HUME
David Hume (1711-1776). El ensayo sobre el entendimiento humano ha sido durante muchos años la obra más conocida y comentada de Hume se debe casi enteramente a que Hume ha sido visto con frecuencia "desde Kant", como el autor que despertó a Kant de su "sueño dogmático". Así, Hume ha sido considerado con frecuencia como un "crítico del conocimiento" y sobre todo como un "crítico de las nociones de sustancia y de causa". Desde este punto de vista, Hume ha sido visto al mismo tiempo como sucesor de Berkeley y de Locke y como el autor que llevó a culminación el llamado "empirismo inglés". Por otro lado, se ha puesto de relieve, especialmente durante las dos últimas décadas, que tanto o más importante que el puesto que Hume ocupa en la teoría del conocimiento entre Locke y Berkeley por un lado y Kant por el otro, es el lugar que ocupa como "filósofo moral". Desde este último punto de vista, Hume es presentado menos como un sucesor de Berkeley y un precursor de Kant que como un discípulo de Hutcheson. En este respecto Hume fue influido no sólo por el mencionado autor, sino también por Malebrance, Pierre Bayle y, en último término, por Carneades. Esta segunda imagen de Hume es la imagen de un "filósofo moral escéptico". Se ha indicado también que Hume ocupa sobre todo un lugar dentro de la historia del escepticismo en general y en particular dentro de la historia del escepticismo moderno.
David Hume (1711-1776). El ensayo sobre el entendimiento humano ha sido durante muchos años la obra más conocida y comentada de Hume se debe casi enteramente a que Hume ha sido visto con frecuencia "desde Kant", como el autor que despertó a Kant de su "sueño dogmático". Así, Hume ha sido considerado con frecuencia como un "crítico del conocimiento" y sobre todo como un "crítico de las nociones de sustancia y de causa". Desde este punto de vista, Hume ha sido visto al mismo tiempo como sucesor de Berkeley y de Locke y como el autor que llevó a culminación el llamado "empirismo inglés". Por otro lado, se ha puesto de relieve, especialmente durante las dos últimas décadas, que tanto o más importante que el puesto que Hume ocupa en la teoría del conocimiento entre Locke y Berkeley por un lado y Kant por el otro, es el lugar que ocupa como "filósofo moral". Desde este último punto de vista, Hume es presentado menos como un sucesor de Berkeley y un precursor de Kant que como un discípulo de Hutcheson. En este respecto Hume fue influido no sólo por el mencionado autor, sino también por Malebrance, Pierre Bayle y, en último término, por Carneades. Esta segunda imagen de Hume es la imagen de un "filósofo moral escéptico". Se ha indicado también que Hume ocupa sobre todo un lugar dentro de la historia del escepticismo en general y en particular dentro de la historia del escepticismo moderno.
Teoría del conocimiento
Hume estima que todas las
ciencias tienen una relación, mayor o menor, con la naturaleza humana. Hay que
investigar, pues, "la naturaleza del entendimiento humano" para
averiguar sus poderes y sus capacidades; hay que cultivar "la verdadera
metafísica", único modo de destruir la metafísica "falsa y
adulterada". Tal ciencia debe basarse en la experiencia y en la
observación y no en especulaciones gratuitas y quiméricas.
Fundamental en el estudio propuesto por Hume es la investigación del
"origen de nuestras ideas". Los resultados de la investigación de
Hume a este respecto pueden resumirse en las siguientes proposiciones. En
primer lugar, todo lo que el espíritu contiene son percepciones. Éstas pueden
ser impresiones o ideas. La diferencia entre ellas consiste en el grado de
fuerza y vivacidad: las impresiones son las percepciones que poseen mayor
fuerza y violencia. Ejemplos de impresiones son las sensaciones, las pasiones y
las emociones. Las ideas son solamente copias o imágenes desvaídas de las
impresiones tal como las posee el espíritu en los procesos del pensamiento y
del razonamiento. Por otro lado, las percepciones pueden ser simples o
complejas; por tanto, hay impresiones simples y complejas e ideas simples y
complejas. Las percepciones simples, tanto impresiones como ideas, son las que
no admiten distinción ni separación. Así, la percepción de una superficie
coloreada es una impresión simple, y la idea o imagen de la misma superficie es
una idea simple. Las percepciones compuestas, tanto impresiones como ideas, son
aquellas en las cuales pueden distinguirse partes. Así, la visión de París
desde Montmartre es una impresión compleja, y la idea o imagen de tal impresión
es una idea compleja.
La distinción
entre impresiones e ideas simples y complejas permite a Hume resolver una
cuestión fundamental. Una teoría del conocimiento empirista tiende a derivar
todas las ideas de las impresiones originarias. Y, en último término, esto es
lo que Hume se propone hacer. Pero no sin reconocer una importante restricción.
En efecto, aunque hay, en general, una gran semejanza entre las impresiones
complejas y las ideas complejas, no puede decirse que las segundas sean siempre
copias exactas de las primeras. Las ideas complejas pueden ser copia de
impresiones complejas, pero también pueden ser combinaciones de ideas simples
hechas por nuestra memoria e imaginación. En cambio, cuando se trata de
impresiones e ideas simples, la semejanza puede ser afirmada. Así, en el nivel
de las impresiones e ideas simples se restablece la tesis fundamental
empirista: no hay ninguna idea simple que no tenga una impresión
correspondiente, y no hay ninguna impresión simple que no tenga una idea
correspondiente.
Las impresiones pueden dividirse en
impresiones de sensación e impresiones de reflexión. Las primeras surgen en el
alma originariamente, de causas desconocidas. Las segundas se derivan en gran
parte de nuestras ideas de acuerdo con el orden siguiente:
Impresión (por ejemplo, al
conducir por una carretera vemos un gato despanzurrado) de la que surge una
idea o copia de esta impresión en el espíritu (la idea de gato despanzurrado), permanencia
de ella después de terminar la impresión. El retorno de esta idea al alma
produce nuevas impresiones (asco al recordarlo) - impresión de reflexión - de
la que surge una idea o copia de esta impresión de reflexión por la memoria y
la imaginación (recuerdo del asco que me dio recordarlo), puede después, por
esta idea, producirse de nuevas impresiones e ideas. Así, hay impresiones de
sensación, ideas, e impresiones de reflexión.
Repasemos el
proceso: (1) surgen, de causa externa y
desconocida, las impresiones de sensación. (2) Cuando las impresiones de sensación desaparecen dejan huellas en la
mente que reaparecen (menos vivaces y debido
a la memoria o a la imaginación) en forma de ideas. (La diferencia
entre memoria e imaginación reside en
que en la memoria las ideas aparecen más
vivas y en el orden y posición en que se dieron las impresiones
correspondientes; mientras que en la
imaginación las ideas aparecen más débiles y ordenadas al azar, aunque
usualmente se establece un orden entre ellas en
virtud de las tres leyes que rigen la combinación de ideas: Ley de
semejanza, ley de contigüidad en el espacio y en el tiempo y ley de causalidad)
Las ideas son el origen a su vez de las
impresiones de reflexión, de las cuales pueden surgir nuevas ideas.
Hume, por
tanto, concibe las ideas como copias de las impresiones sensibles, y por lo
tanto siempre siguen a estas, es decir, no podrá
existir una idea que antes no haya pasado por los sentidos (esto ya lo
planteaba Aristóteles), rechazando tajantemente la posibilidad de
cualquier “idea innata” (contra el racionalismo).
Hemos visto que se pueden producir ideas
complejas, no sólo copiando impresiones complejas, sino también agrupando ideas simples. Agrupación que se
produce siguiendo tres leyes de asociación:
1. Ley de semejanza: nos hace agrupar ideas en
virtud de un parecido o identidad.
2. Ley de contigüidad en el espacio y en el
tiempo: tendemos a establecer una relación entre las ideas en base a su proximidad temporal o espacial.
3. Ley de causalidad
(relación causa-efecto): en toda relación causa-efecto lo que en realidad vemos
siempre es que a un hecho sigue otro hecho. Cuando a lo largo del tiempo vemos
que siempre que aparece una impresión le sigue otra en el tiempo, llegamos a la
conclusión de la que la primera es la “causa” de la segunda. Pero Hume afirma
que lo único que observamos cuando, por ejemplo, vemos dos bolas de billar, es
que la que llamamos “causa” está en movimiento antes de que se mueva la que
llamamos “efecto”; que ambas están juntas antes de éste se produzca. Y nada
más, no vemos que la primera empuje a la segunda. Aunque no haya un fundamento
real para la relación causal sí que lo hay en nuestra mente. Es una ley de
nuestra mente establecer relaciones de causa efecto, y creer en su necesidad.
“He aquí una bola de billar
inmóvil sobre una mesa y otra bola que se mueve hacia ella con rapidez. Las dos
chocan y la bola que en un principio estaba en reposo ahora adquiere movimiento
(...) Es evidente que las dos bolas entrarán
en contacto antes de que les sea comunicado el movimiento y que no hay intervalo alguno entre el choque y el
movimiento. La contigüidad en el tiempo y el espacio es, por
tanto, una circunstancia indispensable para la atracción de todas las causas.
Es evidente, asimismo, que el movimiento que fue la causa es anterior al
movimiento que fue el efecto. La prioridad en el tiempo es, por tanto,
otra circunstancia indispensable en cada causa. Pero esto no es todo.
Intentemos con otras bolas de la misma clase una situación similar y siempre
hallaremos que el impulso de la una produce el movimiento de la otra. Aquí hay
por tanto una tercera circunstancia, a saber, la conjunción constante
entre la causa y el efecto. Cada objeto similar a la causa produce siempre
algún objeto similar al efecto. Fuera de estas tres circunstancias,
contigüidad, prioridad y conjunción constante, nada más puedo descubrir en esta
causa.”
(“Resumen del Tratado de la Naturaleza Humana ”)
Otra distinción fundamental: es
la que Hume establece entre lo que llamaremos "hechos" (cuestiones de hecho) y
"relaciones" (relaciones de
ideas), los únicos tipos de conocimiento que aceptará como válidos. La
distinción permite eliminar las entidades ficticias producidas por la
"metafísica adulterada", la cual cree poder demostrar la existencia
de una entidad cuando es capaz de dar razón de esta entidad sin atenerse a la
experiencia.
Unas de estas relaciones lo son entre hechos
(cuestiones de hecho). Decir: "El hidrógeno es menos pesado que el
aire" o "El oro es amarillo", es establecer relaciones entre
hechos. Las proposiciones sobre hechos son contingentes, no hay ninguna
necesidad de que los hechos sean tales como de hecho son, ni ninguna necesidad
de que se relacionen tal como de hecho se relacionan.
Otras relaciones lo son entre lo
que hemos llamado "relaciones" (las "relaciones de ideas").
Decir: "La suma de 4 y 4 es igual a 8" o "La suma de los tres
ángulos de un triángulo (en un espacio euclídeo plano) es igual a dos ángulos
rectos" es establecer relaciones entre relaciones.
Las proposiciones sobre
relaciones son necesarias, su verdad deriva de que lo contrario de una de tales
proposiciones constituye una contradicción.
Las proposiciones sobre hechos
dicen algo, pero sólo son probables. Las proposiciones sobre relaciones son
absolutamente ciertas, pero no dicen nada — es decir, nada acerca de lo que
"hay". No puede pasarse, pues, de unas proposiciones a las otras, ya
que son completamente heterogéneas entre sí. Las proposiciones verdaderas sobre
hechos están fundadas en la experiencia; las proposiciones verdaderas sobre
relaciones están fundadas en la no contradicción. No hay otras proposiciones
posibles; por tanto, todos los libros que contengan enunciados que no sean
"razonamiento demostrativo" (como el de la lógica o la matemática) o
"razonamiento probable" (como el de la experiencia) deben
"arrojarse a las llamas". Así, Hume "arroja a las llamas"
los libros que, como los de teología o metafísica, no contienen más que "falsas
proposiciones" en el sentido de ser proposiciones que parecen serlo sin
serlo en verdad. Hume aplica estas nociones a una detallada crítica de toda
clase de "ideas" para ver en qué medida tales "ideas" están
o no fundadas en la experiencia o constituyen "relaciones de ideas".
Hume niega
validez al método deductivo en sus variantes escolástica y cartesiana. La crítica a la deducción
escolástica es la misma que ya había
formulado Descartes. Pero Hume extiende su crítica al método deductivo
de Descartes y los racionalistas; éstos
parten de ideas simples dadas en la intuición
para constituir ideas complejas por un proceso de síntesis; pero
para ello necesitan recurrir en un
primer momento a ideas innatas, que Hume, como
vimos, rechaza.
También rechaza el método inductivo que consiste
en pasar de un número limitado de observaciones a proposiciones
universales. Hume, también rechaza la
validez de este método (el inductivo), pues, según él, no hay nada que nos permita pasar de
“n" número de experiencias -por
muchas que sean- a una ley general universalmente válida y necesaria,
pues aunque una ley se confirme en “n”
número de experiencias, nunca podremos
estar seguros de que se confirmará ala "n + 1". Pero, aunque
el método no tenga un valor real, este
tipo de proceder (que espera que aquellas
experiencias confirmadas en el pasado sigan confirmándose en el
futuro), tiene un cierto fundamento
psicológico: el hábito, la costumbre.
En esta crítica ataca tres
aspectos básicos: la idea de existencia; la idea de relación causal y la idea
de sustancia.
En cuanto a la idea de existencia
nos limitaremos a señalar que, según Hume, no hay nada que pueda llamarse
"existencia" independientemente de la idea de lo que concebimos ser
existente. La idea de existencia no agrega nada a la idea de un objeto:
'objeto' y 'objeto existente' son expresiones sinónimas. Por otro lado, para
admitir la idea de un objeto hay que referirse a la impresión que le ha dado
origen. Agreguemos, o reiteremos, que como las proposiciones sobre relaciones
causales son proposiciones sobre hechos, no son necesariamente verdaderas. La
experiencia nos muestra que a un cierto hecho (o acontecimiento) sucede
regularmente otro cierto hecho (o acontecimiento); el primer hecho es llamado
"causa" y el segundo "efecto". Pero la experiencia no puede
mostrarnos que hay necesidad en la conexión causal, pues esta no es una
conexión de las del tipo de las "relaciones de ideas" (como las
conexiones lógicas o matemáticas). En otros términos, el efecto no está
contenido necesariamente en la causa, como afirman los
"racionalistas". Las conexiones causales son inferencias probables,
fundadas en las asociaciones de ideas tal como han tenido lugar en el pasado,
lo que nos permite predecir —con "certidumbre moral"— el futuro.
Inferimos que la llama es efecto del fuego cuando asociamos mediante semejanza
la impresión de la llama con ideas de llamas que hemos visto en el pasado y que
hemos relacionado mediante contigüidad con la idea del fuego. La conexión
causal es, pues, una inferencia fundada en la repetición; ésta engendra la
"costumbre", la cual produce la "creencia". La ciencia de
las cosas naturales se basa, así, en una serie de creencias; la certidumbre es
resultado de la repetición de la experiencia y, por consiguiente, el
conocimiento de la
Naturaleza —y, en general, de todos los hechos— es asunto de
probabilidad. Ello no significa que Hume niegue la constancia de las leyes
naturales. En rigor, Hume se opone a los "milagros". Pero la
constancia mencionada no es asunto de necesidad lógica o racional, sino
resultado de observación.
Sobre la sustancia, puede decirse
algo similar a lo dicho sobre la existencia; la idea de sustancia no se deriva
de ninguna impresión de sensación o de reflexión: es "una colección de
ideas simples unidas por la imaginación". En otros términos, no hay ninguna
realidad que se llame "sustancia". 'Sustancia' es sólo un nombre que
se refiere a una colección o haz de cualidades. No hay, pues, las
cualidades de una cosa más su sustancia. Ahora bien, todo eso puede
aplicarse a la noción de "yo" y a la de "identidad
personal". Cuando entro en lo que se llama "yo", proclama Hume,
"topo siempre con alguna percepción particular u otra". Ello no
significa que no pueda hablarse de "yo" y de "yo mismo"; sólo
ocurre que no hay un yo sustancial, sino, una vez más, una serie de
percepciones unidas asociativamente. Lo mismo puede decirse de la llamada
"simplicidad". Puede verse, pues, que en cada caso la noción de
asociación y las diversas formas de asociación son fundamentales para Hume con
el fin de resolver los problemas planteados por su "crítica del
conocimiento".
De su teoría del
conocimiento se desprende que las principales ideas de la metafísica son puras
ficciones de la mente, pero no se relacionan con nada que la ciencia pueda dar
por existente: la idea de Dios no se desprende de ninguna
impresión o conjunto de ellas, de modo que no es posible demostrar
racionalmente su existencia (esta es una cuestión puramente de fe); a la idea
de alma o yo le ocurre lo mismo, no deriva de impresión alguna,
es simplemente una ficción que la mente realiza para unificar en algo todos los
procesos psicológicos; como así le ocurre a la idea de causalidad:
el hecho de que dos acontecimientos se sucedan en el tiempo muchas veces no nos
permite afirmar que siempre será así y, por tanto, que exista en la naturaleza
la causalidad como una ley universal y necesaria.
Ética
Hume considera que la percepción moral no es
cosa del entendimiento, sino de "los gustos" o
"sentimientos". Éstos no son gustos y sentimientos de unos supuestos
principios absolutamente evidentes; los gustos y sentimientos lo son de cada
cosa particular. Además, lo son en tanto constituyen juicios del individuo al
aprobar o reprobar una acción, un sentimiento, etc. No se puede demostrar que
algo es bueno o malo mediante argumento racional; por tanto, no se puede
convencer a nadie de que algo es bueno o malo mediante tal tipo de argumento.
La razón no es la maestra de las pasiones; si hay alguna relación entre ellas
lo es en el sentido de que la razón es "esclava de las pasiones".
Estas pasiones pueden ser directas (o derivadas inmediatamente de la
experiencia, como el placer, el dolor, la aversión, el miedo, la esperanza,
etc.) o indirectas (o derivadas de una relación doble de impresiones a ideas,
como el amor y el odio). En todos los casos los juicios de aprobación o
reprobación de las pasiones son juicios de hechos y, por tanto, no son
"necesarios". Ahora bien, hay dos tipos fundamentales de experiencia
—el placer y el "displacer" (disgusto)— que regulan la vida de las
pasiones en el sentido de condicionar empíricamente la aprobación o
reprobación. La teoría moral de Hume es una teoría hedonista o cuando menos se
halla fuertemente influida por el hedonismo. Así, la conjunción de ciertas
experiencias con el placer y la conjunción de otras experiencias con el
"displacer" hace esperar una realidad similar a la que se observa en
la relación causal antes tratada. La acción voluntaria y la conducta se siguen
no de la obediencia a un principio o de un razonamiento, sino de la expectación
de la aparición de un sentimiento de placer o de la desaparición o eliminación
de un sentimiento de "displacer". Ello no significa, sin embargo, que
la doctrina moral de Hume sea radicalmente "subjetiva". Junto a la
experiencia "pasional" subjetiva hay la experiencia
"pasional" intersubjetiva. En este punto Hume se muestra grandemente
influido por las ideas de Hutcheson sobre la simpatía. Además, se halla
influido por la idea de que hay una "naturaleza humana" que es igual
en todos los hombres y que hace posible no sólo ciertas regularidades en la
conducta moral, sino también la aceptación de la obligación, de la justicia y
de otras "normas" morales y sociales. Aunque la justicia y, en
general, todas las "obligaciones" son para Hume
"artificiales", hallan un fundamento sólido en el "egoísmo"
propio de cada individuo humano. Los hombres han descubierto y promovido
"virtudes artificiales" con el fin de alcanzar una seguridad sin la
cual les sería imposible convivir. La artificialidad de tales virtudes no es,
sin embargo, equivalente a una mera convicción arbitraria: de alguna manera lo
artificial se halla fundado en lo
"natural".
Teología
La fuerte tendencia de Hume a la
"observación de los hechos" se manifiesta asimismo en sus doctrinas
acerca de la religión. Las "verdades religiosas" —tales como la
sustancialidad e inmortalidad del alma, la existencia de Dios, etc.— no pueden
demostrarse mediante la razón. Tampoco puede mostrarse racionalmente que no hay
tales "verdades". Así, Hume rechaza tanto el espiritualismo como el
materialismo racionalista. Pero el rechazo de toda prueba a priori no
significa que Hume rechace toda prueba: hay pruebas a posteriori, como
la derivada de la observación del orden del mundo, que son por lo menos
convincentes, o persuasivas. Las "verdades religiosas" son también,
como todas las otras "verdades", asunto de probabilidad y
plausibilidad. De ahí que sea difícil concluir que Hume fue un teísta, un ateo
o un agnóstico; su actitud es a menudo agnóstica y, por así decirlo,
moderadamente teísta, pero en ningún caso dogmáticamente teísta o atea.
El principal y constante enemigo de Hume es el dogmatismo; toda certidumbre en
cualquier esfera —en la ciencia, en la moral o en la religión— es sólo
"certidumbre moral".
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