DESCARTES
Introducción
En los siglos XVII y XVIII se asiste al
nacimiento del mundo moderno, cuyas bases se habían ido estableciendo ya a lo
largo del siglo XVI. El mundo moderno trae consigo una nueva ciencia, una nueva
manera de hacer filosofía, y nuevas formas de organización política
(constitución de Estados nacionales bajo gobiernos absolutistas o
parlamentarios
La revolución científica, puesta en marcha por
Copérnico, Kepler y Galileo, culmina, a finales del siglo XVIl, principios del
XVIII, con Newton. Con ello, la física aristotéIica y escolástica queda
definitivamente arrumbada, y se completa la imagen mecánico-corpuscular de la
naturaleza, cuyas leyes se escriben en lenguaje matemático.
En lo que respecta a la filosofía se produce,
de manos de Descartes, un giro subjetivista (es decir, idealista): el mundo, la
realidad en sí, no se conoce directamente. El hombre sólo puede conocer
directamente aquello que se encuentra en su propio entendimiento, en la
conciencia, es decir, las ideas. La relación del entendimiento con el mundo se
vuelve problemática.
En la
filosofía moderna se produce un cambio a través del cual se llega a la
consideración de que el ser de las cosas (de los entes) se da en el entendimiento,
en la conciencia. Podemos considerar a Descartes el fundador de la filosofía
moderna (y no a Cusa, ni a Galileo) porque es él el primero que se da cuenta de
este cambio y el primero que le da una expresión filosófica.
Sobre la verdad: toda la filosofía posterior a
Tomás de Aquino entiende la verdad como adecuación del entendimiento a la cosa.
Descartes también lo hace así, pero, para Descartes, la cosa también es algo del
entendimiento. Es decir, hemos visto que a partir de Galileo (y ya, incluso, a
partir de Nicolás de Cusa) el saber consiste en una reducción de lo físico a
hipótesis matemáticas (elaboradas por el entendimiento). Luego, una vez
reducida la cosa a hipótesis matemáticas se la ha reducido a entendimiento. La
verdad será entonces una adecuación de algo del entendimiento a algo del entendimiento.
Descartes llama a esta adecuación certeza. La verdad se dará cuando en los
procedimientos mentales se dé una imposibilidad de dudar.
Teoría del conocimiento o gnoseología.
La
metafísica (que es entendida ahora, en primer lugar, como teoría del
conocimiento) tendrá por misión, para Descartes, explicar cómo podemos estar
seguros de que algo es un conocimiento válido, es decir, una certeza (en otras
palabras, cómo podemos tener la seguridad de que estamos ante un verdad).
Descartes
encuentra que la certeza va acompañada siempre de dos notas características: la
claridad y la distinción.
Una vez
definido el saber como certeza podemos ver, fácilmente, por qué las matemáticas
se convierten en el modelo de ciencia. Porque en sus procedimientos opera siempre
con certezas. Por el contrario, las ciencias empíricas dependen de los
sentidos, que sólo nos dan conocimientos confusos.
Tras un
somero examen del modo de proceder de las matemáticas podemos descubrir que se
atiene a los siguientes pasos: a partir de una serie de elementos simples
(puntos, líneas, superficies, etc.), por deducción, desarrollamos
demostrativamente todo el resto del saber (todo el campo de las matemáticas).
Los elementos simples de que partíamos serán tomados como base porque se muestran
como evidentes. Así, ante la noción de triángulo, el entendimiento "ve'
como evidente que es una superficie cerrada por tres líneas. En tanto evidente
es algo cierto, es decir, claro y distinto.
El proceso que nos pone ante algo inmediato,
perfectamente determinable, claro y distinto es la intuición. Intuición es la
aprehensión inmediata de algo. Esta intuición puede ser sensible o intelectual.
Puesto que, para Descartes, lo sensible es siempre confuso, se quedará
únicamente con una intuición de tipo intelectual.
Ahora bien, para llegar a esto simple,
intuido, a veces es necesario un análisis previo que descomponga lo complejo en
lo simple. Con todo esto Descartes desarrolla una formulación del método que
consta de cuatro fases:
1. Evidencia: consiste en no admitir nada como
verdadero que no se conozca como evidente, esto es, sin posibilidad de duda. El
acto por el que la mente llega a la evidencia se llama intuición.
2. Análisis: consiste en dividir lo complejo
en sus partes simples, al objeto de percibirlas clara y distintamente (es
decir, en una intuición pura).
3. Síntesis: consiste en una reconstrucción
deductiva del saber a partir de los elementos simples conocidos por intuición.
4.
Enumeración: dado que la deducción no se lleva a cabo de un golpe, se va
colocando un paso, y el siguiente, confiando a la memoria el proceso.
El método: la duda metódica
Una vez
descritos los pasos del método que están implícitos en el desarrollo de las
matemáticas, Descartes los va a aplicar a la metafísica para encontrar una
primera evidencia que, a modo de axioma, sirva para fundamentar todo el sistema
filosófico.
En primer lugar tendremos que encontrar una
evidencia. Pero dado que la metafísica no trata de una parcela determinada del
saber, como las matemáticas, sino del saber en general, del fundamento de todo
saber, habrá que buscar una evidencia que sirva no solamente para las
matemáticas, sino para cualquier tipo de saber. Esto es, se necesita partir de
un principio absoluto, de una evidencia absoluta. ¿Y qué es una certeza
absoluta? Pues aquélla de la que no se pueda dudar bajo ninguna circunstancia.
Para encontrarla Descartes va a seguir el siguiente proceso: dudará
metódicamente de todo hasta encontrar algo de lo que sea imposible dudar, y
que, por tal motivo, sea absolutamente cierto.
Y esto es lo.que va a hacer Descartes a través
de los pasos siguientes:
Duda de los sentidos: ya hemos dicho que para
los racionalistas los datos de los sentidos son confusos, ya que no son objeto
de una intuición intelectual, y admás se sabe que nos engañan.
Duda de la realidad: aunque los sentidos nos
den datos falsos acerca de las cosas podemos seguir considerando, pese a todo,
que éstas son reales, existen. Pero Descartes sostiene que también es fácil
dudar de la realidad de las cosas; a fin de cuentas todos hemos tenido alguna
vez sueños vividos tan intensamente que nos parecen algo real, y plantearnos si
toda podemos nuestra vida no será un prolongado sueño de gran intensidad.
Duda del entendimiento: ¿Y si, por alguna
extraña razón, el entendimiento nos engañase siempre? Esto es difícil de
admitir, pero ¿y si nuestro entendimiento, ese mismo entendimiento que hace de
las matemáticas una ciencia tan segura, estuviese constituido de tal manera que
nos engañase acerca de la validez extramental de sus conocimientos?
Para ilustrar mejor esta duda Descartes la
plantea de la siguiente manera: imaginemos, dice, un genio maligno muy
poderoso, que me obliga a engañarme aun en los casos en que creo estar
absolutamente cierto de algo.
Descartes ha llevado la duda a sus extremos. Ha
dudado de los datos que nos proporcionan los sentidos, de la realidad misma, y
hasta del propio entendimiento. No queda lugar alguno en que ejercer la duda.
La cuestión ahora es si hay la posibilidad de
encontrar algo que, pese a todo, sea indudable; alguna certeza que resista todo
el procedo de la duda. Pues bien, a lo largo de todo este proceso sí que hay algo
que permanece indudable, a saber, que dudo. Puedo dudar de cualquier cosa, pero
precisamente por ello me será imposible dudar de que dudo. Más aún, puedo,
incluso, dudar de que dudo, pero con ello sigo dudando. La duda ha encontrado
un límite. No se puede ir más allá. Que dudo es una evidencia absoluta.
Puesto
que dudar es una forma de pensar, tenemos la certeza absoluta de que pensamos,
y por lo tanto, de que, aunque sea como meros entes pensantes, existimos. Esto
lo expresa Descartes con el enunciado: "Pienso, luego existo”(en latín
"Cogito ergo sum”). La certeza absoluta de que existo como ser pensante se
convierte, pues, en el fundamento absoluto del saber, el primer principio del
conocimiento que andábamos buscando.
Con esto hemos cumplido el primer paso del
método que Descartes aplica ahora a la metafísica. Tenemos una primera evidencia,
un primer principio del que partir. Pero si la metafísica se limitase a esto
sería un saber realmente pobre. A partir de la certeza de mi existencia como
ser pensante, como conciencia, Descartes demostrará, deductivamente, la
existencia de otras cosas.
El desarrollo deductivo del sistema: las tres
sustancias
Fundamentada la existencia del pensamiento
(atributo de la conciencia, Yo, o alma), el problema que se le plantea es cómo
salirse de él hacia el mundo, esto es, cómo se puede justificar demostrativa o
intuitivamente la existencia de algo aparte del Yo.
Descartes lo hará analizando el propio
pensamiento para ver si hay algo en él, que me permita salir de él hacia el
mundo. Como el pensamiento consiste en una actividad en la que manejamos ideas
indagará qué tipos ideas hay en mi mente. Halla tres tipos:
1. Adventicias: son aquéllas que parecen
provenir de la experiencia externa. Y decimos parecen porque la existencia de
tal exterioridad es lo que se trata de fundamentar. No nos sirven por tanto para
seguir si no queremos caer en un círculo vicioso.
2. Facticias (de factum = hecho): son ideas
construidas en la mente a partir de las anteriores (ejemplo: la idea de
"centauro”, que es una construcción a partir de las de "hombre' y
"caballo"). Lógicamente tampoco nos sirven.
3. Innatas: son ideas que, no formándose a
partir de la experiencia, ni por composición a partir de las de la experiencia,
no pueden ser más que innatas lo cual quiere decir que son ideas que posee la
razón por sí misma, que desarrolla la razón por sí misma. Son ideas tales como
las de eternidad, infinitud.
Teología
Descartes
va a intentar desarrollar el resto del sistema a partir de la idea innata de
infinitud. Para ello va a sostener implícitamente, una serie de consideraciones
provenientes de la teología medieval. Tales son: considerar que el mal sólo se
puede definir como algo negativo, como la ausencia de algo (pues de lo
contrario habría que concluir que Dios es el autor del mal y del pecado -
Agustín de Hipona-). De donde se desprende que allí donde no hay falta de nada
(en lo infinito) no puede haber mal y por lo tanto se da la perfección. Infinitud
y perfección son, pues, términos idénticos; por lo que si tenemos la idea
innata de infinitud, tendremos también la de perfección.
Ahora bien, la idea de Dios es la idea de un
ser infinito, o lo que es lo mismo, un ser perfecto. El problema es cómo
demostrar que tal Dios (del que, de momento, sólo tenemos una idea en la
mente), además existe. Para ello echa mano del llamado argumento ontológico de
Anselmo de Canterbury (El argumento de Anselmo podría
reformularse en las siguientes proposiciones: 1.Dios es, por definición, el
mayor ser que puede imaginarse. 2. Hay más grandeza en la existencia tanto en
la realidad como en el entendimiento, que en la existencia únicamente en el
entendimiento de uno mismo. Ergo: 3.Dios debe existir en la realidad, pues si
no existiera, no podría ser un ser mayor que nada mayor que pudiera imaginarse.)
Además
del argumento ontológico Descartes emplea aún otros dos argumentos
(desarrollados por él y peor fundamentados) para demostrar la existencia de
Dios que exponemos brevemente:
1. Parte, de la idea de un ser perfecto que se
halla en nuestra mente. Sobre esta idea aplica una serie de presupuestos de
origen escolástico tales como: que todo lo que existe tiene que tener una causa
eficiente de su existencia y que la causa de algo no puede ser inferior a lo causado.
Puesto que yo que tengo tal idea no tengo en mí las perfecciones que encuentro
en esta idea tiene que haber una realidad actual que sea causa de ella. Ésta es
Dios.
2. Parte, una vez más, de la idea de un ser
perfecto. Pero yo que tengo esa idea no tengo en mí las perfecciones que
encuentro en ella. Si yo fuese la causa de mí mismo me hubiera dado esas
perfecciones que encuentro en la idea (porque la voluntad siempre es movida por
el bien claramente conocido). Por lo tanto tiene que haber un ser que me ha
producido, que tiene en sí esas perfecciones. Además de producirme, ese ser es
el que me conserva.
Estos tres argumentos, el ontológico de
Anselmo y los dos desarrollados por el propio Descartes, nos demuestran la
existencia de un ser perfecto (Dios). Ahora podemos dar un tercer paso para
justificar la existencia del mundo;
Si Dios existe es incompatible con la
existencia del genio maligno anteriormente postulado; lo que en términos
filosóficos quiere decir, que la existencia de Dios me garantiza la validez de
las leyes del entendimiento para el mundo. Esto es, el entendimiento no puede
engañarme. Cuando uso correctamente el entendimiento puedo estar seguro de aquello
que conozco como cierto. Pero aquello acerca de lo cual tengo certeza (una vez
descartado el genio maligno, es decir, la hipótesis de que el entendimiento
pueda engañarme) es lo matemáticamente formulable: lo cuantificable, la pura
extensión. Del mundo externo sólo puedo tener en consideración, pues, lo
cuantificable; y lo cuantificable es únicamente la extensión. Las cualidades,
al no ser cuantificables, quedan descartadas. Mundo y extensión son, para
Descartes, lo mismo. Nos encontramos, entonces, con tres ámbitos de la realidad
distintos, a los que Descartes llama sustancias: sustancia pensante (al alma o
yo), sustancia infinita (Dios) y sustancia extensa (mundo).
Antropología
Alma y
cuerpo son dos sustancias separadas. Hasta tal punto es así que según Descartes
la muerte no se produce porque se separe el alma del cuerpo, sino que, como
cualquier máquina, el cuerpo deja de funcionar.
El conocimiento sensible se produce cuando las
cosas impresionan los órganos de los sentidos. Esta impresión debe entenderse
como si los cuerpos emitieran determinados tipos de figuras (colores, olores,
etc.), las cuales se grabarían en los sentidos externos produciendo en ellos ciertas
modificaciones. Las modificaciones en los sentidos externos provocarían, a su
vez, modificaciones en una parte del cuerpo llamada sentido común. El sentido
común transmite, a su vez, las modificaciones de su estado a otra parte llamada
imaginación. En la imaginación las figuras pueden quedar retenidas durante un
tiempo, y en esto consiste la memoria.
Este
proceso, que es un proceso puramente corporal, es común a hombres y animales,
por lo que los cuerpos de los seres vivos no son sino máquinas. Lo que
diferencia al hombre es la posesión de un alma, yo o conciencia, que no es
cuerpo.
No
obstante, Descartes supone que en el hombre se produce una interacción entre el
alma y el cuerpo: el alma y el cuerpo se unirían en la glándula pineal (que
está en la base del cerebro).
En todo
caso veamos los efectos que puede tener esta interacción:
EI pensamiento se da de dos modos: como
entendimiento, o como voluntad.
1. Cuando el entendimiento es pasivo, y es
determinado por la imaginación y el sentido común entonces sentimos. Aquí
residen, para Descartes, muchos de los males que aquejan al hombre. La
imaginación es impulsada por deseos que no puede realizar, etc. Por eso el
hombre debe intentar un conocimiento claro de todas sus ideas.
2. Cuando el entendimiento es activo, y determina
a la imaginación, imaginamos (por ejemplo cuando traza figuras y movimientos).
La voluntad es libre y puede pronunciarse
sobre cualquier cosa, por lo que tiene un campo de acción mayor que el
entendimiento, es más, tiene un campo de acción infinito. Y es por esto que
Descartes llega a decir que es por la voluntad por la que nos asemejamos a
Dios.
Descartes, pues, divide en dos la realidad: lo
que no es materia es espíritu, y lo que es espíritu no es materia y no hay
puentes entre ambos. Las cosas extensas no piensan, son sólo extensión y
movimiento, es decir, realidades que funcionan por leyes mecánicas, empujándose
unas a otras. Y las cosas pensantes no son extensas, no son cuerpos materiales:
es evidente que una idea no ocupa lugar en el espacio. De modo que un animal,
que no tiene espíritu, no es distinto de un reloj: es una máquina, sólo que más
complicada, en la cual los átomos hacen las veces de las ruedecillas del reloj.
Y lo mismo sucede con nuestro cuerpo, una mera máquina. ¿Cómo explicar entonces
al ser humano, que tiene un cuerpo pero también un alma espiritual? Descartes
se ve forzado a buscar una solución echando mano de sus estudios de biología:
supone que la glándula pineal (hoy la hipófisis) hace las veces de
intermediaria entre el cuerpo y el espíritu. Como se ve, un dualismo mucho más
extremo que el de Platón. Con esta distinción, Descartes trata de salvar la
autonomía y espiritualidad del alma, independizándola de una materia que la
ciencia del momento consideraba como regida por leyes puramente mecánicas. Pero
al hacerlo paga un alto precio: la realidad, y el ser humano con ella,
queda partida en dos y el racionalismo de sus sucesores no logrará salvar esta
brecha.
La “ética” cartesiana
No hay ningún tratado específico de ética
escrito por Descartes. Pese a ello podemos hablar de una ética cartesiana a
partir de: (1) En algunos de sus escritos Descartes habla de una moral
provisional, que él adoptaría de cara a sus actuaciones mientras se mantiene en
la duda. (2) por otro lado, el dualismo cartesiano entre alma y cuerpo le
permite, sin contradicción por su parte, defender un determinismo absoluto en
el mundo corporal, y la libertad del alma.
. La
moral provisional: Descartes denomina "moral provisional" a una serie
de reglas de conducta básicas que adopta en tanto mantiene su duda metódica.
Estas reglas son: (1) Obedecer a las leyes y costumbres del país, conservando
la religión tradicional y ateniéndose a las opiniones más moderadas. (2) Ser lo
más firme y resuelto posible en el obrar, y seguir con constancia la opinión
que se ha adoptado -aún la más dudosa-. (3) procurar vencerse más bien a sí
mismo que a la fortuna y esforzarse más bien por cambiar los pensamientos
propios que el orden del mundo.
Resumiendo:
Descartes parte de la noción de verdad como
certeza. Hay certeza cuando el entendimiento se halla ante unos contenidos
claros y distintos.
Hay una ciencia que cumple como ninguna otra
con el criterio de verdad: las matemáticas. Tras observar esto, Descartes
analiza la razón de este privilegio de las matemáticas, lo que le lleva a
descubrir un método que estaría a la base de todas las ciencias: la mathesis
universalis, la ciencia general del orden y la medida, de la que las
matemáticas corrientes serían una parte. Este método consta de cuatro fases: (1)
evidencia (dada en una intuición). (2) Análisis. (3) Síntesis deductiva. (4)
Enumeración.
Una vez descubierto este método lo aplica a la
metafísica, en un intento de descubrir unos primeros principios absolutos del
conocimiento. A través de un proceso que llama duda metódica alcanza este principio
absoluto que buscaba, esa “evidencia" absoluta, y que formula mediante el juicio
"Pienso, luego existo".
La existencia de Dios (como ser perfecto)
garantiza que el entendimiento no nos engaña cuando cumplimos con los
requisitos precisos, es decir, cuando trabaja con ideas claras y distintas. Las
ideas claras y distintas se dan, sobre todo, en el tratamiento de la cantidad.
De ahí que podamos garantizar la validez de nuestras ideas para el mundo cuando
a éste lo reducimos a extensión. Con esto obligamos a que la física, como ya
había hecho Galileo, se exprese con lenguaje matemático (el apropiado para
tratar la cantidad, la extensión). Descartes define la sustancia como lo que
existe por sí y postula que hay tres sustancias: el Alma, Dios y el Mundo.
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