluntad; el caballo
díscolo simboliza la parte concupiscible o apetitiva del alma, donde
radica el deseo de placeres, y el auriga simboliza la parte racional del
alma). Una vez caída al mundo terrestre, sensible, el alma tendrá que
encarnarse en un cuerpo.
En algunos de sus libros (Fedro, República)
Platón acepta la tesis pitagórica de la reencarnación, según la cual el
alma se reencarnaría, al morir el cuerpo, en uno u otro elemento según
el tipo de vida que hubiese llevado en la reencarnación anterior.
Ética platónica.
Como
consecuencia de su división del mundo en mundo sensible y mundo
inteligible, el conocimiento del bien, del buen gobierno, de la
justicia, etc., ya no radica en meras definiciones, sino que tales cosas
tienen entidad por sí mismas: tienen su propio mundo al que pertenece
el alma inmortal humana. Como además el mundo inteligible pasa a ser el
auténticamente real, y el alma pertenece a ese mundo, ahora lo que
interesa sobre todo no será ningún tipo de éxito en nuestro mundo
físico, lo que interesa por encima de todas las cosas es, por decirlo
así, el éxito para el alma.
A
partir de aquí el término virtud adquiere, en Platón, tres sentidos,
que no se dan por separado sino vinculados a su teoría de las Ideas y a
su concepción del alma:
1.
Virtud como sabiduría: por influencia de Sócrates la virtud sigue
siendo considerada como sabiduría (sabiduría que sólo se alcanza en un
“ver” que realiza el alma a través del “nous”). Platón defiende, al
igual que su maestro Sócrates, un intelectualismo ético o moral: sólo
puede obrar bien quien conoce lo que es el bien. La diferencia es que
ahora el Bien, la Justicia, y demás, son considerados entidades subsistentes por sí mismas.
2.
Virtud como purificación: por influencia del orfismo y el pitagorismo
la virtud es considerada como purificación (por la cual el alma se
libera del cuerpo); con el orfismo surge la concepción del alma como
inmortal. Esta concepción es asumida por los pitagóricos que consideran
que el alma es inmortal y se reencarna tras la muerte del cuerpo, que es
concebido como una cárcel para el alma. Por todo ello, tanto el orfismo
como los pitagóricos consideran necesaria la purificación, entendiendo
por tal un proceso por el cual el alma se va liberando paulatinamente
del cuerpo. En el caso de Platón esta liberación tendría por objeto
último que el alma, ya enteramente libre, y sin necesidad de
reencarnarse en otro cuerpo, pudiera contemplar las Ideas.
3.
En virtud de su propia concepción tripartita del alma, la virtud es
considerada como justicia (entendiendo por tal una armonía entre las
facultades del alma). Platón sostiene que el alma tiene tres funciones
(a veces habla de tres almas distintas). Estas funciones son: la
concupiscible o apetitiva, la irascible o volitiva y la inteligible o
racional. Pues bien, a cada una de estas tres funciones le corresponde
su virtud particular. Tenemos así:
(1)
La templanza (“sophrosyne”): es la virtud propia del alma en su función
concupiscible; por ella el alma modera sus apetitos corporales.
(2)
La fortaleza o valor (“andreía”): es la virtud propia del alma en su
función irascible. Es la que mueve al alma a superar las dificultades en
su ascensión hacia el mundo de las ldeas.
(3)
La sabiduría o prudencia (“phrónesis”); es la virtud propia del alma en
su función racional. Es esta virtud la que acerca al alma al mundo de
las Ideas. (De nuevo aparece aquí la virtud como sabiduría, pero ahora
dentro de un esquema más general).
Cuando
se dan estos tres tipos de virtudes se da la justicia, que Platón,
siguiendo la concepción general que tiene el mundo griego de la
justicia, entiende como orden o armonía (en este caso entre las tres
funciones del alma). Pero la justicia no se da siempre, y ello puede
deberse fundamentalmente a dos motivos: 1) Cuando el alma en su función
concupiscible no cumple con su virtud específica, esto sucede siempre
que el individuo confunde el placer con la felicidad; 2) Cuando el alma
en su función irascible no cumple con su virtud específica, y esto
sucede siempre que los individuos confunden la ambición con la
felicidad.
Política platónica.
En
los primeros tiempos de constitución de las polis la participación en
los asuntos públicos ocupaba una buena parte del tiempo de la
aristocracia; más tarde con el triunfo de los sistemas democráticos, la
dedicación de una buena parte de sus vidas a los asuntos públicos se
extendió a todos los ciudadanos (categoría en la que no entran, ni las
mujeres ni los esclavos, ni los extranjeros residentes en las polis).
Para un griego de la época arcaica o clásica es inconcebible una vida
enteramente humana fuera de la polis. Y en esto Platón es un buen
griego; desde muy joven tuvo inquietudes políticas, y si renunció a una
participación activa en la vida política de Atenas se debió a su falta
de fe en los sistemas imperantes (después de comprobar cómo
sucesivamente la oligarquía y la democracia tenían comportamientos poco
virtuosos). Es en la polis, donde el hombre se realiza como tal, donde
alcanza la virtud, la excelencia, donde el hombre da lo mejor de sí. Sin
embargo, Platón introduce en su reflexión filosófica elementos poco
griegos, fundamentalmente la idea de un alma inmortal que hay que cuidar
(a pesar de toda la tradición órfica y pitagórica, estas ideas seguían
siendo un poco extrañas a la mentalidad griega); y en dependencia de su
concepción del alma pondrá Platón a la política.
Platón
no se limita a describir un Estado justo, sino que además elabora una
especie de filosofía de la historia que pretende mostrar el proceso de
corrupción a que se ve abocado todo gobierno. Veamos este proceso:
Aristocracia:
es la mejor forma de gobierno, es el gobierno de los mejores, de los
más justos y sabios. Pero acabará degenerando tarde o temprano; a
causa, por ejemplo, de una mala elección de los que han de gobernar. Los
nuevos gobernantes, que ya no estarán correctamente formados, se
aliarán con los guerreros para someter al pueblo y desproveerlo de sus
propiedades, dando origen así a la timocracia.
Timocracia:
es un tipo de gobierno intermedio entre la aristocracia y la
oligarquía. Como tal conserva algo de las virtudes del sistema
aristocrático, tales como el respeto por las leyes y los magistrados,
así como el valor propio de los guerreros. Pero no es un gobierno regido
por la sabiduría y la justicia sino por la ambición y la cólera,
propias del carácter de los guerreros. Esto les lleva a un afán de
riquezas y propiedades, lo que hará que finalmente sólo se les preste
atención a éstas, degenerando en una oligarquía, en un gobierno de los
ricos.
Oligarquía:
es aquel tipo de gobierno movido por la codicia y la avaricia. Arrastra
consigo múltiples vicios, tales como: (1) Se elige a los gobernantes en
función de la riqueza y no de la capacidad para dirigir el Estado. (2)
Genera una división en el seno del Estado entre dos clases enfrentadas:
ricos y pobres. (3) Los ricos tienden a acaparar cada vez más riqueza,
con lo que habrá cada vez más pobres, con sus secuelas de miseria e
inseguridad. Finalmente, las revueltas del pueblo acabarán instaurando
la democracia.
Democracia:
es el gobierno del pueblo. Es el tipo de gobierno regido por la
libertad. En principio puede parecer el más dulce de los gobiernos, pero
llevada a sus extremos la defensa de la libertad hace que toda forma de
poder sea vista como insufrible, por lo que no se respeta la autoridad
de los magistrados ni de las leyes. Sucede, además, que los más ricos
ven peligrar sus fortunas a manos de los demagogos que incitan al
reparto de bienes, por lo que conspiran continuamente contra la
democracia. Para acabar con esta situación de caos el pueblo encumbra a
alguien que se erige en su defensor dando origen así a la tiranía.
Tiranía:
surge como degeneración de la democracia. El pueblo pone el poder en
manos de un individuo para que imponga orden en el Estado y defienda sus
intereses contra los oligarcas. Pero una vez en el poder el protector
del pueblo, en cuyas manos se ha puesto una guardia, elimina a quienes
pueden estorbarle, y busca la forma de hacerse imprescindible para
mantenerse en el poder (por ejemplo, provocando guerras con otros
Estados). Se instaura así la tiranía, que impone el poder arbitrario en
el Estado, y acaba sometiendo a los ciudadanos como si fuesen esclavos.
En La república, y más tarde en las Leyes,
describe lo que habría de ser un Estado ideal. El fundamento de ese
Estado ideal habría de descansar en la virtud, entendida ahora como
justicia. Es decir, sólo cuando se da la justicia puede funcionar bien la Ciudad. Pero ya
hemos dicho que los griegos, y Platón entre ellos, entienden la
justicia como orden, como estar cada cosa en su lugar. Así, un alma es
justa cuando cada parte cumple la función que le corresponde, se
mantiene en su lugar. Pues bien, siguiendo el mismo esquema que había
aplicado a la descripción de las funciones del alma, el Estado Justo
debería estar compuesto por tres estamentos, cada uno de los cuales
cumpliendo con su misión específica:
1.
El de los agricultores, artesanos y comerciantes: Aquellos en los que
predomina el alma en su función concupiscible y en los que debe
predominar la templanza (“sophrosyne”) para moderar sus apetitos
corporales. Serán los encargados de producir los bienes necesarios para
la vida de toda la población. Serán los únicos que tengan derecho a
tener propiedad privada y familia.
2.
Los guerreros-guardianes: Aquellos en los que predomina el alma en su
función irascible y en los que debe predominar la fortaleza o valor
(“andreía”). Serán los encargados de defender a los ciudadanos de sus
enemigos. Serán elegidos de entre los ciudadanos más fuertes y
valerosos; el valor (“andreía”) ha de ser la virtud que los
caracterice.
3.
El de los gobernantes-filósofos: Aquellos en los que predomina el alma
en su función racional y en los que debe predominar la sabiduría o
prudencia (“phrónesis”). Serán los encargados de dirigir a los
ciudadanos. Serán elegidos de entre los guerreros más sabios y
prudentes. Tienen que tener un perfecto conocimiento del mundo de las
Ideas, ya que sólo quien conoce lo que es el Bien en sí, la Justicia en
sí, podrá ser realmente justo y bueno y dirigir a los demás por el
camino de la justicia. Ésta es la razón por la que los gobernantes han
de ser filósofos.
Cuando cada uno de estos estamentos cumpla con su virtud específica se dará la Justicia.
Aunque
este Estado ideal se desarrolla según una división en clases de la
sociedad, Platón considera que estos estamentos (al revés de como
funcionaba el sistema aristocrático tradicional) no deberían ser
estancos. La pertenencia o no pertenencia a un estamento no vendría dada
por herencia o la riqueza sino que, según las capacidades demostradas
desde niño. La educación de niños y niñas se hará por parte de la polis
(ciudad-estado), se educaría a los ciudadanos y según sus méritos
formarían parte de uno u otro estamento. Como novedad señalar que Platón
no excluye a las mujeres, como sí sucedía en la vida cotidiana de la
época, de su participación en la vida política o militar, por lo que
también éstas podrían formar parte de la casta gobernante o militar -en
caso de reunir las virtudes adecuadas-.
ALMAS O PARTES DEL ALMA
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VIRTUDES
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CLASES SOCIALES
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EL ALMA RACIONAL
|
SABIDURÍA O PRUDENCIA
Se alcanza con el conocimiento de las Ideas.
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GOBERNANTES (FILÓSOFOS)
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EL ALMA VOLITIVA O IRASCIBLE
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FORTALEZA
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GUERREROS O GUARDIANES
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EL ALMA APETITIVA O CONCUPISCIBLE
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TEMPLANZA
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TRABAJADORES O COMERCIANTES
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