jueves, 29 de octubre de 2015

Teología


“Teología” fue usada por primera vez en Filosofía por Platón, en la República, refiriéndose con ella al estudio sobre Dios. Según Grube (El pensamiento de Platón) el problema de lo divino está presente en Platón desde las primeras obras, aunque no hay un tratado dedicado a este tema. Ya en el Eutifrón acepta implícitamente que el mundo está gobernado por una voluntad divina, que lo gobierna con justicia. En estos primero diálogos, Platón mantiene una posición teológica convencional, admitiendo que hay dioses sobrenaturales, inmortales. Sin embargo, cuando escribe la República, en especial el libro VI, cambia esa concepción convencional de los dioses y describe la Idea Bien en sí mediante la analogía del Sol, diciendo que la Idea Bien en sí es respecto de las demás Ideas como el Sol respecto de los demás seres mundanos: fuente de cognoscibilidad. Es decir, la Idea Bien en sí es causa de que nosotros podamos conocer el resto de las Ideas, lo mismo que el Sol, con su luz, alumbra los objetos y es causa de que los podamos ver, conocer. La Idea Bien en sí es el supremo ser, esto ha llevado a muchos autores a interpretar que la Idea Bien en sí es el Dios de Platón, un Dios trascendente, no personal, eterno, autosuficiente, etc., características todas ellas que podemos reconocer como divinas. A favor de esta interpretación encontramos también el libro X y final de la República (596b-c, d-e), el cual contiene una detallada exposición de la teoría de las Ideas. No obstante lo anterior, debemos decir que en el Timeo se produce la aparición de un personaje mítico, el Demiurgo, que cumple funciones divinas respecto del mundo, del ámbito de lo mudable. El Demiurgo platónico es un artesano divino y benevolente, la personificación de la razón, que trabaja, como ha indicado Víctor Brochard (Estudios sobre Sócrates y Platón, Losada 1945), con los ojos fijos en los modelos de las Ideas para producir un cosmos bueno, bello e intelectualmente satisfactorio, a pesar de luchar contra las limitaciones de la materia. Platón no identifica el Demiurgo con la idea de Bien. Al proyectar las Ideas el Demiurgo configura el mundo físico, le da forma, le dota de orden, lo regula, hace que imite la inmutabilidad de las Ideas, en la medida de lo posible, pues la materia impone, también, sus condiciones. De esta manera, el Demiurgo introduce orden y razón en el mundo de la necesidad y del azar representados por la materia. Sin duda el Demiurgo es divino, pero inferior, según la opinión de la mayoría de los intérpretes, a las Ideas y, sobre todo, a la Idea Bien en sí. El demiurgo es el agente movilizador, dinamizador del mundo, la causa eficiente de que el mundo sea ordenado. Pero las Ideas son el modelo, el patrón imitado por las cosas del mundo, que participan, de ese modo, de lo eterno. Esas Ideas son, por tanto, causa formal del mundo. El Demiurgo es un ordenador del mundo, un configurador, pero no un creador, es un artesano racional que edifica el cosmos sobre principios geométricos. El Demiurgo es un ordenador, una inteligencia que dota de orden y armonía a lo que, de lo contrario, sería caótico y azaroso.

fuente:http://perso.wanadoo.es/jv12/p_ficha_teo.pdf

jueves, 15 de octubre de 2015

PLATÓN

Introducción a la filosofía platónica.
Platón de Atenas, sin discusión uno de los grandes maestros de occidente, y probablemente el verdadero fundador de la filosofía. Sus ideas encontraron eco en sus discípulos, sobre todo Aristóteles, que pese a haber formado una nueva escuela, y haber externado algún juicio crítico.
La influencia de Platón se siente a lo largo de la Edad Media y de la Modernidad, y aún la Filosofía Contemporánea. Y no es que toda la filosofía post-platónica constituya notas a pie (“La caracterización general más segura de la tradición filosófica europea es que consiste en una serie de notas al pie a Platón” WHITEHEAD, Alfred North. Process and reality, 1929), con relación a la obra de pensamiento elaborado por el filósofo ateniense, sino que no se puede realizar ninguna reflexión filosófica seria, en torno a temas como el ser, la verdad, el Estado, el poder, la educación, el mundo de las ideas y el lenguaje, sin visitar a Platón, ya sea para compartir su propuesta filosófica, ya sea para confrontarla.
Platón nació en Atenas en el 427 a. C. y murió hacia el 347 a. C. Vivió 81 años, llevando por calificativo o apodo el sobrenombre de Platón (el de las espaldas anchas), pero su nombre originario fue Aristocles. Como miembro de una familia aristocrática, en la que su madre habría sido una discípula pitagórica, conjugó todas las condiciones para llegar a realizar una gran obra: inteligencia, larga vida y un propicio ambiente intelectual.
En la Carta VII, confiesa haber tenido la intención de dedicarse a la política, pero la muerte de Sócrates después de un proceso injusto, lo lanzó a la arena filosófica.
Como filósofo fue gran conocedor del pensamiento de su época, y por ello, fueron muchas las influencias recibidas por él. Diógenes Laercio dice que tres fueron las influencias recibidas por Platón, y que hizo una especie de miscelánea filosófica de las opiniones de Heráclito, de los pitagóricos y de Sócrates. Aristóteles, discípulo de Platón, coincide con el testimonio de Diógenes. Podemos agregar la influencia del eleatismo (Parménides y Zenón de Elea), en lo relativo a las ideas del ser único, inmóvil y eterno, que Platón traslada a teoría de las ideas.


Veamos las influencias siguientes:

a- La influencia socrática.
Sócrates no sólo influye sobre Platón con sus magníficas ideas filosóficas, sino que su vida ejemplar y la valentía con que afrontó la muerte.
Si es cierta la tesis aristotélica de que Sócrates fue el creador del método inductivo y que fue el primero en dar definiciones, como parte del esfuerzo por alcanzar lo universal, entonces la presencia de ambos elementos en el pensamiento de Platón constituye una herencia socrática.
El gran helenista David Ross, en su obra, Teoría de las ideas de Platón dice claramente lo siguiente:
“Parece que fueron las investigaciones socráticas sobre “qué es la virtud” “qué es el valor”, etc., las que influyeron para que Platón admitiera la existencia de universales, que constituían una clase especial de entidades, a las que denominó Eidos o Ideas”

b- Heráclito
Desde su juventud – dice Aristóteles – Platón se había familiarizado con Crátilo, su primer maestro, y con las opiniones de Heráclito, según las cuales,” todas las cosas sensibles, están sometidas a un flujo perpetuo, y no pueden ser objeto de una ciencia”.
La filosofía de Platón es un esfuerzo por huir de lo mutable e inmediato, es un amor pasional por la ciencia, es una búsqueda de los caminos que conducen a la “esencia inmutable, inaccesible a las vicisitudes de la generación y la corrupción”

c-El pitagorismo
No hay dudas de la influencia de Pitágoras y su escuela en la configuración de muchas de las ideas metafísicas de Platón, así como del papel conferido en su pedagogía a las matemáticas: “no entre aquí quien no sepa geometría”, rezaba en el frontispicio de la Academia platónica. Recuérdese aquí que la geometría era parte esencial del programa educativo de la academia, en tanto ingrediente preparatorio para el verdadero espíritu filosófico. “Por consiguiente viejo amigo, la geometría atrae el alma hacia la verdad, forma en ella el espíritu filosófico, obligándolo a dirigir a lo alto sus miradas, en lugar de abatirlas, como suele hacerse sobre las cosas de este mundo”
La amistad y las relaciones intelectuales de Platón con los pitagóricos estuvo acompañada de la
asimilación de muchos elementos doctrinales como son: la inmortalidad del alma y su trasmigración, la práctica del ascetismo y el cultivo de las virtudes, como medio para lograr la pureza del espíritu, y la función catártica de la filosofía y su concepto, en tanto medio que nos ayuda a prepararnos para la muerte.

d- La influencia de Parménides
Parménides, figura central del eleatismo es el creador de una forma distinta de entender el ser, que lo llevó a la tesis de la contradicción entre lo percibido y lo pensado, a la separación entre el mundo de las ideas y el de las cosas. Sus ideas en torno al ser son como siguen:
a) El ser es uno (negación de la multiplicidad)
b) El ser es eterno (increado)
c) El ser es inmóvil (contra el movimiento)
Pues bien estas características del ser parmenídeo, Platón las traslada al mundo de las ideas. De esta manera la realidad estable y permanente será el mundo inteligible, del cual el sensible, como ya se ha dicho, es simplemente sombra. Esta respuesta busca superar el movilismo de Heráclito y rescatar el lado firme del ser de Parménides.


La teoría del conocimiento en Platón.
En su libro República nos ofrecerá una explicación, la dialéctica, al final del libro VI, basada en la teoría de las Ideas. En ella se establecerá una correspondencia estricta entre los distintos niveles y grados de realidad y los distintos niveles de conocimiento. Fundamentalmente distinguirá Platón dos modos de conocimiento: la  “doxa” (“opinión” o conocimiento sensible) y la “episteme” (“ciencia” o conocimiento inteligible). A cada uno de ellos le corresponderá un tipo de realidad, la sensible y la inteligible, respectivamente. La “doxa” presenta dos niveles: “pistis” (conjetura), cuando percibimos sólo el reflejo o las sombras de las cosas; y “eikasia” (creencia), la percepción directa de los objetos sensibles. La “episteme” (ciencia) se subdivide en: “dianoia” (razón discursiva), conocimiento de los objetos matemáticos (no sensibles); y “noesis” (intuición), la captación directa que el alma racional hace de las ideas, es decir, de la verdad. El verdadero conocimiento viene representado por la “episteme” (ciencia), dado que es el único conocimiento que versa sobre lo universal. Este es el saber propio del sabio, que habrá de entrenar su alma racional para alcanzarlo: la dialéctica es para Platón ese entrenamiento, el paso desde los conocimientos más imperfectos hasta el más perfecto, el de las Ideas, dialéctica ascendente. Veamos el ejemplo del amor de El banquete:

En El Banquete pone Platón en boca de Sócrates las distintas fases de esta “dialéctica del amor": debemos iniciarnos en la aspiración absoluta de la Belleza empezando por el anhelo por la belleza sensible, la belleza que se encuentra en los cuerpos, para pasar a la comprensión de la belleza de las almas, la belleza de las buenas acciones y de las leyes justas, la belleza de las ciencias, la belleza de la filosofía y, finalmente la comprensión de la existencia de una belleza absoluta o Idea de Belleza.

Pues la dialéctica tiene dos direcciones. La dialéctica ascendente es la que va del mundo sensible al inteligible, conociendo todas las ideas hasta llegar  a la idea suprema de bien. La dialéctica descendente es aquella que, desde el mundo inteligible, desciende al mundo sensible para aplicar en él el conocimiento de las ideas adquirido anteriormente.
Pero ese conocimiento no parece fácil de lograr, es necesaria una vida dedicada al saber. Aún así, siendo las ideas tan especiales y al parecer tan alejadas del mundo que habita el hombre ¿puede el alma racional llegar realmente a conocerlas? Esta dificultad es parcialmente salvada por Platón gracias a  la teoría de la reminiscencia (“anámnesis”) que nos ofrece en sus diálogos Menón oFedón. Según ella el alma, siendo inmortal, al abandonar el cuerpo es posible pensar que entre en contacto con aquellos objetos de su misma naturaleza (esenciales, inmateriales, eternos…), es decir, con las ideas. Ese alma, al reencarnarse en otro cuerpo olvida lo aprendido, pero al entrar en contacto con los objetos sensibles que son copia de las ideas, puede “recordarlas” (incluso el hombre más indocto comprende que llamamos bellas a cosas diferentes –una acción, una estatua, un amanecer…-porque todas ellas coinciden en algo así como “la belleza”, aunque en principio no sepa definirla). Aprender es, por lo tanto, recordar, de algún modo el alma racional está “preparada” para la verdad (se halla en “nuestro interior” como diría Sócrates, sólo hay que preparar nuestra razón para sacarla a la luz).


ONTOLOGÍA (Teoría de la realidad)
GNOSEOLOGÍA (Teoría del conocimiento)




MUNDO INTELIGIBLE


CAUSA FORMAL
CAUSA EJEMPLAR
CAUSA FINAL

IDEAS

-Son: SIMPLES, INMUTABLES, INMATERIALES, ETERNAS, UNIVERSALES.
-Estructura: I DE BIEN, I. DE BELLEZA, I. DE JUSTICIA, I. DE SER, I. DE UNO.


INTUICIÓN INTELECTUAL
(“NOESIS”)


(“NOESIS” DIALÉCTICA: ASCENDENTE Y DESCENDENTE)







CONOCIMIENTO INTELECTUAL, CTO. INTELIGIBLE O CIENCIA
(“EPISTEME”)

Conocer es conocer lo UNIVERSAL, CIENCIA.

ENTIDADES MATEMÁTICAS.


RAZÓN DISCURSIVA:
(“DIANOIA”)

CTO. DE ENTIDADES MATEMÁTICAS






MUNDO SENSIBLE



Génesis. Intervienen:

IDEAS: Como modelos.
DEMIURGO: Como hacedor.
MATERIA.




COSAS SENSIBLES
O ENTES

PERECEDERAS, CAMBIANTES COMPUESTAS DE PARTES, PARTICULARES

CREENCIA
(“EIKASIA”)

CTO. DIRECTO DEL MUNDO SENSIBLE.
                .










CONOCIMIENTO
SENSIBLE
(“DOXA”)
(OPINIÓN , NO CIENCIA)


IMÁGENES O SOMBRAS DE LAS COSAS



CONJETURA
(“PISTIS”)

CTO. INDIRECTO DEL MUNDO SENSIBLE


La teología platónica.
La teología platónica había sido ya anticipada en la República, pero de un modo muy esquemático y, además, ambiguo. En efecto, Platón había insistido en tal diálogo en la idea suprema del Bien, la cual es respecto al mundo inteligible como el Sol respecto al mundo sensible, de tal modo que el Bien ilumina a aquel mundo por entero y es de tal manera elevado que, como dice Platón en una ocasión, se halla "más allá del ser", pudiendo con ello constituir el fundamento del ser y, con él —en virtud de la característica identificación platónica de ser y valor—, la belleza, la inteligencia y la bondad. Es posible considerar que esta idea del Bien es equiparable a Dios. Pero es posible asimismo negarlo. En cambio, las cuestiones teológicas se manifiestan de un modo decisivo en el Timeo, el diálogo que ejerció tan constante influencia al final de la Antigüedad y durante toda la Edad Media. Se trata, en rigor, como apuntamos, de una teología y de una cosmología — y cosmogonía. En efecto, Platón presenta en el mismo al cosmos como algo engendrado por una combinación de necesidad e inteligencia. Esta combinación debe entenderse del siguiente modo: la inteligencia controla a la necesidad y la persuade a que lleve siempre hacia el mejor resultado posible la mayor parte de las cosas que llegan a ser. El orden implica para el filósofo un plan determinado, es decir, una finalidad determinada. La inteligencia es, pues, la que persuade a la necesidad para la producción ordenada de las cosas. Ahora bien, esta inteligencia es aquella norma sobre la cual se va a basar el demiurgo. El demiurgo es, ciertamente, un Dios, pero un Dios que trabaja, como ha indicado Victor Brochard, con los ojos fijos en los modelos de las ideas. (Su actividad lo lleva a producir el alma del mundo por la mezcla de lo Mismo y de lo Otro, el tiempo como medida ‘ordenada’ del universo y como imagen móvil de la eternidad, el alma humana y la realidad física). Puede decirse, pues, que el mundo ha sido hecho por el demiurgo de acuerdo con las ideas mediante una combinación de lo determinado y lo indeterminado a fin de sacar de esta combinación el mejor partido posible. En la República (507 C, 530 A) Platón había hablado de un obrero o artífice de los sentidos y de uno de los cielos. EnSofistas. (265 C) se calificaba al artífice de divino. Sin embargo, la teoría platónica del obrero o artífice del mundo se encuentra expuesta con cierto detalle solamente en el Timeo (especialmente 28 A - 31 A) cuando el filósofo habla de un obrero, (traducido por artífice, fabricador), que plasma el mundo teniendo sin cesar los ojos fijos sobre el modelo de lo eterno y, por consiguiente, de lo bello. Este demiurgo que ha contemplado el modelo eterno, que es la más perfecta de las causas; ha producido el mundo en virtud de su bondad y carencia de envidia, deseando que todas las cosas fuesen semejantes a él. Resultado de su actividad ha sido el mundo como un ser viviente, provisto de alma y de intelecto. El hecho de que el demiurgo no haya creado él mismo ni el receptáculo del devenir ni los modelos del devenir no significa que sea meramente el símbolo del orden del universo, no quiere decir que su idea no represente algo que efectivamente "ha ocurrido".

 Antropología: La concepción dual del hombre.
En cuanto a la concepción de la naturaleza del hombre, Platón está fuertemente influido por los pitagóricos y el orfismo. Al igual que ellos lo considera un compuesto de:
Cuerpo: es terrenal, y por tanto generable y corruptible. Es un obstáculo para alcanzar el perfecto conocimiento de las Ideas; por lo que, por sí mismo a lo más que puede aspirar es a ese conocimiento de segundo orden, que Platón, siguiendo a Parménides, llama “doxa" (parecer, opinión).
Alma: después de su primer viaje a la Magna Grecia Platón comienza a introducir en sus Diálogos la concepción de un alma inmortal (idea procedente de los pitagóricos que la habían tomado, a su vez, del orfismo. Según Platón el alma tiene su origen en el mundo de las Ideas. Esta alma tiene tres partes con una facultad, o función, cada una: la concupiscible o apetitiva, que es la facultad por la cual deseamos los placeres; la irascible o volitiva, que es la facultad de la ira y de la voluntad; sometidas ambas a la parte racional o “nous” (a veces ésta aparece en los escritos platónicos como la única parte del alma que es eterna), en la que reside la facultad del conocimiento. Cuando las pasiones dominan y desobedecen al gobierno de la razón caen de ese mundo inteligible y tienen que encarnarse en un cuerpo como castigo (Fedro). De este modo, mítico otra vez, explica Platón cómo pasan las almas del mundo inteligible, al que pertenecen, al mundo sensible. En el alma reside, pues, el “nous”, la capacidad de conocimiento intelectual.
  En el Fedro explica Platón la naturaleza del alma a través de un mito, el del carro alado: el alma habita originalmente la región supraceleste donde tiene la posibilidad de contemplar las Ideas. Ahora bien, el alma es como un tronco de caballos y un auriga (conductor). Uno de los caballos es dócil y sigue las instrucciones del auriga, pero el otro, arrastrado por los deseos, se muestra díscolo y finalmente, hace caer al carro. (En este mito aparece desarrollada en forma simbólica la concepción platónica de la naturaleza tripartita del alma -que aparecerá expuesta de modo claro en diálogos posteriores- El caballo dócil simboliza la parte irascible o volitiva del alma donde radica el valor y la voluntad; el caballo díscolo simboliza la parte concupiscible o apetitiva del alma, donde radica el deseo de placeres, y el auriga simboliza la parte racional del alma). Una vez caída al mundo terrestre, sensible, el alma tendrá que encarnarse en un cuerpo.
En algunos de sus libros (Fedro, República) Platón acepta la tesis pitagórica de la reencarnación, según la cual el alma se reencarnaría, al morir el cuerpo, en uno u otro elemento según el tipo de vida que hubiese llevado en la reencarnación anterior.

Ética platónica.
 Como consecuencia de su división del mundo en mundo sensible y mundo inteligible, el conocimiento del bien, del buen gobierno, de la justicia, etc., ya no radica en meras definiciones, sino que tales cosas tienen entidad por sí mismas: tienen su propio mundo al que pertenece el alma inmortal humana. Como además el mundo inteligible pasa a ser el auténticamente real, y el alma pertenece a ese mundo, ahora lo que interesa sobre todo no será ningún tipo de éxito en nuestro mundo físico, lo que interesa por encima de todas las cosas es, por decirlo así, el éxito para el alma. 
A partir de aquí el término virtud adquiere, en Platón, tres sentidos, que no se dan por separado sino vinculados a su teoría de las Ideas y a su concepción del alma:

1. Virtud como sabiduría: por influencia de Sócrates la virtud sigue siendo considerada como sabiduría (sabiduría que sólo se alcanza en un “ver” que realiza el alma a través del “nous”). Platón defiende, al igual que su maestro Sócrates, un intelectualismo ético o moral: sólo puede obrar bien quien conoce lo que es el bien. La diferencia es que ahora el Bien, la Justicia, y demás, son considerados entidades subsistentes por sí mismas. 

2. Virtud como purificación: por influencia del orfismo y el pitagorismo la virtud es considerada como purificación (por la cual el alma se libera del cuerpo); con el orfismo surge la concepción del alma como inmortal. Esta concepción es asumida por los pitagóricos que consideran que el alma es inmortal y se reencarna tras la muerte del cuerpo, que es concebido como una cárcel para el alma. Por todo ello, tanto el orfismo como los pitagóricos consideran necesaria la purificación, entendiendo por tal un proceso por el cual el alma se va liberando paulatinamente del cuerpo. En el caso de Platón esta liberación tendría por objeto último que el alma, ya enteramente libre, y sin necesidad de reencarnarse en otro cuerpo, pudiera contemplar las Ideas.
3. En virtud de su propia concepción tripartita del alma, la virtud es considerada como justicia (entendiendo por tal una armonía entre las facultades del alma). Platón sostiene que el alma tiene tres funciones (a veces habla de tres almas distintas). Estas funciones son: la concupiscible o apetitiva, la irascible o volitiva y la inteligible o racional. Pues bien, a cada una de estas tres funciones le corresponde su virtud particular. Tenemos así:
(1) La templanza (“sophrosyne”): es la virtud propia del alma en su función concupiscible; por ella el alma modera sus apetitos corporales.
(2) La fortaleza o valor (“andreía”): es la virtud propia del alma en su función irascible. Es la que mueve al alma a superar las dificultades en su ascensión hacia el mundo de las ldeas.
(3) La sabiduría o prudencia (“phrónesis”); es la virtud propia del alma en su función racional. Es esta virtud la que acerca al alma al mundo de las Ideas. (De nuevo aparece aquí la virtud como sabiduría, pero ahora dentro de un esquema más general).
Cuando se dan estos tres tipos de virtudes se da la justicia, que Platón, siguiendo la concepción general que tiene el mundo griego de la justicia, entiende como orden o armonía (en este caso entre las tres funciones del alma).  Pero la justicia no se da siempre, y ello puede deberse fundamentalmente a dos motivos: 1) Cuando el alma en su función concupiscible no cumple con su virtud específica, esto sucede siempre que el individuo confunde el placer con la felicidad; 2) Cuando el alma en su función irascible no cumple con su virtud específica, y esto sucede siempre que los individuos confunden la ambición con la felicidad.

Política platónica.
 En los primeros tiempos de constitución de las polis la participación en los asuntos públicos ocupaba una buena parte del tiempo de la aristocracia; más tarde con el triunfo de los sistemas democráticos, la dedicación de una buena parte de sus vidas a los asuntos públicos se extendió a todos los ciudadanos (categoría en la que no entran, ni las mujeres ni los esclavos, ni los extranjeros residentes en las polis). Para un griego de la época arcaica o clásica es inconcebible una vida enteramente humana fuera de la polis.  Y en esto Platón es un buen griego; desde muy joven tuvo inquietudes políticas, y si renunció a una participación activa en la vida política de Atenas se debió a su falta de fe en los sistemas imperantes (después de comprobar cómo sucesivamente la oligarquía y la democracia tenían comportamientos poco virtuosos). Es en la polis, donde el hombre se realiza como tal, donde alcanza la virtud, la excelencia, donde el hombre da lo mejor de sí. Sin embargo, Platón introduce en su reflexión filosófica elementos poco griegos, fundamentalmente la idea de un alma inmortal que hay que cuidar (a pesar de toda la tradición órfica y pitagórica, estas ideas seguían siendo un poco extrañas a la mentalidad griega); y en dependencia de su concepción del alma pondrá Platón a la política. 
 Platón no se limita a describir un Estado justo, sino que además elabora una especie de filosofía de la historia que pretende mostrar el proceso de corrupción a que se ve abocado todo gobierno. Veamos este proceso: 
Aristocracia: es la mejor forma de gobierno, es el gobierno de los mejores, de los más justos y sabios. Pero  acabará degenerando tarde o temprano; a causa, por ejemplo, de una mala elección de los que han de gobernar. Los nuevos gobernantes, que ya no estarán correctamente formados, se aliarán con los guerreros para someter al pueblo y desproveerlo de sus propiedades, dando origen así a la timocracia. 
Timocracia: es un tipo de gobierno intermedio entre la aristocracia y la oligarquía. Como tal conserva algo de las virtudes del sistema aristocrático, tales como el respeto por las leyes y los magistrados, así como el valor propio de los guerreros. Pero no es un gobierno regido por la sabiduría y la justicia sino por la ambición y la cólera, propias del carácter de los guerreros. Esto les lleva a un afán de riquezas y propiedades, lo que hará que finalmente sólo se les preste atención a éstas, degenerando en una oligarquía, en un gobierno de los ricos. 
Oligarquía: es aquel tipo de gobierno movido por la codicia y la avaricia. Arrastra consigo múltiples vicios, tales como: (1) Se elige a los gobernantes en función de la riqueza y no de la capacidad para dirigir el Estado. (2) Genera una división en el seno del Estado entre dos clases enfrentadas: ricos y pobres. (3) Los ricos tienden a acaparar cada vez más riqueza, con lo que habrá cada vez más pobres, con sus secuelas de miseria e inseguridad. Finalmente, las revueltas del pueblo acabarán instaurando la democracia. 
Democracia: es el gobierno del pueblo. Es el tipo de gobierno regido por la libertad. En principio puede parecer el más dulce de los gobiernos, pero llevada a sus extremos la defensa de la libertad hace que toda forma de poder sea vista como insufrible, por lo que no se respeta la autoridad de los magistrados ni de las leyes. Sucede, además, que los más ricos ven peligrar sus fortunas a manos de los demagogos que incitan al reparto de bienes, por lo que conspiran continuamente contra la democracia. Para acabar con esta situación de caos el pueblo encumbra a alguien que se erige en su defensor dando origen así a la tiranía. 
Tiranía: surge como degeneración de la democracia. El pueblo pone el poder en manos de un individuo para que imponga orden en el Estado y defienda sus intereses contra los oligarcas. Pero una vez en el poder el protector del pueblo, en cuyas manos se ha puesto una guardia, elimina a quienes pueden estorbarle, y busca la forma de hacerse imprescindible para mantenerse en el poder (por ejemplo, provocando guerras con otros Estados). Se instaura así la tiranía, que impone el poder arbitrario en el Estado, y acaba sometiendo a los ciudadanos como si fuesen esclavos. 

En La república, y más tarde en las Leyes, describe lo que habría de ser un Estado ideal. El fundamento de ese Estado ideal habría de descansar en la virtud, entendida ahora como justicia. Es decir, sólo cuando se da la justicia puede funcionar bien la Ciudad. Pero ya hemos dicho que los griegos, y Platón entre ellos, entienden la justicia como orden, como estar cada cosa en su lugar. Así, un alma es justa cuando cada parte cumple la función que le corresponde, se mantiene en su lugar. Pues bien, siguiendo el mismo esquema que había aplicado a la descripción de las funciones del alma, el Estado Justo debería estar compuesto por tres estamentos, cada uno de los cuales cumpliendo con su misión específica: 
1. El de los agricultores, artesanos y comerciantes: Aquellos en los que predomina el alma en su función concupiscible y en los que debe predominar la templanza (“sophrosyne”) para moderar sus apetitos corporales. Serán los encargados de producir los bienes necesarios para la vida de toda la población. Serán los únicos que tengan derecho a tener propiedad privada y familia.  
2. Los guerreros-guardianes: Aquellos en los que predomina el alma en su función irascible y en los que debe predominar la fortaleza o valor (“andreía”). Serán los encargados de defender a los ciudadanos de sus enemigos. Serán elegidos de entre los ciudadanos más fuertes y valerosos; el valor (“andreía”) ha de ser la virtud que los caracterice. 
3. El de los gobernantes-filósofos: Aquellos en los que predomina el alma en su función racional y en los que debe predominar la sabiduría o prudencia (“phrónesis”). Serán los encargados de dirigir a los ciudadanos. Serán elegidos de entre los guerreros más sabios y prudentes. Tienen que tener un perfecto conocimiento del mundo de las Ideas, ya que sólo quien conoce lo que es el Bien en sí, la Justicia en sí, podrá ser realmente justo y bueno y dirigir a los demás por el camino de la justicia. Ésta es la razón por la que los gobernantes han de ser filósofos.

Cuando cada uno de estos estamentos cumpla con su virtud específica se dará la Justicia.
 Aunque este Estado ideal se desarrolla según una división en clases de la sociedad, Platón considera que estos estamentos (al revés de como funcionaba el sistema aristocrático tradicional) no deberían ser estancos. La pertenencia o no pertenencia a un estamento no vendría dada por herencia o la riqueza sino que, según las capacidades demostradas desde niño. La educación de niños y niñas se hará por parte de la polis (ciudad-estado), se educaría a los ciudadanos y según sus méritos formarían parte de uno u otro estamento. Como novedad señalar que Platón no excluye a las mujeres, como sí sucedía en la vida cotidiana de la época, de su participación en la vida política o militar, por lo que también éstas podrían formar parte de la casta gobernante o militar -en caso de reunir las virtudes adecuadas-. 


ALMAS O PARTES DEL ALMA


VIRTUDES

CLASES SOCIALES

EL ALMA RACIONAL


SABIDURÍA O PRUDENCIA
Se alcanza con el conocimiento de las Ideas.


GOBERNANTES (FILÓSOFOS)


EL ALMA VOLITIVA O IRASCIBLE

FORTALEZA


GUERREROS O GUARDIANES


EL ALMA APETITIVA O CONCUPISCIBLE


TEMPLANZA

TRABAJADORES O COMERCIANTES







martes, 6 de octubre de 2015

SÓCRATES


SÓCRATES: PRESENTACIÓN (470-399 a. C.).
Sócrates, que se sepa, no escribió una sola línea y sin embargo es uno de los filósofos que dividen en dos la historia del pensamiento: antes de Sócrates y después de Sócrates, como sucederá mucho más adelante con Kant. Según su propia expresión, su misión era comparable a la de un tábano que pica al caballo para mantenerlo despierto: aguijoneando a los ciudadanos de Atenas para impedirles dormir satisfechos de su ignorancia.
Sócrates fue hijo de una comadrona, Faenarete, y de un escultor, Sofronisco, emparentado con Arístides el Justo. Pocas cosas se conocen con certeza de la biografía de Sócrates, aparte de que participó como soldado de infantería en las batallas de Samos (440), Potidea (432), Delio (424) y Anfípolis (422). Fue amigo de Aritias y de Alcibíades, al que salvó la vida.
La mayor parte de cuanto se sabe sobre él procede de tres contemporáneos suyos: el historiador Parte, el comediógrafo Aristófanes y el filósofo Platón. El primero retrató a Sócrates como un sabio absorbido por la idea de identificar el conocimiento y la virtud, pero con una personalidad en la que no faltaban algunos rasgos un tanto vulgares. Aristófanes lo hizo objeto de sus sátiras en una comedia, Las nubes (423), donde se le identifica con los demás sofistas y es caricaturizado como engañoso artista del discurso.
Estos dos testimonios matizan la imagen de Sócrates ofrecida por Platón en sus Diálogos, en los que aparece como figura principal, una imagen que no deja de ser en ocasiones excesivamente idealizada, aun cuando se considera que posiblemente sea la más justa.
Se tiene por cierto que Sócrates se casó, a una edad algo avanzada, con Xantipa, quien le dio dos hijas y un hijo. Cierta tradición ha perpetuado el tópico de la esposa despectiva ante la actividad del marido y propensa a comportarse de una manera brutal y soez. En cuanto a su apariencia, siempre se describe a Sócrates un hombre rechoncho, con un vientre prominente, ojos saltones y labios gruesos, del mismo modo que se como le atribuye también un aspecto desaliñado.




Se podría calificar a Sócrates como un sofista disidente, ya que comparte con los sofistas muchos rasgos de su pensamiento: su interés por los temas antropológicos, éticos y políticos, su dedicación a enseñar a los jóvenes -si bien se enorgullecía de no cobrar por sus enseñanzas-. Pero se separa de ellos en lo que se refiere al relativismo y escepticismo de los sofistas: Sócrates busca incansablemente verdades absolutas que fundamenten las decisiones morales y políticas, no acepta que la filosofía se reduzca al “arte de persuadir” y por lo tanto renuncia al arte de elaborar bellos discursos que convenzan a los ciudadanos.
Detrás de todo ello existen, sin duda, razones políticas. los sofistas eran los filósofos que demandaba la nueva sociedad democrática. Pero Sócrates ha tenido tiempo de desilusionarse de la democracia ateniense: después de las guerras del Peloponeso y la dictadura de los llamados Treinta Tiranos, proliferan las conspiraciones y la lucha de intereses personales, corrompiendo el régimen democrático de los primeros tiempos del siglo de oro (el siglo V a.C.). Probablemente Sócrates añora el antiguo esplendor de la polis y trata de restaurarla buscando un fundamento filosófico sólido que la decadencia y el oportunismo de los tiempos no le ofrecía. Y la consecuencia política de ese intento es su defensa de un régimen aristocrático, que no se refiere a la aristocracia que proporciona el dinero ni la nobleza del nacimiento sino a lo que indica la etimología de la palabra: gobierno de los mejores.
Sea como fuere, sus enseñanzas y su constante cuestionamiento a los poderosos de su tiempo irritaron a las clases dominantes hasta el punto de acusarle de impiedad y corrupción de la juventud. Con su conducta, Sócrates se granjeó enemigos que, en el contexto de inestabilidad en que se hallaba Atenas tras las guerras del Peloponeso, acabaron por considerar que su amistad era peligrosa para aristócratas como sus discípulos Alcibíades o Critias. Sócrates es sometido a juicio. Asume su propia defensa y la ejerce de un modo que fuerza al jurado a condenarlo a muerte; quizás si hubiera admitido su culpa y solicitado clemencia la pena hubiera sido menor. Fue condenado a beber cicuta después de que, en su defensa, hubiera demostrado la inconsistencia de los cargos que se le imputaban.
Según relata Platón en la Apología , Sócrates pudo haber eludido la condena, gracias a los amigos que aún conservaba, pero prefirió acatarla y morir, pues como ciudadano se sentía obligado a cumplir la ley de la ciudad, aunque en algún caso, como el suyo, fuera injusta; peor habría sido la ausencia de ley. Así que por respeto a las leyes de la polis se niega a aceptar un plan de fuga y espera el momento de la ejecución rodeado de sus discípulos y filosofando sobre la virtud y la inmortalidad del alma. Cuando llega el momento de beber el veneno lo hace con absoluta tranquilidad, convencido de que la muerte no es un mal sino un tránsito a una vida mejor, liberada de la servidumbre del cuerpo. 




Sócrates toma la cicuta (detalle de un óleo de Jacques-Louis David)


Lo que hemos dicho sobre Sócrates, y lo que diremos en adelante, está basado casi totalmente en lo que cuenta su discípulo Platón, que dedica varios libros -llamados diálogos- a su maestro. En  laApología de Sócrates narra el desarrollo del juicio y su condena, en el Critón su cautiverio y en elFedón sus últimos momentos y su muerte. Y en muchos otros Diálogos desarrolla su doctrina, poniendo su propia filosofía en boca de su maestro. ¿Hasta qué punto el retrato de Platón es fiel al Sócrates real? Nunca lo sabremos. Aristófanes -un autor teatral bastante irreverente- lo presenta como un viejo pedante y engreído. Jenofonte -un historiador de la época- coincide bastante con Platón. En cualquier caso, el Sócrates que ha pasado a la historia es el que nos legó Platón, y a él vamos a atenernos.

SÓCRATES: SU FILOSOFÍA.

Ironía y mayéutica.
La madre de Sócrates era comadrona. Y Sócrates solía bromear diciendo que su oficio era el mismo que el de su madre: sólo que en lugar de ayudar a parir niños, él ayudaba a dar a luz la verdad. Porque una de las ideas centrales del pensamiento socrático consiste en su afirmación de que la verdad habita en el interior de cada uno y sólo es necesario conocerse a sí mismo para encontrarla.
Al parecer, y durante buena parte de su vida, Sócrates se habría dedicado a deambular por las plazas y los mercados de Atenas, donde tomaba a las gentes del común (mercaderes, campesinos o artesanos) como interlocutores para sostener largas conversaciones, con frecuencia parecidas a largos interrogatorios. Este comportamiento correspondía, sin embargo, a la esencia de su sistema de enseñanza, la mayéutica.
El propio Sócrates comparaba tal método, como hemos dicho, con el oficio de comadrona que ejerció su madre: se trataba de llevar a un interlocutor a alumbrar la verdad, a descubrirla por sí mismo como alojada ya en su alma, por medio de un diálogo en el que el filósofo proponía una serie de preguntas y oponía sus reparos a las respuestas recibidas, de modo que al final fuera posible reconocer si las opiniones iniciales de su interlocutor eran una apariencia engañosa o un verdadero conocimiento.
En sus conversaciones filosóficas, al menos tal y como quedaron reflejadas en los Diálogos de Platón, Sócrates sigue, en efecto, una serie de pautas precisas que configuran el llamado diálogo socrático. A menudo comienza la conversación alabando la sabiduría de su interlocutor y presentándose a sí mismo como un ignorante: tal fingimiento es la llamada ironía socrática, que preside la primera mitad del diálogo. En ella, Sócrates proponía una cuestión (por ejemplo, ¿qué es la virtud?) y alababa la respuesta del interlocutor, pero luego oponía con sucesivas preguntas o contraejemplos sus reparos a las respuestas recibidas, sumiendo en la confusión a su interlocutor, que acababa reconociendo que no sabía nada sobre la cuestión.
Tal logro era un punto esencial: no puede enseñarse algo a quien ya cree saberlo. El primer paso para llegar a la sabiduría es saber que no se sabe nada, o, dicho de otro modo, tomar conciencia de nuestro desconocimiento. Una vez admitida la propia ignorancia, comenzaba la mayéuticapropiamente dicha: por medio del diálogo, con nuevas preguntas y razonamientos, Sócrates iba conduciendo a sus interlocutores al descubrimiento (o alumbramiento) de una respuesta precisa a la cuestión planteada, de modo tan sutil que la verdad parecía surgir de su mismo interior, como un descubrimiento propio.
La mayéutica, por lo tanto es el arte del diálogo, de una conversación en la cual Sócrates y su interlocutor o interlocutores comparten su ignorancia y buscan juntos el recuerdo de una verdad cuyo germen está en el alma de los dos. Pero para encontrar la verdad, el primer paso es convencerse de que no la conocemos, es decir, abandonar las falsas verdades que son fruto de la costumbre y la ignorancia. De ahí que el primer paso del método socrático consista en la ironía: cuestionar mediante hábiles preguntas al interlocutor para hacerle caer en la cuenta de su ignorancia y sus contradicciones, hasta que se convenza de lo primero que se necesita para aprender: reconocer que no se sabe. Al “saber que no sabe” su situación ha mejorado, ya que antes era ignorante sin saberlo. Pero no todos saben aprovechar este paso, y muchos de los interlocutores de Sócrates se sienten humillados y furiosos al ser víctimas de esta ironía del maestro.
La búsqueda que en los diálogos socráticos nunca termina, ya que lo que le interesa al maestro no consiste en encontrar verdades completas y definitivas sino indicar el camino para que cada uno sea capaz de buscarlas en su propio interior. Uno de los diálogos de Platón en que se muestra claramente este método de su maestro es el Menón. En él, Sócrates logra que un esclavo analfabeto resuelva un problema de geometría sin indicarle la solución, sólo orientándole con hábiles preguntas a buscar la solución por sí mismo, solución que se supone debía existir ya, aunque olvidada, en el alma del esclavo.

La virtud.

La sabiduría que el alma posee desde que nace es también la fuente de la bondad, de la vida moral. Porque el alma que conoce el bien necesariamente va a tratar de hacerlo realidad en su vida. La maldad, por lo tanto, no es más que ignorancia: todos buscamos el bien, pero el ignorante, el que ha olvidado en qué consiste, se equivoca y confunde el bien con el mal. Por lo tanto, lo que hay que hacer con el hombre malo es educarlo. Una vez que conozca el bien se sentirá inclinado a buscarlo en sus acciones, tal es la fuerza de esa idea suprema. Esta doctrina, conocida como elintelectualismo moral va a tener una enorme influencia en la historia, en particular en la historia de la educación.
El ser humano aspira a la felicidad, y hacia ello encamina sus acciones. Sólo una conducta virtuosa, por otra parte, proporciona la felicidad. Y de entre todas las virtudes, la más importante es la sabiduría, que incluye a las restantes. El que posee la sabiduría posee todas las virtudes porque, según Sócrates, nadie obra mal a sabiendas: si, por ejemplo, alguien engaña al prójimo es porque, en su ignorancia, no se da cuenta de que el engaño es un mal. El sabio conoce que la honestidad es un bien, porque los beneficios que le reporta (confianza, reputación, estima, honorabilidad) son muy superiores a los que puede reportarle el engaño (riquezas, poder, un matrimonio conveniente).
El ignorante no se da cuenta de ello: si lo supiese, cultivaría la honestidad y no el engaño. En consecuencia, el hombre sabio es necesariamente virtuoso (pues conocer el bien y practicarlo es, para Sócrates, una misma cosa). De esta concepción es preciso destacar que la virtud no es algo innato que surge espontáneamente en ciertos hombres, mientras que otros carecen de ella. Todo lo contrario: puesto que la sabiduría contiene las demás virtudes, la virtud puede aprenderse; mediante el entendimiento podemos alcanzar la sabiduría, y con ella la virtud.
Platón pone en boca de Sócrates los fundamentos filosóficos de este método, que abarcan una importante teoría del conocimiento, así como muchas otras afirmaciones de su filosofía sobre política, moral, estética y metafísica. Hoy resulta imposible separar claramente la doctrina del maestro y la del discípulo.


http://www.biografiasyvidas.com/biografia/s/socrates.htm