Tomás de Aquino
Introducción
La obra de Tomás
de Aquino es el resultado de la síntesis de la filosofía aristotélica con la
tradición filosófica y teológica del cristianismo y, en cuanto tal, representa
el momento cumbre de la Escolástica
cristiana.
La filosofía
escolástica abarca un gran periodo de tiempo que comienza aproximadamente en el
siglo IX y llega, incluso, a nuestros días. Los temas más importantes de la
filosofía escolástica antes del siglo XII son los siguientes: Relaciones
fe-razón, naturaleza de los universales, diferencias entre esencia y existencia
y las relaciones entre el creador y las criaturas. A partir del siglo XII se
produce un cambio en la filosofía escolástica-medieval debido al
redescubrimiento de la filosofía aristotélica. Que origina la construcción de
un gran sistema filosófico de corte aristotélico que supondrá la gran madurez
de la filosofía escolástica medieval: la filosofía de Tomás de Aquino.
Sus fuentes
fundamentales son:
I.- De S.
Agustín y de los neoplatónicos tomará el concepto de causalidad ejemplar y
acudirá al concepto de participación para explicar la relación entre el Creador
y las criaturas.
II.- De
Aristóteles retomará una gran cantidad de ideas.
• Psicología:
Acepta la concepción aristotélica del alma como forma y acto puro del cuerpo y
las facultades que Aristóteles atribuía al alma.
• Física y
ontología: Asume el movimiento como el paso del ser en potencia al ser en acto
, así como la distinción de los diferentes tipos de movimiento; la teoría
hilemórfica y la distinción entre substancia y accidentes; las cuatro causas
del movimiento a las que unirá la causa ejemplar; finalmente , la concepción
analógica del ser.
• Teología:
Tomará la demostración de la existencia de Dios basándose en el movimiento así
como la concepción de Dios como acto puro.
• Ética: El fin
del hombre es la felicidad y las normas morales se basan en la naturaleza
humana.
• Política: El
hombre es un ser social por naturaleza, sin embargo, Tomás de Aquino ya no
concibe a la Polis como
forma social por excelencia sino que piensa en los estados nacionales que
empiezan a configurarse en esa época.
III.- De Avicena
y de los pensadores musulmanes tomará la idea de la contingencia del mundo y la
segunda vía para la demostración de la existencia de Dios a partir del nuevo
concepto de causalidad eficiente.
IV.- También
encontramos influencias de mucho otros prensadores entre los que citamos los
siguientes: Séneca, Platón, Averroes, Ibn Salomón, Ibn Gabirol, Maimónides, S.
Juan Damasceno, S. Isidoro de Sevilla, S. Hilario de Poitiers, Boecio,
Pseudo-Dionisio, Pedro Lombardo, S. Buenaventura y S. Alberto Magno.
Teoría del conocimiento
A lo largo del
siglo trece, el desarrollo de la averroísmo latino había insistido, entre
otras, en la teoría de la “doble verdad”, según la cual habría una verdad para
la teología y una verdad para la filosofía, independientes una de otra, y cada
una con su propio ámbito de aplicación y de conocimiento. La verdad de la razón
puede coincidir con la verdad de la fe, o no. En todo caso, siendo
independientes, no debe interferir una en el terreno de la otra. Tomás de
Aquino rechazará esta teoría, insistiendo en la existencia de una única verdad,
que puede ser conocida desde la razón y desde la fe.
Sin embargo,
reconoce la particularidad y la independencia de esos dos campos, por lo que
cada una de ellas tendrá su objeto y método propio de conocimiento. La
filosofía se ocupará del conocimiento de las verdades naturales, que pueden ser
alcanzadas por la luz natural de la razón; y la teología se ocupará del
conocimiento de las verdades reveladas, de las verdades que sólo puede ser
conocidas mediante la luz de la revelación divina.
Uno de los
aspectos fundamentales de su filosofía son las relaciones fe-razón: Hay una
clara distinción entre fe y razón: Se distinguen: 1. Por algunos de sus
contenidos. 2. Por el método: la razón se vale de la abstracción, mientras que
la fe se vale de la revelación. Aunque hay cosas que se pueden conocer
simultáneamente a través de la razón y de la fe.
No hay
contradicción entre ambas: Dios es el autor de la misma fe y de la misma razón.
No tendría sentido que a través de un órgano de conocimiento llegásemos al
conocimiento de un tipo de verdades y a través del otro a otras verdades
contrarias y contradictorias a las anteriores.
Se admite un
tercer tipo de verdades a las que puede accederse desde los dos ámbitos:
preámbulos de la fe (la existencia y unidad de Dios, por ejemplo)
La confluencia
entre fe y razón se produce porque Dios ha revelado verdades que la razón podía
haber conocido por si sola. Esto se ha producido así porque hay un determinado
tipo de verdades que son necesarias para la salvación. Tales verdades pueden
ser descubiertas por la razón pero el proceso es complejo y no todos los
hombres están preparados para conseguirlo.
Ni la razón
-cuando la usamos correctamente- ni la revelación -puesto que tiene su origen en
Dios pueden engañarnos. De aquí resulta que, siempre que una conclusión
filosófica contradice al dogma, nos hallamos ante un signo cierto de que tal
conclusión es falsa. La razón, debidamente advertida, tiene que criticarse en
seguida a sí misma y encontrar el punto en que se ha producido el error. Puesto
que el desacuerdo en cuestión es un indicio de error, y ya que el error no
puede encontrarse en la revelación divina, es necesario que se encuentre en la
filosofía. Por tanto, o bien de mostraremos que esas filosofías se equivocan, o
mostraremos que han querido probar en una materia en que la prueba racional es
imposible, y donde, por consiguiente, la decisión debe pertenecer a la fe.
Para Tomás de
Aquino, como para Aristóteles, el conocimiento es ante todo conocimiento de lo
universal y de lo necesario y producido por las facultades del alma.
Diferenciará entre conocimiento sensible y conocimiento inteligible y admitirá
una doble función del entendimiento humano, agente y paciente. Junto a esto no
se puede olvidar que el objetivo central de la teoría del conocimiento es
explicar el paso del conocimiento sensible al conocimiento intelectual, su
conexión y colaboración para acceder a la realidad.
En el proceso de
conocimiento que expone Tomás de Aquino podemos observar, resumidamente, los
siguientes pasos:
• Las cosas
reales son captadas por nuestros sentidos, los cuales quedan impresionados.
Dicho encuentro entre la cosa y los sentidos origina lo que Tomás de Aquino
llama especie sensible impresa, sensación.
• La especie
sensible impresa (sensación) se almacena en la memoria en forma de imagen. La
imagen tiene un carácter particular. Las sensaciones quedan grabadas en la
imaginación y la memoria.
• Sobre esta
imagen actúa el entendimiento agente, o entendimiento en su función activa,
quedándose con la esencia y prescindiendo de los accidentes mediante el proceso
de abstracción. De esta forma la imagen se convierte en concepto, que tiene un
carácter universal.
• El
entendimiento paciente o pasivo, es pura potencia para conocer lo inteligible,
se hace acto al conocer el concepto.
• El
entendimiento paciente o pasivo aplica los conceptos a las imágenes sensibles
elaborando juicios (Todo juicio es un enlace entre Sujeto y Predicado por el
cual el predicado se dice del sujeto).
Teología
La “Suma
Teológica” se considera la obra cumbre de Tomás de Aquino, quien comienza en
ella su discurso planteando el problema teológico de la existencia de Dios,
pasando a continuación al tratamiento de otras cuestiones de carácter teológico
y, posteriormente, al estudio del ser creado. Y para este estudio es necesaria
una “ciencia” sobre la realidad creada: la Metafísica. La mayor parte de
la metafísica tomista procede de Aristóteles, aunque también hay elementos
procedentes del platonismo agustiniano y de la filosofía árabe.
Para Tomás de
Aquino (como para Aristóteles) la metafísica es la ciencia de las primeras
causas y principios del ser. Aceptará de la filosofía aristotélica la teoría de
las cuatro causas, la teoría de la sustancia y la teoría del acto y la
potencia. Pero la necesidad de conciliar el aristotelismo con el cristianismo
le llevará a introducir teorías platónicas como la de la participación, entre
otras. Así como una nueva estructura metafísica, utilizada ya por Avicena: la
de la distinción entre esencia y existencia.
La metafísica
aristotélica conduce a una interpretación del mundo difícilmente conciliable
con el cristianismo: el mundo es eterno, no ha sido creado, Dios es parte de
ese universo. ¿Cómo conciliar la eternidad del mundo con la creación cristiana?
¿Cómo conciliar ese esquema filosófico con la creencia de que hay una sustancia
suprema, y radicalmente distinta de todas las demás? La distinción que ya había
establecido Avicena entre la esencia y la existencia será la respuesta que
buscará Tomás de Aquino: habrá que distinguir en cada sustancia la esencia de
la existencia. Lo que una cosa es, su esencia, puede ser comprendido
independientemente de que esa cosa exista o no; e independientemente de su
existencia o no, la esencia se mantiene inalterable siendo lo que es.
La esencia
sería, pues, una cierta forma de ser en potencia: para existir tendría que ser
actualizada por otra entidad que le diese la existencia, ya que nada puede ser
causa de su propia existencia. Por lo tanto, todas las cosas que existen son un
compuesto de esencia y existencia. En ese sentido son contingentes, es decir no
tienen en sí mismas la necesidad de existir, pueden existir o no existir. ¿De
dónde les viene, pues, la existencia? Ha de proceder de otra sustancia que
exista eminentemente, es decir, de una sustancia cuya esencia consista en
existir y sea, por lo tanto, un ser necesario: Dios. Se establece así una
distinción o jerarquía entre los seres: los contingentes, los que reciben su existencia;
y el ser necesario, aquel en que la esencia y la existencia se identifican.
Se establece
pues una separación radical entre Dios y el mundo, haciendo del mundo una
realidad contingente, es decir, no necesaria, y que debe su existencia a Dios,
único ser necesario.
La proposición
“Dios existe” es una verdad evidente en sí misma sólo para Dios. Pero no lo es
para la inteligencia humana, es necesario demostrarla. ¿Pero qué tipo de
demostración? Tomás de Aquino rechazará el procedimiento de S. Anselmo, no
podemos partir de la idea de Dios, ya que eso es precisamente lo que se trata
de demostrar, lo que se trata de conocer. Optará por una demostración a
posteriori, es decir, partiendo de sus efectos. Partiendo de los seres que
conocemos, tomados como efectos, y remontarnos, a través de ellos, a su causa,
es decir, argumentando “a posteriori”. Esta es la estructura argumentativa de
las “cinco vías para la demostración racional de la existencia de Dios
Tomás de Aquino
propone cinco argumentos para demostrar la existencia de Dios
• 1ª Vía del
movimiento: El punto de partida es el hecho de experiencia del cambio o
movimiento en el mundo sensible. “Todo lo que se mueve, es movido por otro”. El
movimiento es un tránsito de la potencia al acto. Pero ese tránsito de la
potencia al acto no puede realizarlo el móvil por sí mismo. Porque tendría que
ser a la vez móvil y motor, dándose a sí mismo una perfección de la que carece.
Por tanto, la razón del movimiento no se encuentra dentro del móvil, sino que
hay que buscarla fuera de él, en un motor extrínseco. Ahora bien, respecto a
ese motor se plantea la misma pregunta: ¿es móvil o inmóvil?. Si es móvil
podíamos seguir la serie ascendente y concatenada de motores y de móviles, pero
no indefinidamente ya que no podemos llegar hasta el infinito. Finalmente hay
que llegar a un término el cual no puede ser otro que un Motor Inmóvil que
mueva sin ser movido. Y este es Dios.
• 2ª Vía de la
causalidad eficiente: El punto de partida es que vemos por experiencia que en
el mundo se dan series de causas eficientes, esencialmente subordinadas unas a
otras Ahora bien, una cosa no puede ser causa de sí misma. Porque, en cuanto
causa, tendría que ser anterior a sí misma en cuanto efecto. Y esto no es
posible. Así, ninguna cosa puede darse a sí misma el ser. Por consiguiente,
unas causas son causadas por otras. Pero en esta serie subordinada de causas
eficientes no puede darse un proceso hasta el infinito. Porque prolongar
indefinidamente la serie no es dar una explicación suficiente, luego, es
necesario llegar a un término, que es una Causa eficiente incausada y primera,
de la cual dependen todas las demás. Y esta causa primera es Dios.
• 3ª Vía de la
contingencia: Ser necesario es el que tiene en sí mismo su razón de existir,
porque su esencia se identifica con su existencia. Seres contingentes son
aquellos que existen después de no haber existido. Es decir, todo el conjunto
de seres generales y corruptibles pueden llegar a ser y dejar de ser. En ellos
su esencia no se identifica con la existencia, sino que su existencia es
precedida y seguida por la no-existencia, lo cual quiere decir que tienen la
existencia no de manera necesaria sino de manera contingente. Si en el mundo
todas las cosas fueran contingentes no podría existir nada. Por tanto, es
preciso que exista un ser necesario. Sobre este ser se plantea la pregunta de
si su existencia es propia o contingente, como no se puede alargar la cadena
hasta el infinito debemos afirmar la existencia de un ser necesario, que existe
por sí mismo y que no recibido su existencia de ningún otro. Y este ser
necesario es Dios.
• 4ª Vía de los
grados de perfección en los seres: El punto de partida afirma que por
experiencia hay perfecciones en las cosas – bondad, belleza, verdad –
realizadas en distintos grados. Ahora bien, el más o el menos de esas
perfecciones no tienen un sentido puramente relativo. Las cosas son más o menos
perfectas comparadas con un principio absoluto según este criterio: Es decir,
que poseen esa perfección en cuanto que participan de un principio que es a la
vez causa de esa perfección y que la posee por esencia. Si los seres poseyeran
esas perfecciones por esencia, las poseerían íntegramente y en su grado más
alto. Por tanto, si hay grados de perfección en los seres, esto quiere decir
que no tienen esas perfecciones intrínsecamente y por esencia, sino
extrínsecamente y por participación, es decir, como causadas por otro ser que
el principio de la perfección. Ese ser que posee una perfección en toda su
plenitud, no puede menos de ser uno y único y poseerla toda ya que la tiene por
esencia. Por consiguiente, si existen diversos grados de perfección, es porque
en el extremo de cada línea existe un ser que posee en grado máximo esas
perfecciones. Y esas líneas convergen y se unifican en un solo ser
perfectísimo: Dios.
• 5ª Vía
teleológica: Su punto de partida es el hecho de la experiencia de que existen
seres que carecen de conocimiento, y, sin embargo, obran por un fin. Es decir,
que no obrar al azar, sino de una manera fija y constante, cada uno en
conformidad con su propia naturaleza. Ahora bien, esa manera fija y constante
de obrar en seres desprovistos de conocimiento, y que, sin embargo tienden
constantemente a un fin, no se puede explicar por ellos mismos. Ordenar los
medios a un fin requiere conocimiento del fin. Por lo tanto, si esos seres no
conocen el fin, es preciso que sean orientados y dirigidos por otro ser
inteligente. Es decir, que en el universo debe existir una inteligencia
directora y ordenadora de todos los seres, la cual los dirige y orienta hacia
sus fines particulares y hacia el fin general del universo. No obstante, se
puede preguntar si esa inteligencia ordenadora se ordena a sí misma o es
ordenada por otra. Podemos ir ascendiendo en la escala de inteligencias ordenadoras,
pero no hasta el infinito. Por tanto es necesario llegar a una inteligencia
ordenadora necesaria y absoluta que ordene todas las cosas. Y esta inteligencia
ordenadora suprema es Dios.
A modo de
conclusión decir que las cinco vías, partiendo de principios distintos, llegan
a la misma conclusión Dios y la necesidad de su existencia.
Todas las vías
siguen una estructura lógica semejante. El punto de partida es un dato
real de experiencia, fijándose en distintos aspectos de la realidad del mundo
físico; en un segundo momento, introducen un principio metafísico (nada puede
ser causa de sí mismo, lo perfecto no puede tener su origen en algo menos
perfecto…); en el tercer momento coinciden en la afirmación de que en una serie
causal concatenada no se puede proceder indefinidamente sino que es
necesario detenerse en un término; y concluyen en la necesidad de la existencia
de un ser supremo trascendente, el cual es Dios.
Demostrada la
existencia de Dios, Tomás de Aquino dice que podemos acercarnos a su esencia a
través de tres vías:
1. Vía de la negación: es la ya clásica de la teología
negativa desarrollada por los neoplatónicos, el Pseudo-Dionisio, etc. En tanto
Dios no es nada determinado se llega a Él diciendo de Él que no es X, ni Y, ni
Z, etc. Es la vía a que recurre frecuentemente la mística.
2. Vía de la eminencia: en tanto cualquier cualidad positiva
Dios la posee en grado sumo, se puede decir de Él que es "infinitamente
bueno", "infinitamente sabio", "infinitamente poderoso”,
etc.
3. Vía de la afirmación: se puede decir positivamente de
Dios que Él es lo que propiamente es, ya que a Él le corresponde en mayor
medida el ser (siguiendo las palabras del Éxodo: "Yo soy el que
soy").
Antropología
Mantiene la concepción
hilemórfica, según la cual el hombre es un compuesto de cuerpo y alma (el alma
es la forma sustancial del cuerpo). Pero, a diferencia de Aristóteles, Tomás de
Aquino considera que el alma es inmortal y creada por Dios. El alma tiene tres
tipos de capacidades: vegetativa, sensitiva e intelectual.
El alma es la
forma sustancial única del cuerpo. Esta es una de las tesis que más
vigorosamente defiende Tomás de Aquino frente a algunas corrientes de su
tiempo, rechazando el pluralismo de formas.
Siendo el alma
la forma sustancial del cuerpo, se une a él directamente, sin necesidad de
intermedio alguno. Tomás de Aquino rechaza la opinión de que el alma se una al
cuerpo mediante cualquier tipo de intermediario. De esta afirmación podemos
sacar varias consecuencias: el alma está toda en todo cuerpo y toda en cada
parte de él, en cuanto que, como forma, está dando su determinación esencial a
todo el compuesto.
El hombre, en el
concepto tomista, es un ser de naturaleza muy especial, situado en los confines
de los dos mundos, el material y el espiritual. Se compone de cuerpo material y
de alma espiritual. Por razón de su cuerpo coincide con los seres materiales y
pertenece al mundo sensible. Pero se distingue de todos ellos por su alma, que
es una forma de categoría superior, por la cual pertenece al mundo del
espíritu.
El hombre es un
microcosmos. En su naturaleza se sintetizan todas las perfecciones de los seres
inferiores, y a la vez participa de las de los superiores, tendiendo a una
semejanza más perfecta con Dios, lo cual lo coloca en un lugar privilegiado en
el orden de la creación. El alma humana es perfectísima respecto de todos los
seres inferiores, pero a la vez ocupa el ínfimo lugar en la escala de las
sustancias intelectuales, teniendo que suplir con el conocimiento sensitivo las
deficiencias del intelectivo.
Según Tomás de
Aquino el alma humana solamente puede ser creada por Dios en cada caso
particular. La creación es una producción total de la sustancia de una cosa,
sacándola de la nada sin ningún sujeto preexistente. Solamente preexiste la causa
eficiente: Dios.
Ética
La ética de
Tomás de Aquino también sufre la influencia aristotélica. Así, acepta el
principio de que el hombre tiene una naturaleza orientada a fines, y que el fin
último al que están orientadas las acciones humanas es la felicidad. Pero para Tomás la felicidad plena sólo puede
darse en el conocimiento de Dios. La felicidad se identifica así con la
salvación.
El orden natural
se expresa a través de la Ley
Natural que es un conjunto de reglas que rigen la realidad
natural. En los seres irracionales la ley natural inscrita en su naturaleza
determina su comportamiento de manera pasiva y necesaria (por ejemplo, los
instintos que empujan a la supervivencia y reproducción de la especie). Para el
hombre el contenido básico de la Ley Natural el
siguiente:
1.- La
autoconservación de la vida. 2.- La
Propagación de la especie. 3.- Tendencia a la verdad absoluta.
La verdad absoluta es Dios. 3.- Tendencia a vivir en sociedad.
Sin embargo el
ser humano es un ser con libertad de elección y, por ello, puede optar por
alejarse del bien y hacer el mal. No obstante, el ser humano es también un ser
racional, de modo que puede llegar a conocer cual es el primer principio de la
ley natural, inscrito en todos los seres: “se ha de hacer el bien y evitar el
mal” (Este principio tiene, en el ámbito de la razón práctica, el mismo valor
que los primeros principios del conocimiento -identidad, no contradicción- en
el ámbito de la teórica). De este modo puede convertirlo en el criterio general
de sus decisiones morales: bueno es aquello acorde con mi naturaleza, es decir,
con lo dispuesto por Dios; haciendo el bien me acerco a Él (fin último del alma
humana para el cristiano), mientras que optando por el mal (contradiciendo a la
naturaleza) me alejo.
Si el hombre busca la felicidad
que reside en la salvación, es porque el hombre es un ser caído, está en el
mal. Tomás de Aquino concibe el mal como privación, al modo como se venía
haciendo desde los neoplatónicos y Agustín. Eso significa que el mal no es nada
sustancial, no le corresponde ninguno de los atributos -categorías- del ser
(porque de lo contrario, es decir, de tener el mal algún tipo de ser, y en
tanto todo ser procede de Dios, habría que suponer que Dios es el creador del
mal). El mal, por lo tanto, no es más que la falta de algo, de un bien. Tomás
de Aquino distingue entre el mal físico y el mal moral.
El mal físico, que es el dolor,
es una consecuencia de que Dios haya querido crear una naturaleza sensitiva. La
creación de tal naturaleza es algo positivo, pero ello implica necesariamente
la posibilidad del dolor.
En cuanto al mal moral, es debido
al libre albedrío del hombre. El orden moral es el orden de la libertad. La
libertad hace al hombre más perfecto, más parecido a Dios de lo que lo sería
sin ella, pero ello implica dotar al hombre de la posibilidad de elegir,
incluso de que elija el mal. Y en esto consiste el pecado y la caída, en una
elección del mal por parte del hombre.
Frente al pecado y la caída está
la virtud. La virtud consiste en un hábito de la razón, en una disposición
permanente para actuar de determinada manera que se forma mediante la
repetición de actos buenos. Y, al igual que para Aristóteles, la virtud
consiste en un término medio, de conformidad con la razón. Por su propia naturaleza
el hombre está en posesión de determinadas virtudes, que Tomás, siguiendo a
Aristóteles, divide en intelectuales y morales. Las virtudes intelectuales se
identifican con la práctica de las ciencias (por lo que Tomás de Aquino vuelve
a recuperar una vieja concepción griega que identificaba virtud con saber). Las
virtudes morales son numerosas, pero Tomás distingue entre ellas un grupo,
origen de todas las demás, a las que llama virtudes cardinales, que son: la
prudencia, la justicia, la fortaleza y la templanza.
Pero dado que para Tomás de
Aquino el hombre no es sólo un ser natural, sino también sobrenatural, necesita
otro tipo de virtudes que le permitan remontar su situación de caída, hacia la
salvación. A estas otras virtudes, que ya no provienen de su propia naturaleza
sino que le son dadas por la gracia, es decir, como un don gratuito de Dios,
las llama virtudes teologales, y son: la fe, la esperanza y la caridad.
Política
Como en la ética, parte de
concepciones aristotélicas: del análisis de la naturaleza humana y de que la
actividad humana está orientada a fines. Pero, al igual que en la ética, se
aleja de la concepción aristotélica en tanto considera que el hombre no se
agota en su ser natural, sino que está orientado a un fin sobrenatural (por lo
que en el Estado no se encuentra la autosuficiencia).
Para entender la teoría política
de Tomás de Aquino es necesario atender a su visión del ordenamiento de la
realidad. Tomás de Aquino distingue tres clases de leyes: la natural, la
positiva y la eterna. La ley natural dirige y ordena los actos de los seres
naturales para la adecuada realización de los bienes que les son propios.
Como ser racional que es, el
hombre puede descubrir por sí mismo las reglas que le permitan desarrollarse de
acuerdo con su naturaleza y con la naturaleza en general. Al conjunto de reglas
que regulan la naturaleza le llama Tomás la ley natural. Su contenido se deduce
del repertorio de las tendencias naturales del hombre. Básicamente son las
siguientes:
1. Como
sustancia, el ser humano tiene una tendencia natural a conservar su propia
existencia.
2- Como animal
tiene una tendencia natural a propagar su especie.
3- Como ser
racional, tiene una tendencia natural a buscar la verdad (especialmente aquel
tipo de verdades que constituyen su fin último: Dios).
4- El hombre
tiende, además, de modo natural, a vivir en sociedad. Pero dado que es un ser
racional puede organizar esta convivencia en base a leyes igualmente
racionales.
La ley natural nos empuja, pues,
a vivir en sociedad. Pero ésta sólo es posible si existen unas normas legales
que regulen la convivencia. Normas que son establecidas por los propios
hombres. A este conjunto de normas establecidas socialmente le llama ley
positiva. Actúa como una prolongación de la ley natural y nunca puede ir contra
ella.
A su vez, ley positiva y ley
natural se hallan sometidas a la ley eterna, que es el ordenamiento a que ha
sometido Dios al universo. Esta ley somete a los seres físicos a un orden
distinto que a los hombres, ya que éstos se hallan regidos por una ley moral
que respeta su libertad.
Dentro de la sociedad o del
Estado caben varias formas de ordenación política en orden a la mejor
consecución de su fin, que es el bien común, al cual deben tender tanto
gobernados como gobernantes. Hay varias formas posibles de organización
política de un Estado. Son buenos y legítimos todos aquellos que son aptos por
sí mismos para procurar el bien común y conseguir el fin propio del Estado. Y
malos son los que contribuyen a lo contrario. Ninguno de ellos en un fin en sí
misma. En abstracto y como ideal, Tomás de Aquino, considera como mejor forma
de gobierno la monarquía, en el cual gobierna uno solo, a la manera de Dios (su
opuesto es la tiranía). No obstante también es legítima la aristocracia, la
cual tiene la ventaja de que unos pocos hombres, selectos pueden ver las cosas
mejor que uno solo, pero corre el peligro de caer en la oligarquía. También es
legítima la democracia que tiene la ventaja de que en ella se da una mayor
libertad e igualdad de los ciudadanos, pero corre el peligro de convertirse en
anarquía. Para Tomás de Aquino, en realidad, la mejor forma de gobierno es un
sistema mixto donde se reúnen las ventajas de las tres formas anteriores:
unidad, selección de los mejores y libertad e igualdad, respectivamente.
Tomás de Aquino considera, por
tanto, que lo ideal sería una monarquía si el monarca fuese el más perfecto de
los hombres, pero como no es fácil que eso suceda, considera que el Estado más
perfecto será, entonces, una combinación mixta de monarquía, aristocracia y
democracia, de modo que los diversos poderes hallen cierto equilibrio. La
monarquía funciona como fundamento de la unidad, la aristocracia gobierna la
administración, y en virtud de la democracia el pueblo elegirá a los magistrados
que representen sus intereses.
En tanto el fin de la Iglesia es un fin sobrenatural, la Iglesia es una sociedad superior al
Estado y éste debe subordinarse a aquélla en lo concerniente a los asuntos de
la vida sobrenatural.
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