miércoles, 25 de marzo de 2015

NIETZSCHE


Introducción
Nietzsche (1884-1900) inicia su obra filosófica en polémica con el optimismo metafísico y el pesimismo schopenhaueriano: el hombre metafísico mantiene una actitud optimista ante la existencia, pero esto sólo lo consigue tras negar los aspectos trágicos de la existencia, refugiándose en un trasmundo ilusorio. Schopenhauer, por el contrario, descubre el carácter trágico de la existencia; descubre que el dolor, las contradicciones, son un componente esencial del mundo, pero ello le lleva al intento de negar todo impulso vital, predicando el ascetismo y una moral de la compasión. En ambos casos se condena a la vida desde una instancia superior. Pero Nietzsche pone a la vida como fundamento de todo. De ahí que ésta no pueda ser juzgada, porque ella es la instancia desde la que se debe juzgar todo. En esto radica el vitalismo de Nietzsche.
Wagner fue un compositor y dramaturgo alemán,  lector apasionado de la filosofía de Schopenhauer. Pretendió renovar la estética teatral de su tiempo con su concepción de la "obra de arte total", que había de mezclar música, poesía, escenografía y recitado. El joven Nietzsche, admirador de Wagner y amigo personal suyo y de su mujer Cósima (hija del también compositor Liszt), se dejó influir por los Wagner hasta el punto (más tarde se lamentaría de ello) de que acabó presentando su primer libro El nacimiento de la tragedia en el espíritu de la música, como una fundamentación filosófica de la obra del compositor. 
Desde el Renacimiento se había comenzado a revalorizar la cultura griega antigua. Pues bien, a partir de Goethe, y en gran medida por influencia suya, se va a producir en Alemania una nueva revalorización de la cultura clásica (especialmente de la cultura griega antigua y la cultura del renacimiento italiano). Algunos Burckhardt, autor de libros como La cultura del renacimiento en Italia, Historia de la cultura griega, fueron decisivos en la fascinación de Nietzsche por el mundo clásico y en la manera de encararse éste con dicha cultura. 
Nietzsche recurre a los dioses griegos Dionisos y Apolo como metáforas que simbolizan lo que Schopenhauer entiende por voluntad y representación. La fuerza creadora simbolizada en Nietzsche por Dionisos viene a coincidir con lo que Schopenhauer llama voluntad, pero mientras para Schopenhauer ésta viene a ser algo negativo que el hombre (el sabio, el artista, el asceta) debe esforzarse por vencer, el Dionisos nietzscheano tiene un sentido totalmente afirmativo. La vida, simbolizada por Dionisos, Dionisos es el dios griego de las pasiones tumultuosas, de la música, de la danza, de la embriaguez, de Ia sexualidad, etc.), es lo primero, lo más originario, y, por lo tanto, no puede ser juzgada ni desde la moral, ni desde la filosofía, ni desde ninguna otra instancia. La vida es lo primero y por lo tanto no admite nada sobre ella desde donde pueda ser juzgada. Es un valor por sí misma y si conlleva necesariamente el dolor habrá que asumirlo. De esta asunción alegre de la vida, incluido el dolor, nace la noción nietzscheana de “fuerza” y su crítica a la moral cristiana y a la moral socialista (morales de rebaño), a las que considera morales de esclavo, de individuos débiles.
Con el dios Apolo simboliza algo similar a lo que entendía Schopenhauer por representación. Apolo es el dios de la razón, de la claridad, del arte figurativo, del orden social, Y, en definitiva, de todo lo determinado y delimitado. Pero éste, siempre tiene a su base una vitalidad irracional no aprehensible en conceptos (de ahí  que se acuse con frecuencia a la filosofía de Nietzsche de implicar una defensa de la irracionalidad).
 Por otro lado, Nietzsche pretendía que esta visión trágica del mundo, que tiene como polos fundamentales a Apolo y Dionisos, es la que predominó en la Greciaantigua, anteriormente a Sócrates, que fue, a juicio de Nietzsche, el corruptor del pensamiento griego: Sócrates fue el que inició la sobrevaloración de lo racional, de lo conceptual, frente a la vivencia inmediata, a la pasión. (Con Sócrates nace la concepción del conocimiento según la cual el conocimiento lo es de lo universal, y con él nace también la intelectualización de la virtud). Platón a su vez consumaría esta destrucción de la cultura  trágica griega al introducir en la filosofía la división entre “mundo  sensible” y “mundo suprasensible”, y al poner el ser, el valor, y la  verdad, en este último. Tal división del mundo sería asumida y vulgarizada por el cristianismo que, al imponerse en el mundo occidental, corrompería de raíz toda su cultura.
La explicación del mundo a partir de dos principios irreconciliables es lo que se conoce como concepción trágica del mundo. La concepción "trágica”, asume que la vida es una permanente lucha de contrarios sin reconciliación posible. Suprimir los contrarios sería suprimir la vida (idea que ya hemos visto expresada en los pensadores presocráticos, sobre todo en Anaximandro y Heráclito).
Además esta lucha puede ser vista negativamente, y, como consecuencia, se condena a la vida (éste es el caso de Schopenhauer), o, por el contrario, la vida es puesta en primer término y por lo tanto se acepta con alegría la permanente lucha de contrarios; éste es el caso de Nietzsche, y, por ello, podemos calificar a su filosofía de "optimismo trágico" como hace el propio Nietzsche alguna vez (frente a la cual, la filosofía de Schopenhauer sería manifestación de un "pesimismo trágico"). 
Teoría del conocimiento o gnoseología nietzschiana. La crítica del conocimiento.
La metafísica de tradición platónico-cristiana hace corresponder a una realidad inmutable un conocimiento y una verdad igualmente inmutables: el conocimiento conceptual. Pero el concepto, dice Nietzsche, no sirve para conocer la realidad tal y como es. En su lugar, pretende poner la metáfora como más adecuada para referirse a aquélla. Así Apolo y Dionisos son metáforas, cuyo significado es múltiple, y no se pierde, por tanto, en un esquema fijo de representar la realidad. Esta negación del valor del concepto en favor de la metáfora implica también el poner al arte por encima de la ciencia. Nietzsche dice expresamente que él pretende desarrollar una "metafísica del artista". 
Frente al lenguaje de la razón, del concepto, propondrá el lenguaje de la imaginación, basado en la metáfora. Mientras que el lenguaje conceptual pretende ser un fiel reflejo de la realidad (quedando petrificada en él) el lenguaje metafórico respeta la pluriformidad y el movimiento de la realidad. El lenguaje conceptual es el de la lógica dogmática. El metafórico es el lenguaje del arte, de la vida, de la equivocidad, de la ambivalencia, de la belleza y, en definitiva, expresión de la libertad de la voluntad. A la nueva concepción de la realidad corresponde una nueva concepción de la verdad. La verdad no reside en el juicio, ni en la adecuación del intelecto con el objeto. Todos los juicios son falsos, en la medida que consisten en una "congelación" de un determinado aspecto de la realidad mediante el uso de conceptos. Siendo la realidad cambiante no podría dejarse encerrar por conceptos, que son estáticos, inmutables. Y siendo los conceptos la base de todos los juicios estos no pueden expresar ni captar la realidad, el devenir de lo real. Los conceptos no nos sirven para captar lo real, ni los juicios para expresar la verdad de lo real.
La verdad ha de ser un resultado de la intuición de lo real, de la captación directa de la realidad. Por ello, no podrá ser una verdad inmutable, y ni siquiera única, pues el mismo cambio de lo real no está exento de contradicciones.
Junto con el concepto, critica la matematización de la realidad (que nace de manos de la ciencia y la filosofía modernas, con Galileo y Descartes), ya que con ella se deja fuera de la ciencia, del saber, de lo real, aquellos valores de la vida que no son susceptibles de matematización, de reducción a cantidades. Tales como las pasiones, el amor creador, etc. 
Niega todo valor a la verdad en sí. La verdad debe estar, como el conocimiento, al servicio de la vida. Una forma de conocer que niegue la intensificación de la vida ha de ser rechazada. El engaño y la mentira pueden ser un valor positivo. Así, el arte es una forma de disfrazar la vida, pero con ello la intensifica (como vemos Nietzsche tiene una concepción del arte antitética con la de Schopenhauer, pues según éste, de modo similar a lo ya sostenido por Aristóteles, el arte es una especie de "calmante"), y por lo tanto es la forma más valorada por Nietzsche de expresión humana. 
Una tesis central en la teoría del conocimiento de Comte y los positivistas es la de que hay que atenerse a los puros hechos. Frente a esto Nietzsche sostiene que no hay puros hechos, que todo hecho es siempre fruto de una interpretación. Es decir, los hechos se dan siempre dentro de una previa concepción del mundo, de una teoría, o una manera afectiva de relacionarse con el mundo. Esto le lleva a Nietzsche a sostener que la psicología del propio observador también cuenta. 
Critica igualmente la usurpación de la ciencia por el Estado: el Estado es una máquina que todo lo nivela y que desprovee de vida a cuanto toca. Niega, asimismo, valor a la noción científica de progreso. El progreso sería, según Nietzsche, otro mito moderno con el que el hombre pretende huir de sí mismo, subordinando su vida a un quimérico futuro
Teología nietzschiana. La muerte de Dios.
El análisis de la trayectoria del pensamiento y la cultura occidentales le llevará a Nietzsche a constatar la muerte de Dios. Dios había sido la brújula del hombre occidental. Pero el hombre ha ido matando a Dios sin darse cuenta, expulsándolo poco a poco de su pensamiento y de su cultura. Al descubrir la muerte de Dios el hombre queda desorientado, su vida pierde el sentido.
La consumación del nihilismo se produce en la modernidad cuando Dios mismo y el mundo suprasensible pierden su valor. Esto lo simboliza Nietzsche con la expresión "Dios ha muerto". Con el término "Dios" se refiere a toda forma de realidad suprasensible (tanto el Dios cristiano, como el mundo de las Ideas platónico, o cualquier orden conceptual inteligible del mundo o futuro); y con la expresión “ha muerto" da un paso más allá del simple ateísmo para considerar a Dios como un valor que rige durante los dos últimos milenios y que finalmente se ha desvanecido. 
El nihilismo es una consecuencia del aniquilamiento de la voluntad, provocado por la metafísica (que desvaloriza el mundo) y por la moral (que condena toda acción interesada, frente a la que defiende un idealista mundo quimérico -sea el cielo, el deber por el deber, la sociedad socialista, etc.-). Ahora bien, Nietzsche encuentra dos aspectos distintos de nihilismo: 
Nihilismo en su aspecto negativo: constituye la esencia de la tradición platónica-cristiana. Es el que hemos visto hasta ahora. La metafísica, al someter a una devaluación al mundo sensible (el único real), arrastró consigo una voluntad de nada. Avocó al europeo a un vacío cuya máxima expresión se logra con la muerte de Dios en la modernidad. En este pasaje Nietzsche pretende mostrarnos cómo precisamente la muerte de Dios es el paso final que conduce al nihilismo, a una radical falta de sentido. El pueblo, la masa de los que no creen en Dios, no se ha dado cuenta todavía. Hacen bromas porque son superficiales, siguen haciendo su vida normal de todos los días y no han llegado a entender que si Dios ha muerto, el mundo se ha vuelto radicalmente diferente, pues, aquello que le daba sentido, “el sol en torno al que nos movíamos”, se ha desvanecido.
Nihilismo en su aspecto positivo: el propio nihilismo, que es una voluntad de negación, llevará, en último término, a negar los propios valores que conducen al nihilismo (la filosofía y la moral platónico-cristiana), por lo que se despejará el camino para la instauración de nuevos valores. Esta instauración de nuevos valores es asumida por Nietzsche como tarea personal en la parte de su obra que denomina "transvaloración de todos los valores". 
Antropología
Nietzsche propone un nuevo modo de entender el hombre, una nueva antropología. El hombre actual debe ser sustituido por el "superhombre", un hombre que haga de la afirmación de nuevos valores el eje de su vida. Lo único valioso que hay en el hombre actual es su carácter de "puente" hacia el superhombre. El tema del superhombre guarda una relación estricta con el de la muerte de Dios: el superhombre aparece cuando Dios es definitivamente expulsado del espacio que hasta entonces había usurpado, cubriendo el superhombre el vacío dejado por Dios. El hombre crea al superhombre al matar a Dios.
Mientras que el hombre actual es un ser domesticado, el superhombre es un ser libre, superior, autónomo; un animal que posee sus propios instintos, los comprende y los desarrolla en la voluntad de poder. Para alcanzar este estadio el hombre actual ha de recorrer un camino largo y no exento de dificultades: ha de experimentar un triple metamorfosis de su espíritu: de camello (animal sumiso) ha de convertirse en león (símbolo de la negación de todos los valores) y de león en niño (símbolo del superhombre que, superando la sumisión del camello y la autosuficiencia del león conquista la auténtica libertad.)
Este hombre nuevo sólo será posible con una nueva moral que surgirá de la transmutación generalizada de todos los valores vigentes. Las nociones morales de "Bien" y "Mal" como puntos de referencia objetivos y opuestos quedan desbordados por la nueva realidad. Los viejos valores racionales y suprasensibles son sustituidos por valores vitales y sensibles. El superhombre defiende la desigualdad, la jerarquía, el cambio, el experimento y el riesgo frente a la igualdad, la seguridad, que serían valores propios de la moral del "rebaño", una moral de esclavos, representada fundamentalmente por el cristianismo.
La moral tradicional, judeo-cristiana, es una moral de la "renuncia" y cuyos valores no se encuentran en esta vida, sino en otro mundo, en el verdadero, en el más allá. Esta moral se dirige contra los instintos vitales, ya que propone una evasión con respecto al hombre concreto y respecto al mundo real. En sus obras Nietzsche pretende analizar las raíces de las que brotan estos conceptos morales negativos. Realiza el análisis de lo moral entre los griegos y del giro que van sufriendo los conceptos morales en la dirección de alejarse de lo vital de lo que surgen, a partir de Sócrates y Platón. Si entre los primeros griegos la virtud era equivalente a la fuerza y "bueno" era el noble, el que despreciaba la debilidad y el miedo, a partir de Sócrates la virtud se convierte en renuncia a los placeres, pasiones, ambiciones, y el único bien que se admite es el de la "sabiduría". Con ello se inicia en Grecia la moral de "esclavos", gregaria y antivital.
Esta nueva moral se basa fundamentalmente en valores estéticos y sensibles, dejando de lado todas las preocupaciones metafísicas propias de la moral cristiana tradicional. Asimismo defiende una posición extremadamente individualista, frente al gregarismo de las morales tradicionales.
Ética nietzscheana
Nietzsche acusa a la moral platónico-cristiana de antinatural por ir en contra de los instintos vitales. Su centro de gravedad no está en este mundo, sino en el más allá, en la realidad en sí, o en el mundo sobrenatural del cristianismo. Se trata de una moral que no gira en torno al hombre, sino que le impone un rechazo de su naturaleza, una lucha constante contra sus impulsos vitales, por lo que significa un rechazo general de la vida, de la verdadera realidad del hombre, en favor de una ilusión generada por el resentimiento contra la vida. Tal moral es síntoma y expresión de la decadencia de la cultura occidental.
Nietzsche al criticar a la moral platónico-cristiana pretende establecer una nueva moral, nuevos valores, etc. Critica esa moral porque, según él, tiene tan nefastas consecuencias sobre la cultura occidental. 
Realiza el análisis de lo moral entre los griegos y del giro que van sufriendo los conceptos morales en la dirección de alejarse de lo vital de lo que surgen, a partir de Sócrates y Platón. Si entre los primeros griegos la virtud era equivalente a la fuerza y "bueno" era el noble, el que despreciaba la debilidad y el miedo, a partir de Sócrates la virtud se convierte en renuncia a los placeres, pasiones, ambiciones, y el único bien que se admite es el de la "sabiduría". Con ello se inicia en Grecia la moral de "esclavos", gregaria y antivital.
A fuerza de propugnar el “desinterés", la acción al servicio de entes meramente formales, de rechazar el egoísmo, la acción, en lo que tiene de más propio (que es, precisamente, su "interés", su hecho- sensible), se desvaloriza y condena al sujeto a una anemia de la voluntad. 
Nietzsche critica, asimismo, la moral de la compasión, base de la moral cristiana. Moral que, al identificarse con lo que en el hombre hay de sufriente, con la debilidad humana, colabora a debilitar la propia voluntad humana, preparando a los individuos para mejor acoplarse el rebaño, a la uniformización general. 
Nietzsche engloba bajo el término “moral” a la moral cristiana, a la moral kantiana del deber por el deber, a la moral socialista, etc.; en definitiva, a toda moral que enajene la acción del individuo en virtud de un mandato divino, de la sociedad, de la conciencia, etc. Esta moral, incapaz de asumir el sentido trágico del mundo, necesitaría un supramundo, un mundo suprasensible, en el que colocar la verdad, el bien, la vida (futura), etc.  A este tipo de moral la denomina moral de esclavos, de los débiles. 
Según la terminología nietzscheana, son “débiles” los incapaces de asumir el carácter trágico de la vida; y que, como consecuencia, necesitan de un trasmundo (el "mundo de las ldeas" platónico, el "cielo" cristiano, el "deber puramente formal" kantiano, la “sociedad igualitaria y feliz, del futuro” socialista, etc.), en el que refugiarse. “Esclavo” es, para Nietzsche, todo el que no es capaz de darse libremente su propia norma de actuación, todo el que sigue sistemas gregarios de moral (la moral de las iglesias, de los partidos, de la patria, o del Estado); por esta razón, a la moral de esclavos la denomina, también, moral de rebaño. 
Nietzsche propone una nueva moral, la moral de los señores, de los fuertes, basada fundamentalmente en valores estéticos y sensibles, dejando de lado todas las preocupaciones metafísicas propias de la moral cristiana tradicional. Asimismo defiende una posición extremadamente individualista, frente al gregarismo de las morales tradicionales.
La ontología (= ciencia del ser) tradicional, considera el ser como lo fijo, lo inmutable, eterno, etc. Nietzsche defiende una concepción del ser basada en las categorías opuestas, en lo dinámico, en el devenir. Para esta reinterpretación del ser introduce en la filosofía dos nuevas categorías:
(1) la Voluntad de poder: es la forma en como opera lo vivo, ejerciendo poder, pero teniendo en cuenta que la noción de “poder” en Nietzsche es muy similar a la de “crear”. La voluntad de poder expresa la esencia misma de la vida. La vida es voluntad permanente de crear nuevas formas. 
(2) El Eterno Retorno de lo Mismo: de él dirá que es “la máxima aproximación de ser y devenir". Eliminada toda hipótesis de una “creación" del mundo éste es eterno, no tiene principio ni fin temporal. No tiene principio porque no hay un creador, y no tiene fin porque, de tenerlo, en toda la eternidad que ha pasado ya se hubiera, inevitablemente, alcanzado. Sin embargo, el mundo es finito (el mundo es una relación de fuerzas, y el concepto de fuerza infinita es un absurdo porque no tendría sobre qué ejercerse), luego, llegará un momento en que todos los estados de cosas posibles ya se habrán dado y volverán a repetirse y no sólo una vez sino infinitas veces (pues el tiempo es eterno). Ahora bien, puesto que el tiempo no es más que una relación entre cosas, si un estado de cosas se repite, consecuentemente el tiempo mismo se repite, por lo que no tiene sentido decir que un estado de cosas actual volverá a darse dentro de X tiempo, sino que este tiempo mismo (este instante con todo lo que hay en él) es eterno. 
Esto significa: 1) que el ser es concebido como algo dinámico, vivo, ser y devenir coinciden; y 2) esto significa, también, que cada instante retorna eternamente, con lo que cada instante de nuestra vida es eterno, tiene un valor infinito, y por lo tanto no hay nada que pueda considerarse de un valor superior y a lo cual debamos subordinarlo.  En el momento en que el hombre pueda asumir que cada instante de su existencia tiene un valor infinito, tendrá que desechar toda mezquindad, todo resentimiento, y todo querer a medias. A este hombre que no subordina su vida a ningún trasmundo porque concibe cada instante de su vida como el valor en sí, es a lo que llama Nietzsche superhombre,  el hombre superior, el hombre trágico.
El superhombre es un ser libre, superior, autónomo; un animal que posee sus propios instintos, los comprende y los desarrolla en la voluntad de poder. El superhombre defiende la desigualdad, la jerarquía, el cambio, el experimento y el riesgo.

Nietzsche  propone, por tanto la moral de los señores frente a la de los siervos. Ésta se basa en la fe en sí mismos, el orgullo propio. Desprecian como malo todo aquello que es fruto de la cobardía, el temor, la compasión, todo lo que es débil y disminuye el impulso vital.

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